El  catalán Albert Chillon, de un crédito muy claro entre los estudiosos, define que las relaciones entre literatura y periodismo se distinguen por la promiscuidad. También podría responder como lo hubiera hecho Alejo Carpentier. El autor de El siglo de las luces no veía ninguna diferencia entre periodismo y literatura. Pensaba él que la única diferencia podía ser de estilo, que la literatura se fundaba sobre la materia en frío y el periodismo la utilizaba en caliente. Es decir, como sabemos, el periodista habitualmente se quema las manos.

Omar Saad y Jaime de la Hoz afirman que “el periodismo literario se encarga de mostrar historias verídicas mediante las características que le son propias y con un estilo que va más allá del lenguaje tradicional periodístico”.

Existe, desde luego,  alguna diferencia, al menos en sus propósitos esenciales, entre literatura y periodismo. Podría acudir a Aristóteles que estableció que la desigualad entre el poeta y el historiador consistía en que el historiador habla de las cosas ya ocurridas y el poeta de las cosas por ocurrir. Suplantemos el término historiador por el de periodista, que periodista también podía haber sido aquel en la antigüedad clásica, y ya dispondremos de una respuesta encapsulada, es decir, que no necesita más explicaciones.

Por lo tanto, el periodismo se dedica a informar, relatar, interpretar las cosas ocurridas, y el literato a las cosas que habrán de  ocurrir, sin que por ello sea  profeta, aunque el término vate empleado para referirse a los poetas, tiene su raíz en vaticinio. Pero coincidamos en que son las cosas por ocurrir en la imaginación del creador, y por lo tanto nunca han ocurrido. ¿Ocurrirán? Quizás en la novela histórica, proyección friccionada de lo ya ocurrido.

Por otra parte, el escritor, el literato, expresa sus enunciados desde una proyección estética. Es lo fundamental. Por ello, podemos definir a la literatura, como una formación estilística de creación y el periodismo una formación estilística de trabajo informativo. Pero si el periodismo no prioriza también la función estética puede convertirse en ese periodismo plomizo, que casi todo el mundo desdeña y menosprecia: ese que muere con el día. Lo más inteligente y útil habría de ser -en los géneros más profundos como el reportaje, la crónica y el artículo- establecer una simbiosis, una interdependencia entre literatura y periodismo. De ahí surge el llamado periodismo literario que consiste en utilizar dialécticamente la mezcla entre ambas formaciones estilísticas.

El reportaje, digámoslo,  ejerce como la función básica del periodismo literario. Es, a mi entender, el cuento o la novela del periodismo, cuando no se le confunde con una nota informativa extensa. El reportaje cuenta, narra una historia, y se emparienta con la literatura cuando el periodista acude a las técnicas de la narrativa. Resulta así una mezcla creadora de los fines y géneros del periodismo con la sensibilidad, las técnicas y el lenguaje literarios, de modo que el contenido informativo resalte por su profundidad y sensibilidad.

El reportaje creativo se caracteriza por el predominio de la acción, la descripción,  los puntos de vista personal, espacial, temporal; las estructuras circulares, cronológicas, discontinuas, invertebradas. Estilísticamente el periodismo literario organiza sus enunciados procurando la armonía de la frase y el párrafo, y  con un nivel tropológico que, además de enriquecer por su capacidad de síntesis y sugerencia a  la prosa del periodismo, la hace más diáfana, precisa  y espléndida.

Tengamos presente a reportajes como Realengo 18, de Pablo de la Torriente Brau, o incluso a Presidio Modelo, aunque hoy se le ubique en el más reciente género del testimonio. Es un gran reportaje literario,  en mi criterio, el titulado Somos la ley, de Enrique de la Osa; vívida reconstrucción del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, aparecida en la Sección En Cuba, de Bohemia  O Los fantasmas de Omaja, de Jaime Saruski, O Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez, y tantos que ahora se evaden de mi memoria. O varios de los publicados en Gente de Pueblo, de Onelio Jorge Cardoso. Estoy convencido que muchos de los cuentos de Onelio, partieron de sus experiencias periodísticas. En todos predominan el tono y las técnicas narrativas sin perder su base de información actual, periodística.

Pero si la literatura le da parte de su instrumental técnico al periodismo, el  periodismo le da parte también de sus virtudes. En el cuento El homicida, Onelio Jorge Cardoso, que ejerció el periodismo y la literatura a la vez, dice: “el hombre caminaba con un pie descalzo y el otro no”, y apreciamos que en esa frase está utilizando la precisión periodística. Por lo común, los cuentos de Onelio enriquecen sus reportajes y sus reportajes enriquecen sus cuentos. A veces elogiamos un estilo literario por sus valores periodísticos, porque el estilo del periodismo es muy conciso y preciso y porque el escritor toma de los personajes periodísticos las esencias de los personajes literarios.

 

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