Por Ángela Oramas Camero

Con la presente versión al tema El periodismo de mayor desarrollo doy continuación a una  parte del capítulo La neocolonia, correspondiente a la gran ampliación que Juan Marrero originara al libro Dos siglos del periodismo en Cuba, publicado en 1999 por la Editorial Pablo de la Torriente.

En varias ocasiones, infartado y antes del ingreso en el Cardiocentro, Marrero se sentaba ante la computadora y trataba de darle el punto final a la ampliación de su obra, “por si no regreso” me decía.  Y así sucedió, hasta ponerle el punto final al tercer capítulo que concluye, en el 2009, con el inicio de la era de internet. Este volumen se halla  en actual proceso de edición.

Él destacó que el periodismo de mayor desarrollo en Cuba comenzó en el amanecer del siglo XX, superior al existente en la anterior centuria, debido entre otros asuntos a la irrupción de nuevas tecnologías de impresión: linotipos más avanzados, rotativas más veloces, el sistema offset, el fotograbado hacen posibles en las dos primeras décadas del siglo cambios de formato, estrechamiento de las columnas, más páginas, ampliación del uso de la fotografía, las caricaturas y otras ilustraciones, mejor lectura de los textos, etcétera, tanto en periódicos como en revistas.

Además, la aparición y progresivo desarrollo de las comunicaciones telegráficas y telefónicas, y de los medios de navegación, marítimos y aéreos, determinan un cambio importante en la manera de hacer periodismo.

Así, la irrupción de las agencias cablegráficas en la prensa nacional produjo un vuelco notable. La primera agencia noticiosa que entró en Cuba, 11 de abril de 1899, fue la Associated Press (AP). Lo hizo acompañando a las tropas militares de ocupación de Estados Unidos.

Aquel despacho de AP en La Habana lo divulgó el Diario de la Marina. “Por  entonces –señala Marrero-, el Diario de la Marina lo insertó en primera página en español e inglés: «A petición de varios de nuestros lectores españoles [seguía sin interesarles los lectores cubanos] que desean practicar el inglés, así como para que sirva de incentivo a nuestros favorecedores [los ocupantes norteamericanos] que desean practicar el inglés y no entienden el español, publicaremos en lo sucesivo nuestro servicio especial de Nueva York [de AP), en inglés y español.

Esa nota del Diario de la Marina, que hasta entonces había sido representante y vocero de los españoles, era expresión evidente de la decisión de sus dueños de cambiar bien pronto de ropaje para pasar a servir «a nuestros favorecedores», aquellas tropas de Estados Unidos que desembarcaron en Cuba prometiendo democracia, libertad y bienestar, acotó irónico Marrero.

Reiteramos, además, que “El Mundo tuvo una larga existencia, desde 1901 hasta 1968. Por su redacción pasaron entre otras figuras: Manuel Márquez Sterling, Fernando Ortiz, José Zacarías Tallet, Pablo de la Torriente Brau, Raúl Roa García, Carlos Lechuga y Alfredo Núñez Pascual. Varios fueron sus directores como Luis Gómez Wangüermert y Ramón Perdomo (este último lo dirigió cuando el periódico se convirtió en taller de la Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana).”

Y, recordamos también las creaciones de las más populares revistas nacidas en el siglo XX, entre ellas: Mundial, Bohemia, y Carteles, en las que ocupó responsabilidades de dirección  (1901-1980) Luis Gómez  Wangüermert. En 1919, Massaguer crea otra publicación, de carácter infantil que identificó como Pulgarcito. La consideró como «hermanito mayor de Social», pero resultó un fracaso por la indiferencia que mostraron ante ella los lectores a que iba dirigida.

Massaguer publicó más de veintiocho mil dibujos y caricaturas, de depurada técnica y fino humor, en la prensa cubana. Por otro lado, en la redacción de Cuba Contemporánea formaron parte Fernando Ortiz, Max Henríquez Ureña, Enrique José Varona, Dulce María Borrero. Alfonso Hernández Catá, Luis Rodríguez Embil, José Antonio Ramos, Enrique Gay Galbó, Ernesto Digo, Manuel Sanguily, Juan Marinello, Jorge Mañach, Agustín Acosta, Emilio Roig de Leuchsenring y José María Chacón y Calvo.

