Confieso que completé mi visión de  Carlos Marx en el año 1989, gracias a un pequeño libro publicado por la editorial Pablo de la Torriente, con el que inauguraba su colección de bolsillo Figuras, justo para dedicarla a divulgar aspectos destacados y poco conocidos de personalidades nacionales y extranjeras.

Aunque  el proyecto tuvo una vida  breve, pues la aparición del llamado período especial impidió continuar su desarrollo, en  poco más de un año fueron publicados títulos de contenido original de verdadero interés para los lectores. Fueron los casos de Moro: el gran aguafiestas, de Paquita Armas Fonseca; La leyenda de Carlos Rojas, de  Mercedes Santos Moray; Carlos B. Baliño López, en el periodismo revolucionario cubano, de Evelio Tellería Toca y la segunda edición corregida y aumentada de El boxeo soy yo, de Elio Menéndez y Víctor Joaquín Ortega; como se podrá apreciar todos fueron escritos por periodistas con  una trayectoria sobresaliente en los medios.

Tuve la oportunidad de leerlos en el momento de ser publicados y todos me aportaron información y nuevos conocimientos. De Pablo de la Torriente Brau, sus crónicas  desde Nueva York y España con el seudónimo de Carlos Rojas; de Carlos Baliño, su periodismo valiente y certero denunciando los males que acuciaban al pueblo, en especial a los trabajadores y a Eligio Sardiñas, el gran campeón Kid Chocolate.

Sin embargo del que más enseñanzas adquirí, al punto de  utilizarlo como referente en muchísimas ocasiones fue Moro: el gran aguafiesta., consagrado a dar una visión profunda y muy cercana a Carlos Marx, el hombre de carne y huesos, como todo ser humano lleno de sentimientos, preocupaciones, de amor al prójimo y a la vida, cualidades que le permitieron penetrar, como nadie, en los serios y profundos problemas que aquejaban al mundo, dividido en ricos y poderosos dueños de todo y los humildes y desposeídos trabajadores.

El hombre de los libros y manuales

El estudio, análisis, debate y comprobación de conocimientos de sus principales obras, fueron frecuentes, durante mi vida de estudiante y trabajador vinculado a centros con programas de enseñanza de temas de filosofía y economía política marxista, proceso que me facilitó los argumentos suficientes para defender esa doctrina.

El  rigor, la profundidad y lo complicado de los textos, por el lenguaje poco común y tal vez con errores de traducción, más las pocas fotos que los acompañaban, por lo menos en mi caso,  posibilitaron que me formara una imagen de Carlos Marx, hermética, de un genio brillante, científico inalcanzable.

Era todo eso y mucho más. Lo que me faltaba por conocer de su personalidad, relaciones humanas, familiares y sociales las encontré en aquel libro publicado por primera vez en nuestro país, por la Casa Editora de la Upec, hace 29 años.

Paradójicamente, ahora que el genio de Tréveris arriba a los 200 años de su natalicio, es la parte que más se promociona por los medios. Como si el Moro volviera a nacer, caminar, discrepar, amar intensamente, procrear y fortalecer la doctrina para luchar por los derechos y la felicidad de todos los seres humanos.

Por Pablo Noa Noa, promotor editorial Pablo de la Torriente

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