Por lo general, solemos olvidar los conocimientos que adquirimos en la enseñanza general y nos vamos quedando con aquellos que nos resultan útiles según el perfil profesional elegido. Eso es válido con todas las asignaturas; sin embargo, en el caso del Español, y en particular con la gramática, hay saberes que resultan indispensables para el uso correcto de nuestra lengua materna.

Desde los últimos grados de la primaria y durante toda la secundaria y el preuniversitario, nos enseñan a analizar sintácticamente oraciones, lo que equivale a decir que nos enseñan a determinar la función de las palabras en la oración. Por olvidar algunos de estos conceptos, se comete con frecuencia el error que se denomina leísmo, el cual consiste en utilizar los pronombres personales átonos —variantes pronominales—, que se emplean en función de complemento indirecto (le y les) para el complemento directo, donde debieran usarse la, las, lo o los. Este error puede darse indistintamente en referencia a persona o cosa.

De acuerdo con esa norma, resultan inadmisibles oraciones como las siguientes:

  • Le vieron en el desfile. Se ha utilizado el pronombre le por lo, ya que la persona aludida es “lo visto”, es decir, el complemento directo de la oración.
  • La maestra llevó a los niños de excursión al Zoológico y les paseó por todo el lugar. En este caso, “lo paseado” son los niños y el pronombre que sustituye a esa expresión realiza función de complemento directo, por tanto debió ser los y no les.
  • Necesitan ese libro y no le encuentran. En este caso, el pronombre personal se refiere a libro, que es “lo no encontrado” y realiza la función de complemento directo, por lo que debió usarse lo.

Como puede apreciarse, la dificultad primera en este uso de los pronombres personales está en relación directa con la determinación de la función que realiza: si es complemento directo, se usan la, lo, las y los; si es de complemento indirecto, se emplean le y les, como puede verse en el siguiente ejemplo:

  • Los investigadores destacados fueron reconocidos con un diploma, que les fue entregado en presencia de sus compañeros y familiares. En este caso, les ha sido usado correctamente y equivale “a ellos”, es decir al complemento indirecto, porque el directo sería “lo entregado”: los diplomas.

Claro que no es cuestión de regresar a la escuela; pero sí de activar algunos recursos válidos: para distinguir el complemento directo de una oración no hay mejor forma que anteponerle lo al participio del verbo en cuestión: lo visto, lo paseado, lo encontrado, lo entregado… Esa fórmula tiene como respuesta inequívoca el complemento directo; mientras que el indirecto responde a las preguntas ¿a quién? o ¿para quién?

Como puede apreciarse, esta norma gramatical ayuda al buen decir o escribir.

Comentario

  1. Muy bueno su artículo. Es necesario conocer gramática para expresarnos mejor. Es el caso del laismo y leismo, del uso de los verbos impersonales como haber y otras estructuras gramaticales tan importantes en nustra correcta expresión. Gracias por este artículo.

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