El 15 de marzo de 1927, nace Revista de Avance, donde se nuclearon casi todos los escritores jóvenes de la época junto a figuras reconocidas de las letras.” Y, fue concebida en un reservado del café La Isla, por Juan Marinello, Alejo Carpentier, Jorge Mañach, Francisco Ichaso y el crítico de arte barcelonés Martín Casanovas. También publicaron en ella: José Zacarías Tallet y al ser expulsado de Cuba Martín Casanovas, la vacante de director fue llenada por Félix Lizaso: Su último número —el 50— apareció con fecha 15 de septiembre de 1930.

Más adelante el autor de Dos siglos del periodismo en Cuba, resalta: “Inspirado por el poeta, cuentista, ensayista y periodista Juan Francisco Sariol, dueño de la imprenta El Arte, se funda en Manzanillo, en 1912, la revista Orto, especializada en artes y literatura. Fue voz de los poetas y escritores del grupo literario de Manzanillo. En ella ven la luz las primeras prosas y versos de Manuel Navarro Luna, los primeros relatos periodísticos y novelas de Luis Felipe Rodríguez. Esta revista dedicó números especiales a José Martí, Rubén Darío, Juan Gualberto Gómez, José Manuel Poveda, José Enrique Rodó y la poetisa bayamesa María Luisa Milanés. Orto tuvo cuarenta y cinco años de vida”.

Entretanto, Machado reaccionó violentamente ante una caricatura aparecida en el diario El Día que lo ridiculizaba y amenazó a toda la prensa. Y el 20 de agosto de 1925, el periodista Armando André fue muerto a balazos cuando llegaba a su casa y se disponía a abrir la puerta. Al año siguiente, similar suerte corrió Alfredo López, un dirigente de los tipógrafos de La Habana. Y, agrega Marrero:

“En 1927 es secuestrada una edición de la revista Alma Máter en la imprenta del Sindicato de Torcedores. Otro periodista es asesinado en Camagüey. En 1931 se producen varios atentados fallidos contra el periodista Sergio Carbó que culminan con la destrucción de la imprenta donde se editaba La Semana, una publicación de humor y sátira política.

“Carbó tiene que exiliarse en Estados Unidos. Incluso Machado amenazó a varios corresponsales norteamericanos, y ordenó la clausura temporal del periódico The Havana Post. En 1933, poco antes de la caída de su régimen, Machado debió enfrentar una huelga de los periódicos y de varias emisoras de radio. Y cuando se produjo el desplome, la ira del pueblo se concentró en el Heraldo de Cuba, defensor de la dictadura y propiedad de Orestes Ferrara. El local de ese periódico fue incendiado y saqueado”.

Terminaré este versión a la obra de Marrero con su opinión sobre  tres de las principales figuras de la lucha revolucionaria en Cuba en las décadas de 1920 y 1930 —Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena y Pablo de la Torriente Brau—, quienes encarnaron con gran vigor el despertar antimperialista del pueblo cubano y ejercieron el periodismo para transmitir sus ideas.

“Mella fundó y dirigió a partir de 1922 la revista Alma Máter, que no fue solo un órgano para exponer las luchas de los estudiantes universitarios, sino para denunciar los males de la república nacida con el apéndice de la Enmienda Platt, los robos y saqueos de las riquezas del país por los imperialistas yanquis y el servilismo de los gobiernos de Cuba en las dos primeras décadas de república.

“En el primer número de Alma Máter publica el artículo «Nuestro credo», en el cual denuncia a los que en la Universidad «pretendieron manchar la dignidad de un título universitario otorgándoselo honoris causa» al norteamericano Enoch H. Crowder, enviado en misión a Cuba en 1919 para redactar un nuevo Código Electoral y que en 1922 dio órdenes al presidente Zayas sobre nombramientos y otras acciones, en un papel de desfachatado injerencismo en los asuntos internos de Cuba. Mella firmó muchos de sus artículos en Alma Máter con el seudónimo Lord Mac Partland: antepuso el título inglés (Lord) a su primer apellido legal de origen irlandés “.

“En octubre de 1923, Mella, que entró en discrepancias con algunos miembros de la redacción de Alma Máter que habían mellado el filo político de la publicación con compromisos de propaganda comercial, funda otra publicación estudiantil: Juventud. Anuncia en su editorial que saldrá regularmente el quince de cada mes.

