¡Cómo olvidar aquel error!

No puedo olvidar el error cometido por aquel colega al publicar un escrito, de tono subido, contra un hecho que, según él, lesionaba la Serie Nacional de Béisbol de ese año. Su crítica señalaba que un conjunto oriental no situaba a sus mejores lanzadores frente a los otros equipos de la misma región, y los reservaba, sobre todo, para
los habaneros. También creía, y lo manifestaba, que había dado un palo periodístico y en su censura mostraba la rebeldía que muy pocos tenían en el sector.

El chasco lo saludó. Amarrado a una sola fuente, un estadístico de números equivocados al menos, y con el parecer de algunos fanáticos, se lanzó a comentar, sin penetrar en la realidad ni buscar otras pruebas y otros pensamientos, se alejó de lo real, creó una tormenta, dañó la unidad, mientras sacaba de la cueva- hay quien las tiene a
flor de piel- reacciones negativas que andan siempre bullendo dentro de uno para tratar de salir. Si se alimenta, y más por un medio de comunicación, imagínese.

En el mismo nivel de la falla estaba su creencia de ser un mesías en el ámbito, y exhibía sus líneas como un pavorreal, olvidando la prédica de Martí sobre el asunto cuando advirtió que el intelectual, el escritor, no debe obrar para mostrar su talento y lucirse, tejiendo su quehacer para brillar: su papel es el de conducir, forjar, salvar,
hacernos mejores.Tampoco tuvo presentes las orientaciones de Fidel sobre el asunto: los intereses del pueblo, de la Revolución, que es ese pueblo edificándola, defendiéndola, están siempre por encima del interés de la publicación; y el afán por el palo periodístico no puede cegarnos ni ponerse por arriba de los intereses de la patria y la humanidad.

Mi amigo no lo tenía claro: aun para decirla verdad hay que tener mucho cuidado. Y como ha enseñado Raúl: para expresar nuestra opinión hay que hacerlo en el lugar, la forma y el momento adecuados. Agrego: hay que escuchar la de los demás sin pensar que la razón está plenamente de nuestra parte.

Las autoridades del territorio agredido injustamente actuaron como debe ser: se reunieron con el autor del comentario de marras y le demostraron con pruebas fehacientes la equivocación.Con el alma, la cabeza gacha, y la cara enrojecida,el muchacho pagaba la novatada. De haber existido internet, las redes sociales, hubiera sido peor si
usaba esta gran conquista humana que es indispensable saber utilizarmás allá de lo técnico: habría vitaminado la maldad enemiga, esas fauces abiertas para aprovechar desatinos como este canto desafinado.

El periodista supo sobreponerse a dicha irresponsabilidad, mucho más allá de pedir disculpas: no se quedó en golpes en el pecho y proclamarse pecador con voz llorosa: no solo dio a la luz un artículo en el que se autocriticaba y reflejaba la realidad. Desde entonces, y fue lo principal, robusteció su profesionalidad, mucho más allá de los
pasos de la entrevista, el reportaje, el artículo…

Comprendió que este cantar desde el pueblo- sin ser su único canto- para reflejar e interpretar sus emociones y anhelos, sus necesidades y entregas, sus veleidades y proezas es tan complejo como hermosa profesión con el objetivo esencial de vigorizar a la ciudadanía, lejos de la subjetividad desmedida y el lamento extremo, pesimista que debe echar a un lado lado el propio ego y otras tonteras y obliga a ser riguroso sin atarse a una sola fuente ni soslayar la investigación hasta para escribir una nota. Dígame usted para un trabajo de reflexión.

¡Cuánto mi amigo y yo aprendimos de aquel suceso!

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