Se es o no se es

Dalia Reyes Perera

“Se es o no se es desde los tiempos de Shakespeare”. La frase aún queda en mi memoria como una de las ideas expresadas por el Presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez en la clausura del Décimo Congreso de los periodistas cubanos, concepto que será -a no dudarlo- la brújula para nuestro cotidiano hacer.

Porque se es o no se es en estos tiempos duros, cuando crecen las necesidades, las limitaciones de todo tipo; se resquebrajan valores, y algunos pueden incluso, hasta creer, que no se ven luces al final del camino.

Los periodistas somos simples mortales, cubanos todos, que andamos por nuestras calles, tomamos un ómnibus, una moto, un carretón de caballos para transportarnos, hacemos una cola en un centro comercial, o vamos a la bodega a sacar los mandados, con nuestros bajos salarios, y con pocas condiciones para trabajar, también con problemas de viviendas, y con las mismas carencias e insatisfacciones de nuestro pueblo. Pero aun así, sabemos que estos son tiempos de definiciones, y desde los tiempos de Shakespeare, se es o no se es. Se está junto a la Patria o se le traiciona, y la palabra traición no aparece en nuestro Diccionario.

Los profesionales de los medios no tenemos una varita mágica para resolver lo que anda mal, pero somos voz de la nación y con esa vocación de servidores públicos; aquí estamos, con el látigo y el cascabel, advertía Martí, para “cantar todo lo bello”, pero también para andar con la fusta en la mano para arremeter contra todo lo que anda mal, “para fortalecer y aconsejar, para hacer estudio de la grandes necesidades del país, y fundar sus mejoras”, tal y como definía el Apóstol.

Comienza a implementarse la Política de Comunicación del Gobierno y el Estado Cubanos, donde los medios serán definitorios. “Tenemos política. Y ¿ahora, qué?”. Se preguntaba el Doctor Raúl Garcés, Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana, quien impartía una conferencia sobre el presente y el futuro de Cuba y lo que toca hacer a los medios en este propósito de fomentar la cultura de comunicación en nuestras relaciones.

Falta con urgencia, perfeccionar y clarificar las relaciones prensa-dirigentes, que es lo mismo que hacer una prensa más participativa, donde los dirigentes y administrativos expliquen sin medias tintas, sin secretos; donde se critique más, donde se den más argumentos, y se defiendan esas verdades que el pueblo necesita para ser más creíbles, incluso, para hacer más creíble no solo a la prensa, sino a este país y al proyecto social que erigimos.

Y para ello la gente tiene que hablar, tiene que proponer los temas que quiere ver reflejados en los medios, tiene que verse representada en esas historias que no siempre contamos y que hablan de las proezas de un pueblo que se crece en actitudes cotidianas y que a veces no aparecen en las páginas de un periódico, en la radio, la televisión, en los sitios digitales. En fin, una vez más que se parezca más a esta Cuba nuestra, perfectible, con sus sombras, pero también con sus luces.

Como momento especial de este Décimo Congreso de la Upec conservaré siempre el instante en que Díaz-Canel entregó el reconocimiento a la Emisora CMHW por sus 85 años y en breves palabras, al saludarme me dijo: “¡Qué orgullo siento de ustedes!”. En esas palabras y en las frases de cariño y respeto que dice cada villaclareño a nuestro paso, cualquier día, a cada minuto, ahí siento la satisfacción mayor, y ¿por qué no? la angustia por lo que no hemos hecho.

Hay que mirar con lupa el país, muchos colegas hablaron de una frase que me parece genial, hay que contribuir a “adecentar” la sociedad, defender nuestra idiosincrasia, nuestra cultura, los valores que nos han traído hasta aquí y que parecen perderse en estos tiempos modernos; hay que desterrar el mal gusto, las posiciones que nos separen, la anticultura, el escepticismo, la discriminación, la abulia y la indiferencia. Hay que salvaguardar lo más hermoso que tenemos, que es nuestra cubanía.

En medio de tantos conflictos, de tantos factores externos e internos que nos amenazan, de una Reforma Constitucional que traerá aparejadas otras leyes, en medio de tantas preguntas y tantos asuntos sin resolver, algo queda claro para quienes intentan comprarnos: ¡“ni los medios públicos cubanos ni sus periodistas están en venta!”.

Si queremos una nación mejor, y ahí está el reto mayor, la prensa tiene que estar en el vórtice de todos esos problemas en un país que cambia, donde hay desigualdades como se reconoció en el Congreso de los Periodistas, pero donde habrá que mirar con objetividad y optimismo el futuro de una Patria por la que tantos han muerto por más de 150 años.

Esa es y debe ser nuestra prensa, como pedía el eterno Presidente de la organización, Antonio Moltó Martorell, “para ponerle luz al país”, un contingente de personas irreverentes, pero honradas, éticas, iguales a nuestro pueblo, que sufren por los males y disfrutan lo que está bien y nuestros indiscutibles logros, y que llevan sobre sus espaldas, eso sí, los muchos deseos de construir una Cuba mejor.

(Tomado de CMHW)

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