Y, subraya Marrero: “Su pluma no escribe solo para Juventud. En 1924 entrega artículos periodísticos a Nueva Luz, Justicia, El Heraldo, Carteles, Aurora y otras publicaciones. Al año siguiente, en Juventud, escribe el artículo «Machado: Mussolini tropical». Publica en Venezuela Libre, revista fundada por Rubén Martínez Villena, el artículo «Imperialismo, tiranía, Soviet», donde expresa: «Cada día es más dolorosa la situación de la América. El imperialismo yanqui no se da reposo, y desde el petróleo de México y el azúcar de Cuba, hasta la sal de Chile y las concesiones «civilizadoras» del Perú, todo es bueno para sus ansias de dominación, para aplicar los sobrantes del dinero hecho en los Estados Unidos, extraído de los músculos de los trabajadores».

También en 1925 en la publicación Lucha de Clases, Mella escribe sobre su visita al barco soviético Vatslaw Vorovsky, primero que surcaba las aguas de Cuba, al que llegó en una lancha que recorrió tres millas desde las costas de Cárdenas. Ese relato, Mella lo tituló «Una tarde bajo la bandera roja».

A partir de 1926, tras tomar el camino del exilio, encuentra la cárcel dondequiera que pone un pie y finalmente se afinca en México, y durante su estancia en ese país publica artículos revolucionarios, firmes y valientes, en El Machete, El Libertador, Antorcha Estudiantil, La Sotana y El Bonete. «Poseer una máquina de escribir fue uno de sus grandes anhelos», dijo uno de sus amigos mexicanos. En El Machete, periódico del Partido Comunista de México, usó otro seudónimo: Cuauhtémoc Zapata.

Escribe en este periódico a finales de 1927 y principios de 1928 dos artículos sobre la sexta conferencia panamericana, a efectuarse en La Habana, a la que califica de «emboscada contra los pueblos de América Latina». Y Mella expone que no se tratarían asuntos políticos en la conferencia mientras Sandino luchaba, Haití sufría un régimen militar, Puerto Rico era una colonia, Cuba estaba «protegida» por la Enmienda Platt y el dictador Juan Vicente Gómez hacía de Venezuela un paraíso petrolero.

Funda también en México los periódicos Tren Blindado, órgano de la Asociación de Estudiantes Proletarios en la Universidad de México, y Cuba Libre. Con respecto a esta última publicación establece un sistema de mensajes cifrados con Rubén Martínez Villena y un mecanismo para que pudiese entrar en La Habana burlando los controles de la dictadura.

Al referirse a Rubén Martínez Villena, Marrero asegura que es conocido más por su poesía que por su prosa, aunque en el campo del periodismo mostró talento. Sus trabajos periodísticos están reunidos en un libro de la Editorial Letras Cubanas, resultado de la recopilación que hiciese el también poeta y periodista Luis Suardíaz, ya fallecido.

Destaca: “Como periodista, Rubén se desempeñó como corrector de pruebas, editorialista, redactor de artículos de fondo y director de revistas, así como eventual jefe de una plana cultural. En sus numerosos viajes al exterior colaboró con publicaciones extranjeras de perfil progresista. Fue también crítico literario (…) De sus artículos con temática política tenemos el reconocido «Cuba: un cuarto de siglo», publicado en el América Libre, año 1, número 3, de junio de 1927. En él, Villena, con finísima ironía, describe la celebración de los veinticinco años de República neocolonial por parte de las «autoridades» de la Isla, quienes eran objeto del odio y el desprecio popular (…)

“Para apreciar la crítica, mordaz y abierta de Villena solo bastan las siguientes líneas: que incluye Marrero en su libro:

Llueve, llueve… Parece que nos vamos a ahogar de tanta agua que nos cae encima y, sin embargo, en las casas no hay agua para el baño, no hay agua para las más elementales necesidades higiénicas, no hay agua siquiera para beber, porque la administración del Acueducto de Vento no tiene que quitarla horas y horas, días enteros en la mayor parte de los barrios, porque no se puede meter en la taza del río Almendares, que viene llena de fango.”

Sobre Pablo de la Torriente Brau, expone Marrero:

“Pablo de la Torriente Brau, a diferencia de Mella y Rubén, fue un periodista de vocación. De los que buscaban la noticia y la presentaba con un lenguaje claro, sencillo y directo. Y muchas veces tomaba las fotos que ilustraban sus reportajes.

“Comenzó a ejercer el periodismo en 1920 en el diario El Nuevo Mundo y en la revista El Veterano, ambas dirigidas por el coronel del Ejército Libertador José Camejo Payents. Contó su hermana Zoe que cuando recibió el sueldo de un peso diario, lo entregó a la madre y le dijo: «Yo no necesito dinero. No tengo vicios».

