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Marta Rojas y el ímpetu de cruzar fronteras

La Unión de Periodistas de Cuba (Upec) celebró el 90 cumpleaños de la destacada periodista

La homenajeada llegó risueña debajo de una capa, ahuyentando con su sonrisa la frialdad de una tarde lluviosa que amenazaba la salud de la fiesta en su honor. Los invitados, en ventaja numérica frente al imperativo de la nutrida lluvia, se congregaron desde temprano en la Casa de la Prensa Nacional, sede de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), para celebrar el 90 cumpleaños de un ser humano excepcional en la historia presente del periodismo y de la nación cubana. Y así, a modo de remembranzas del alma, llegaron los regalos de amigos cercanos, compañeros de batalla en la larga impronta periodística. También, jóvenes colegas.

Fue el reciente viernes 25 de mayo cuando se habló de la niña autodidacta que aprendió a leer a los cuatro años de edad y que preguntaba a su familia cómo sonaban las letras. Igual abundaron las anécdotas de la adolescente que quería ser cirujana y operaba lagartijas; de la reportera que sin pertenecer todavía a ningún medio de prensa se aventuró a descubrir lo acontecido en los sucesos del Moncada, cuando una ola de silencio y tergiversación pretendía cernirse sobre el hecho y sus protagonistas.

Sobre Marta, la primera periodista latinoamericana corresponsal de guerra, que entre campos de arroz vietnamitas y metralla no solo informó sobre la contienda del país asiático contra el imperialismo norteamericano, sino que se afanó en comprender la cultura de la nación agredida, contaron amigos y participantes en la celebración, porque, como dijo alguien, en ella hay muchas Martas, hilo coherente y conductual de su ímpetu.

Igual hubo remembranzas más desconocidas, como las narradas por la periodista de Radio Rebelde, Claudia Díaz Pérez. Ella relató las vivencias acumuladas en el proceso de preparación de su tesis de diploma. El resultado final fue el libro El dulce enigma de Marta Rojas. Parte del título lo tomó del texto escrito en su juventud por la Premio Nacional de Periodismo José Martí. “El proyecto surgió en un reto lanzado por un compañero de clases: escribir sobre aquella otra muchacha que en el año 1953 tenía la misma edad que Claudia, esta última entonces estudiante de tercer año de Periodismo de la Universidad de Matanzas.

“¿Por qué uno de ustedes no se interesa por la vida de Marta Rojas?, preguntó el profesor de literatura, casi en susurro. Yo la conocía como la periodista del Moncada, había leído su novela Inglesa por un año y entonces me acerqué al maestro y le dije que quería hacer la historia de vida de Marta. ¿Usted la conoce?, le pregunté. Y me dijo que sí. Pero después supe que no era así.

“De todas maneras ella nos recibió y entre sonrisas me hizo algunas preguntas: ¿Por qué me gustaba la carrera? ¿Por qué su historia de vida?”

Ese mismo día comenzaron las entrevistas y ese mismo día comencé a aprender de ella, aseguró Claudia. “La primera lección la recibí cuando saqué la grabadora y me dijo que usara las notas en lugar del “aparato”, así el entrevistado iba a sentirse más cómodo. Y añadió que para enriquecer mi trabajo interpretara el lenguaje extra verbal”.

La joven reportera recordó anécdotas sobre la vida de Marta Rojas, resultantes de su investigación: “muy joven vio en el cine Lo que el viento se llevó y como no le gustó el final de la película, cuando llegó a su casa lo reescribió; por eso  su padre, la bautizó como יJulita Verneי. Asimismo, decidió estudiar Periodismo tras escuchar en la radio un anuncio sobre la escuela Manuel Márquez Sterling, radicada en La Habana”.

De su vinculación con el proceso del Moncada, Pérez Díaz explicó que Marta se encontraba en Santiago de Cuba en ese momento, a casi dos meses de graduada de la Márquez Sterling, y uno de sus vecinos, Francisco (Panchito) Cano Cleto, fotógrafo de la revista Bohemia,  le pidió que lo acompañara  al carnaval para que le redactara los pie de fotos del fotorreportaje del evento, prometido a la publicación. Como a las cinco de la mañana sintieron los sonidos del tiroteo durante el asalto y que primero confundieron con cohetes chinos.

“A la posterior conferencia de prensa impartida por Alberto Ríos Chaviano, luego conocido como el Chacal de Oriente, arribó Marta sin representar a ningún medio. Ella le pidió permiso al presidente del Colegio de periodistas para realizar una entrevista y este la reconoció como la hija del sastre Rojas y se lo concedió.

“En la sala, Panchito le dice que vaya al baño y ve a dos mujeres detenidas, Haydee y Melba, y ella le pregunta al coronel que quiénes eran. Él le responde que en el cuartel no hay detenidos, que todos murieron en el combate. Su actitud y las fotos tomadas contribuyeron a salvar la vida de las jóvenes. Luego cubrió el juicio realizado a los moncadistas y su pluma sería una gran contribución al conocimiento de la verdad.

El Presidente de Honor de la Upec, Tubal Páez, refirió que el buen reportero llega al lugar del crimen primero que el asesino y dijo que la historia ha evidenciado que Marta, hermana hasta la muerte y amiga leal, ha estado en el lugar de la noticia.

Mientras otros compañeros de profesión discurrían sobre su carácter jovial y su sentido del humor, fotografías de distintos momentos de la vida de Marta son proyectadas en una pantalla. La vemos joven, con un pañuelo anudado en la cabeza en las montañas del antiguo Anam; sentada tras una mesa identificada con el nombre de Fidel, mientras que desde su altura de gigante, el Comandante de barba negra la mira sonriente; junto a Hemingway, García Márquez, Carpentier y Santiago Álvarez.

El Premio Nacional de Periodismo José Martí, Rolando Pérez Betancourt, compañero del periódico Granma, reveló que Marta llegó a  la literatura gracias a su poder de observación. “En sus novelas históricas cada detalle juega un papel primordial junto a los personajes.

Calla, la palabra mata al instinto creador, decía Hemingway. Esa máxima no se ajusta a Marta. Sus detalles de un copioso texto en el que está inmersa demuestran lo contrario y la presenta como una muchachita de 25 años llena de optimismo ante su primera obra.

Los años no le han borrado ese entusiasmo ni vigor intelectual, ni la belleza que la ha acompañado durante toda su vida, ni las ganas de trabajar y de darlo todo hasta el final.

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