Cuando el libro Dos siglos de periodismo en Cuba. Momentos, hechos y rostros vio la luz en 1999 me hice el propósito de trabajar en la ampliación de esa obra. Entonces escribí: «He procedido a hacer este libro que con todo rigor puedo decir que no es la historia del periodismo y de la prensa en Cuba, sino que son algunos trazos significativos de esa historia desde que aparecieron, a finales del siglo xviii, las primeras publicaciones hasta los días actuales, es decir, ya en el ocaso del siglo xx».

En los últimos diez años me di a la tarea de localizar toda información complementaria sobre el contenido de la primera edición. Cada nuevo dato lo clasifiqué y, casi simultáneamente, respetando en lo posible la estructura concebida originalmente, fui armando un nuevo muñeco con similar estilo de crónica.

Lo que ahora presento al lector es algo mucho más cercano a la historia del periodismo y la prensa en Cuba. Puede que hayan quedado fuera algunas publicaciones, algunos rostros, algunos momentos de esa historia, pero tengo el convencimiento de que lo más relevante, lo más trascendental, lo que mayor influjo ha ejercido en el desarrollo de la conciencia ética, patriótica y revolucionaria de nuestro pueblo, tiene presencia y el debido espacio en esta obra.

Siete fueron los capítulos de la primera edición, ahora son cuarenta. Como el especialista de un museo, nuestro trabajo, en esta ocasión, también se ha centrado en colocar, en el lugar más lógico y adecuado posible, la información recopilada de libros, folletos, documentos originales, periódicos, revistas, internet…

Eso, por supuesto, ha requerido un mayor número de páginas y, por ello, presentar la obra dividida en tres partes: la colonia, la neocolonia y la Revolución.

El libro mantiene su título Dos siglos de periodismo en Cuba. Si tomamos el año 1882 como la fecha del inicio de esta historia, que fue cuando se publicó Gazeta de la Havana, primer periódico del que existe prueba documental de su existencia, entonces debemos reconocer que en estas páginas el lector va a leer sobre lo acontecido en dos siglos y casi tres décadas más de ejercicio del periodismo en Cuba. Cuando se publicó su primera edición, en 1999, también habían transcurrido algunos años más de dos siglos.

En la edición anterior invitaba al lector a hacer un fugaz recorrido por los diferentes capítulos del libro como si ellos fueran salas de un museo, en las cuales, por lo general, está la historia, pero no toda la historia. Y les decía que en un museo un especialista se había encargado de seleccionar cuadros, fotos, manuscritos, libros, armas, vestimentas, en fin, piezas o testimonios diversos antes de colocarlos en vitrinas y paredes. Y ese mismo especialista había dado un orden más o menos cronológico a lo que tenía en sus manos, y además había utilizado un código de señales, de fácil comprensión para todos, indicando y orientando a los visitantes sobre cómo «navegar» frente a tantos y disímiles objetos.

Ahora, nuestro museo se ha ampliado en espacio e información.

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