Por Dianet Doimeadios Guerrero

A las cinco de la tarde, los muchachos de Osvaldo Medina se pararon frente a un micrófono y sus guitarritas comenzaron a cantar para “dar la pelea contra el ejército”, como el padre les convidó. El domingo 14 de mayo, la ciudad escuchó por primera vez al Quinteto Rebelde que nacía en La Plata. El Día de las Madres de 1958.

“Cuando la planta (Radio Rebelde) vino para acá, los locutores Orestes y Ricardo le plantearon a Fidel que entre las noticias había que poner un programa musical. Y él dijo que, si se ponía música, no iban a ser los discos de la gente que estaba en La Habana echándose fresco, mientras en las montañas la gente estaba muriendo peleando”, cuenta Alejandro Medina dispuesto a ser hoy el historiador, porque tan desprevenidos los cogimos que “Eugenio no está en Bartolomé Masó”.

“Yo te hablo, él habla más fino, pero la historia la hacemos todos. Fidel dijo: ‘Aquí hay músicos, no serán buenos, pero son los que están con nosotros’. Y ahí llamaron a papá y empezamos a hacer el programa musical que se grababa todos los domingos a las cinco de la tarde y a las ocho se transmitía. El primer número que tocamos fue Madrecita del alma”, relata el cantor y guitarrista sentado en un banco al frente de su casa, donde se forma un guateque cada vez que llega un curioso a la zona.

El padre Osvaldo fundó el grupo con sus hijos Eugenio, Alejandro y Gerardo, junto a Alcides La O y su hermano Rubén, que luego se incorporó para integrar “un quinteto de seis cantores que nunca estudiaron música”, apunta Rubén La O, risueño y chispeante.

— ¿Por qué se siguen llamando Quinteto Rebelde cuando se incorpora Rubén?

— Celia Sánchez nos aconsejó mantener el nombre, porque ya nos conocían así y si cambiábamos, cuando terminara la guerra, la gente no iba a saber si éramos los mismos o no. Y por eso nos quedamos con este nombre.
“Qué venga la ofensiva”

Con sus guitarritas de cinco cuerdas, los músicos se hicieron rebeldes. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Los muchachos, como aún le llaman por aquellos lares, eran aficionados a alumbrar la noche con parodias. A borrar a ritmo de son montuno las memorias del cruel desalojo que los hizo salir de Contramaestre rumbo a la Sierra Maestra, que parece haberlos devorado, porque el llano “pocas veces nos llama”, lamentan.

“Papá compró una finca y dio la coincidencia que fue el lugar que Fidel escogió para hacer la Comandancia, por ser un lugar seguro y estratégico. La primera vez que les tocamos a los rebeldes fue cuando vino un periodista y le cantamos a él machacando la música, a la tropa y a Fidel. Luego mudaron la planta de radio para acá e hicimos el compromiso de tocar cada domingo”, dice Alejandro.

“Cuando aquello se puso más duro fue con la ofensiva del Ejército de Batista. Fidel dijo: ‘Vamos a llevarlos al frente de batalla, vamos a tirarle con toda la carga. Van a ir para allá, y vamos a llevar la planta para que ustedes le toquen a los guardias y ellos se rindan”, recuerda Medida Muñoz.

El Comandante en Jefe del Ejército Rebelde le pidió: “Hay que hacer números que le echen a Batista, a los guardias”. “Éramos semianalfabetos, no podíamos componer, entonces hicimos parodias de los números más famosos de la época. Los locutores nos ayudaban a cambiar las letras. Así surgieron Qué venga la ofensiva, Batista tú ten cuidado, Hay que cuidar a Fidel”, interviene Alcides con el tres entre manos.

“Medio asustados” salieron al campo de batalla a desmoralizar a las tropas del temible Sánchez Mosquera con la guaracha, a fortalecer la moral de los rebeldes en plena Batalla de Santo Domingo. “Los pelos de la cabeza se nos ponían en firme al escuchar los tiros. Teníamos entre 14 y 16 años”, confiesa Alejandro.

“Los tiros estaban sonando y nosotros tocando. El locutor decía: ‘A toda la tropa rebelde, una descarga cerrada si están escuchando la emisora’ —pareciera que su memoria vive la historia una y otra vez—. Y entonces se sentía un silencio, y luego, la tormenta de disparos”.

Durante la Batalla de El Jigüe, “estuvimos cinco días allí. No dejábamos dormir a los guardias de Batista, les poníamos música día y noche, para acompañar los tiros”.

“Papá habló con Celia para que le dijera a Fidel que nos dieran armas, para protegernos. ¿Sabes cuál fue la respuesta de Fidel? ‘Dígale a los muchachos que la mejor arma que hay en la Sierra la tienen ellos, el arma ideológica. Imagínese usted, nosotros éramos casi analfabetos, ni sabíamos qué quería decir Fidel con eso, algunos pensamos que nos iba a dar un arma que se llamaba “ideológica” con un cargador más grande o un fusil más potente… Hasta que no estudiamos un poco, no supimos lo que quiso decir Fidel. Y de verdad que aterrábamos al enemigo”.

— ¿Y no han tenido problemas con el nombre de Quinteto Rebelde siendo seis?

—Muchacha, siempre hay un lío distinto. Cuando vamos a algún sitio a tocar reservan cinco comidas, cinco camas…, una locura. Nadie entiende que aunque el grupo se llama Quinteto Rebelde somos seis. Estuvimos en la guerra de Angola y a la hora de virar sólo dejaban pasar a cinco de nosotros y hubo que convencer a la señorita de inmigración que dejara pasar al sexto.

En seis décadas de risas, penas y hasta olvidos, los seis miembros del Quinteto Rebelde siguen en Bartolomé Masó, entre las mismas montañas donde se hicieron legendarios, con el único lujo de ser leyenda, y ahora, quien quiera escucharlos tiene que ir hasta allá.

Los seis músicos del Quinteto Rebelde son:

Eugenio Medina Muñoz, fundador (Director y maracas)
Alejandro Medina Muñoz, fundador (Guitarra y voz)
Alcides La O Zamora, fundador (Tres)
Rubén La O Zamora, fundador (Cantante)
Alcibiades Medina Muñoz, se incorporó en 1991 (Bongó)
Damián Medina Antolín, el más reciente integrante (Marínbula)

* Osvaldo Medina, el padre fundador del Quinteto Rebelde, falleció en 1992.

(Tomado de Cubadebate)

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