Fidel: pequeño homenaje desde el idioma

Ahora que físicamente no está entre nosotros y, no obstante, recordamos el cumpleaños de nuestro querido Fidel, me viene a la memoria el conocido poema “Marcha triunfal del Ejército Rebelde”, escrito por Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí. Algunos de sus versos dicen: ¡Fidel, fidelísimo retoño martiano,/ Asombro de América, titán de la hazaña […]!

Cuando hace muchos años los escuché por primera vez, me pregunté el porqué de ese rejuego con las palabras fidelísimo —grado superlativo del adjetivo fiel— y Fidel. Mucho después supe que, justamente, el nombre propio del líder histórico de la Revolución Cubana quiere decir “fiel”. Por otra parte, el segundo nombre de nuestro Comandante en Jefe, Alejandro, es palabra de origen griego, y significa “protector, defensor, salvador”.

Si seguimos la búsqueda etimológica hallaremos que en la lejana Galicia, donde tiene sus ancestros nuestro Fidel, los castros, del latín castrum, eran —o son, porque abundan sus restos arqueológicos— “poblados fortificados en la Iberia romana”, la “altura donde quedan vestigios de fortificaciones antiguas” o el “sitio donde estaba acampado y fortificado un ejército”. Y eso es, precisamente, lo que significa el apellido del líder histórico de la Revolución y eso es él para nosotros: nuestra fortaleza.

El asunto resulta una casualidad histórica o lingüística, porque nadie escoge su apelativo. Aunque hay culturas en las que cada persona adopta su nombre al llegar a la mayoría de edad y luego de haber demostrado lo que es y lo que lo distingue como ser humano; entre nosotros, herederos de la llamada civilización occidental por nuestros antecesores españoles, el nombre que lleva cada cual lo seleccionan los padres cuando esa nueva personita es apenas un recién nacido o antes, cuando aún se halla aún en el vientre materno.

Más casualidad aún —porque hay muchos Fidel, muchos Alejandro y muchos Castro, y no todos reúnen las cualidades a las que nos referimos, aunque lleven esos nombres— recuerdo a otro Castro, otra gran fortaleza para nuestro pueblo: me refiero a Reinaldo Castro, el extraordinario machetero que a golpes de mocha llegó a Héroe del Trabajo.

De modo que, como puede verse, hay nombres que tienen historia y recordar el significado de algunos nombres nos permite traer al presente cualidades que adornan a nuestro líder y rendirle desde el sentido etimológico de la lengua un merecido homenaje de recordación y compromiso.

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