Que la flor venza siempre al lodo

Como integrante de los jurados de diversos concursos nacionales periodísticos y literarios, he observado que en la inmensa mayoría de lo enviado prolifera una visión crítica enlazada a la realidad,  sobre todo en los más recientes diez años. De aplaudir: basta de triunfalismos baratos y aburridísimos intentos de amelcochar lo que está sucediendo. Edulcorar la existencia por los medios o el arte tiene de crimen. Lo expresado por la vía impresa, desde la pantalla, el micrófono y por internet no es excepción en 2018. Y vale.

He notado que faltan el reflejo de  y la reflexión sobre lo bien hecho- lo hay y de qué manera-, el canto afinado y creador para las personas cumplidoras de su deber y que van más allá a pesar de miserias incrementadas; las peores lesionan el alma. En ocasiones, de gravedad, y llegan a matar al ser humano: ¿viven acaso el hombre y la mujer con el espíritu destrozado, tan semejantes al animal, con preferencia por una fiera, un buitre, o una serpiente?

En esos muertos vivos caben quienes se atan al sí, sí, ¡si!; a la adulonería, al amiguismo, al nepotismo, al veneno de la envidia, al hipercriticismo, y también los “carpinteros y carpinteras” no como oficio honrado sino porque serruchan el piso de personas valiosas. Y están  aquellos y aquellas que todo lo miden por el dinero y con tal de marchar sabroso, se amarran al antiguo verso español: Ande yo caliente y ríase la gente, sin interesarles cómo consiguen ese calor– cuántas ilegalidades, cuánta maldad- sin importarles aplastar a cualquiera, aun a su propio corazón, con tal de llenar los bolsillos.

Noto a veces un regodeo, un regusto de lo malo y hasta el ir a buscarlo como tema, en lo que pesa de cierta manera la concepción de que este tipo de escrito tiene más oportunidad en los certámenes Añado: he reparado que en las llamadas historias de vida, tan imprescindibles, hay una más débil elaboración en general, con tendencia a lo tecoso, al panfleto a destiempo, que las debilitan ante los trabajos críticos. Ambos se complementan. Son intentos de atrapar  la realidad para tratar de mejorarla. En cuanto a la supernecesaria crítica, saltan en varias oportunidades  una inclinación a no dejar resquicio a la esperanza y el no mostrar, al menos, una ventana abierta a la solución que ni siquiera se esboza. Tengo ejemplos de sucesos y la manera de abordarlos.

Parto de  un caso personal, de menor trascendencia. Sufrí lesiones leves en un accidente automovilístico hace más de 20 años al volcarse el yipi donde iba, junto al chofer y mi esposa, en un tramo del pueblo matancero de Perico. Parquearon varios carros. Salieron de él varias compañeros y compañeros para socorrernos. Los transeúntes no quedaron atrás en el apoyo. En un auto quisieron llevarnos al hospital. Íbamos a montar en él rápidamente cuando alguien aconsejó: “Llévense  las maletas y todo lo que tengan de valor ahí o los ladrones se dan banquete. No hace mucho, en un choque, esas auras cargaron con las pertenencias de las víctimas…” Obedecimos.

Guerra del pueblo español contra el fascismo y por la República. ¡Cuánta heroicidad! Mas la izquierda cayó en gravísimos errores políticos y antihumanos. Dogmatismo, desunidad, chovinismo y asesinatos incluso hirieron las filas republicanas. Al escribir sobre dichos combates ¿cómo negar lo glorioso, su épica con tanto de lírica, los voluntarios internacionalistas en la fila primera? Sin embargo ocultar los yerros es injusto. Sería antihistórico, no aportaría experiencias indispensables para los revolucionarios, mentiríamos. No debemos sobredimensionarlos ni taparlos.  Hay que ofrecer las luces y las sombras, sin dar tanta sombra que acabe con la luz ni aferrarse a esta hasta encandilar. Resaltar las manchas es fatal;  tampoco debemos obviarlas por pequeñas que sean: podrían malograr la iluminación.

Mi amigo Nicolás Dorr nos enseñó, cuando me dirigía en el grupo teatral de Humanidades, Actor Ensayo: “Hay que dar la vida como es, aun sus lados amargos, pero siempre debemos mostrar que una flor puede vencer el lodo que la rodea. Y nosotros tenemos que fortalecer esa flor “.

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