Advierte que el humor de Pablo era extraordinario. Un día entrega a su hermana un ejemplar de El Nuevo Mundo, y le dice: «Léetelo, para poder decir que tengo un lector. No es justo que yo sea redactor, cobrador y repartidor y el único lector de mis trabajos».

“Son numerosas las anécdotas que existen sobre el fino humor de Pablo, aun en medio de situaciones difíciles. Una muy conocida es cuando a mediados de 1931, estando escondidos él y Raúl Roa en la casa de José Zacarías Tallet, alguien da el soplo y son sorprendidos por el teniente Miguel Calvo, que los detiene. «Mira —le dice Pablo al oficial machadista—, estoy terminando un artículo para Carteles; si lo termino me pagarán diez pesos». Sin esperar la respuesta, Pablo se sienta ante la máquina de escribir y continúa tecleando su trabajo. Los policías lo miran, se miran entre ellos, y acaban por sonreír y esperar. Cuando Pablo se levanta y se pone a disposición de los guardias, le grita a Tallet: «¡Cuando Quílez te pague los diez pesos me los mandas a la cárcel!».

Tras el derrocamiento de la dictadura de Machado el 12 de agosto de 1933, aparece un nuevo diario. Se trata de Ahora. Pablo es uno de sus redactores. En él pone de manifiesto su excelencia periodística. Escribe reportajes, textos de divulgación, artículos políticos, crónicas humorísticas, entrevistas a distintas personalidades de la vida política, económica y cultural, pies de grabados, títulos, etc.

Todos en el periódico están sorprendidos con su profesionalidad, y se preguntan: ¿dónde aprendió este oficio? Zoe también da respuesta a esa pregunta: «Tal maestría le viene del abuelo, Salvador Brau, que en Puerto Rico fue llamado «maestro de periodistas» y, al igual que Pablo, tampoco pasó ninguna escuela de periodismo».

“Pablo escribe reportajes de impacto como «La Isla de los 500 asesinatos» que son sus memorias de cuando estuvo preso en Isla de Pinos. Loló de la Torriente, que era prima lejana de Pablo, afirmó que ese fue el primer reportaje sensacional de guerra revolucionaria que recoge el periodismo cubano. También, en igual calificación, está su reportaje sobre los hechos de Realengo 18, donde revela las condiciones de explotación, miseria y olvido en que vivían los campesinos en las montañas de Oriente. Esos reportajes se recopilaron y formaron libros con tales títulos.”

Afirma Marrero que Pablo dejó, sin duda, un periodismo de investigación y de testimonio, pues no fue espectador, sino participante que registró lo que veía y lo que sentía. Y lo escribió al momento, en Ahora, El Mundo, Alma Máter, Línea, Bohemia, y también en la revista New Masses, de Nueva York, y los periódicos El Nacional y El Machete, ambos de México.

Muchas veces actúa como protagonista de un hecho, y luego lo reporta, sin mencionarse, claro, con la mayor tranquilidad. Así llegan al periódico las vibrantes informaciones de las asambleas depuradoras del profesorado universitario… así llega el reportaje de la muerte de Ivo Fernández…».

Cuando fracasa la huelga de marzo de 1935, Pablo marcha a Nueva York, ciudad donde pasa días difíciles. Tiene que trabajar como lavaplatos. Escribe un artículo titulado «Guajiros en Nueva York». Lo publica Bohemia en el mes de julio de 1936. Lo envía entonces al concurso periodístico Justo de Lara, y obtiene el premio. Cuando le comunican la noticia comenta con su proverbial humor: «Estoy tan contento que sería capaz de comerme una bañadera de arroz con frijoles».

De Nueva York va a España, a luchar por la República. Su fusil reemplaza a la pluma. Dispara más de lo que escribe, pero no deja de narrar en cartas y crónicas lo que vive en la guerra, y ello después se recoge en un libro también apasionante: Peleando con los milicianos. En menos de dos meses -resalta Marrero-, El Machete y New Masses recibieron diez crónicas sobre lo que sucedía en España.

Mella, Rubén y Pablo cayeron jóvenes. Los dos primeros fueron dirigentes revolucionarios natos; Pablo ha quedado, sobre todo, como el gran cronista de sus hazañas y de su generación. Su vocación periodística hizo posible que su obra tenga una fuerza eterna”, termina así la opinión de Marrero sobre Pablo.

(Continuaré con la irrupción de la radio y la TV en el siglo XX)

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