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Tres periodistas ecuatorianos secuestrados; dos visiones sobre el manejo de la información

Familiares, colegas y ciudadanos exigen en Quito la liberación de los periodistas ecuatorianos secuestrados en la frontera entre Ecuador y Colombia

QUITO — Este martes 3 de abril, cuando la cadena colombiana RCN difundió un video donde aparecen los tres periodistas ecuatorianos que llevan diez días secuestrados en algún punto de la selva en la frontera entre Ecuador y Colombia, el gobierno de Lenín Moreno no demoró en expresar su malestar.

“Rechazamos enérgicamente la mediatización del video”. El ministro del Interior ecuatoriano, César Navas, lamentó la publicación y explicó que las autoridades del país conocían el video desde las primeras horas del secuestro, pero que formaba parte del “proceso técnico” que estaban llevando a cabo sus equipos policiales. Y agradeció a periodistas y familiares su discreción y su reserva en el manejo de la información.

La difusión del video no ha sido el primer desencuentro entre los medios colombianos y las autoridades ecuatorianas desde que un equipo del diario El Comercio de Ecuador —el reportero Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra— fue secuestrado el 26 de marzo en la convulsa frontera norte de Ecuador. Ese día, alrededor de las ocho de la mañana, los tres hombres cruzaron un retén militar en la zona rural de Mataje, provincia de Esmeraldas, y poco después desaparecieron.

Dos días después, el 28 de marzo, cuando los periodistas llevaban cerca de 55 horas retenidos, el diario El Tiempo de Bogotá publicó la primicia de que los tres hombres habían sido liberados. El medio citaba “altas fuentes militares” y decía que los rehenes estaban en poder del Ejército ecuatoriano y en buen estado. El medio compartió la noticia en su cuenta de Twitter y fue retuiteada cientos de veces, aunque los Ministros de Defensa e Interior de Ecuador dijeron que no tenían información sobre ninguna liberación. El paso de las horas dejó claro que la noticia era falsa.

La información que existe sobre el caso es escasa y, en muchos momentos, contradictoria. Incluso las autoridades de ambos países se han contradicho desde el comienzo. El día en que el gobierno del Ecuador confirmó la noticia del secuestro, señaló que los rehenes estaban posiblemente en Colombia. Dos días después, el ministro de Defensa colombiano, Luis Carlos Villegas, dijo que no podía confirmar que los periodistas ecuatorianos estuviesen en Colombia.

Desde el inicio del secuestro, las autoridades ecuatorianas pidieron a la prensa acudir solo a las fuentes oficiales. Creen que la divulgación de información no verificada o de fuentes extraoficiales podría entorpecer las negociaciones con los secuestradores.

El equipo de El Comercio estaba en la zona —conflictiva por su pobreza y su cercanía con el conflicto colombiano cubriendo la violencia en la frontera entre los dos países: desde enero han detonado bombas en cuarteles militares y policiales. En el ataque más reciente, el 20 de marzo, murieron tres soldados. Era la primera vez que militares ecuatorianos morían por fuego enemigo en más de veinte años.

Javier Ortega es un reportero de 32 años que regresó hace más de una década de España —adonde su familia emigró por la crisis financiera de finales de siglo—, “por la nostalgia del país”, según su hermano Alejandro. Paúl Rivas, el fotógrafo, cumplirá 46 años a finales de abril;  una amiga y excompañera lo llamó“un hombre para la tempestad. De un buen humor de no creer”. Efraín Segarra —el amable /Segarrita/— es el mayor de los tres (tiene 60 años)/.

El responsable del secuestro, según Alberto Mejía, comandante de las Fuerzas Militares de Colombia sería el mismo autor de los atentados con bombas: Walter Patricio Arízala Vernaza, alias Guacho. Este ecuatoriano que tiene entre 27 y 30 años le dijo en octubre de 2017 a la cadena colombiana RCN que militó por una década en las FARC: “Tuve un rango de Comandante de guerrilla”.

De acuerdo con las declaraciones del mismo Guacho, la milicia que lidera tendría unos 250 hombres. El grupo, conocido como Los del Guacho, es una disidencia de las FARC que no se acogió al proceso de paz de 2016. “Es un híbrido entre organización criminal y organización insurgente”, dijo en entrevista el experto en operaciones militares César Cedeño. Aterroriza al suroeste de Colombia (donde hizo volar, en marzo, dos torres eléctricas del puerto de Tumaco, dejándolo sin energía) y a la pequeña y empobrecida ciudad deS an Lorenzo, Esmeraldas, a la que pertenece Mataje.

Desde el error publicado por El Tiempo, las noticias de la liberación de Ortega, Rivas y Segarra han llegado a ser casi nulas. La mañana del 1 de abril, en una breve rueda de prensa, las familias de los secuestrados hicieron públicas sus identidades. Por recomendación de las autoridades, sus nombres no habían sido divulgados (aunque entre periodistas se supo quiénes eran desde el primer día).

Pero ahora revelaban sus identidades, explicó Ricardo Rivas, hermano de Paúl, para disipar algunos rumores maliciosos de redes sociales (que insinuaban que el secuestro era un montaje), y para intentar que los captores supieran a quiénes tenían en su poder.

Desde que se confirmó el secuestro, familiares, amigos, compañeros y ciudadanos en general se han reunido en la Plaza Grande de Quito, al pie del Palacio Carondelet, sede presidencial ecuatoriana, para reclamar por la liberación de los periodistas con las consignas “Los queremos vivos” y “Nos faltan 3”. La consigna, en su versión digital (#Nosfaltan3), se ha extendido a nivel internacional a través de redes sociales, en las que periodistas de todo el mundo han publicado mensajes pidiendo por la liberación de Ortega, Rivas y Segarra.

(José María León Cabrera/www.nytimes.com/es)

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