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Miriam Rodríguez Betancourt: “No hay jubilación para una maestra de periodistas”

Entrevista con la Doctora Miriam Rodríguez Betancourt, Premio Nacional de Periodismo “José Martí”

“Si en todas las circunstancias, el periodista sigue pensando que lo es por vocación de servicio, entonces, realmente, esa es la profesión por la que merece la pena desarrollarse y vivir”, dice Miriam Rodríguez Betancourt

La Doctora Miriam Rodríguez Betancourt, Premio Nacional de Periodismo “José Martí”, integra la serie audiovisual que comenzó a grabarse recientemente para dignificar la labor de los periodistas cubanos, que este año celebran su X Congreso. La producción corre a cargo de jóvenes egresados de la FAMCA y es fruto de la colaboración entre la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS).              

Miriam Rodríguez Betancourt nunca se ha tomado la vida muy en serio. Piensa en su fugacidad: todo cambia, evoluciona y pasa y, “aunque nos parezca un universo iluminado, es solo una brizna de paja en el viento. Pero, a la vez, la Vida es mucho más grande que la propia.  Y te sorprende siempre; siempre da giros”.

Como a espirales mitigadoras de esos vuelcos existenciales, recure al humor, que le nace. Y que con todas sus derivaciones: ironía, sarcasmo, alegría, burla, le ha servido para apoyarse en el almohadón de lo risible, desde su más profundo sentido del compromiso humano.

Por eso Will Cuppy y su libro Decadencia y caída de casi todo el mundo es uno de sus resortes de cabecera. “Con los condimentos de la sátira y la ironía, el autor tira todo por la borda, escudado en una búsqueda bibliográfica concienzuda. Ese es el humor que desde el punto de vista literario me hubiera gustado alcanzar”.

—Pero, he aprendido a medir bien la ironía, porque igual puede servir para salvar una situación que para enterrarla. Y, la vida, a fin de cuentas, es una prueba de fortaleza espiritual.

Nació en 1939, en Marianao, a poca distancia de la casa donde vive desde los cinco o seis años y que comparte con su hermana Olga y sus descendientes. A la entrada, un jardín que da acceso a un recibidor interior en conexión con la cocina comedor (a la izquierda), con la sala (al fondo) y con una escalera (a la derecha). Subiendo, se llega a los predios más íntimos de Miriam. La habitación, además de los muebles propios del descanso y del guardarropa, está apertrechada de un archivo, una computadora y una imagen de Martí. Y en la antesala del cuarto, en las estrechas porciones de paredes y piso que bordean la parte superior de la gradilla, una armazón de libreros atestados. Y es justamente aquí, en el espacio que apenas admite una silla, entre los libros y el muro que protege del vacío, donde venimos a “bailar en casa del trompo”: a entrevistar a una de las más importantes teóricas del género en Cuba.

Miriam niña

Es la hija pequeña de los tres que tuvieron Carmela y Eustasio, unos padres que, con su amor, casi seguro favorecieron la emergente locuacidad y simpatía que la niña Miriam trajo al mundo, facultad (esta última) que espera no haber perdido.

Pero, en su adolescencia ningún indicio preconizó que iba a ser periodista o profesora. A no ser “cierta vocación o esencia innata, ¿no?”. Luego entraron en juego la suerte, la perseverancia, el talento, las lecturas. “¡Tantas influencias!” Y de ahí puede que haya venido el periodismo.

— Desde que tuve posibilidades de preocuparme por lo qué iba a estudiar, me gustaba ser abogada o periodista. Por complacer a mi familia, inicialmente aprendí taquigrafía y mecanografía, que mucho me sirvieron en mi trabajo. Pero ser periodista, fue siempre un objetivo y un deseo.

Y con el triunfo de la Revolución, Miriam tuvo esa oportunidad, cuando al oficio se le otorgó la jerarquía de estudios superiores que nunca antes tuvo.

— Hubiera querido ser una periodista en activo, como los demás. Sin embargo, el tiempo que vivimos en las décadas de los sesenta y los setenta, la necesidad de profesores que había desde que empecé a estudiar en la Universidad, más una vocación inveterada o cualidad que yo tenía de aceptar cuanto me proponían y que significara ayudar, me llevaron al magisterio.

Y no hubo otras razones que la condujeran a ser profesora de periodistas, aunque en relación con el arte de la enseñanza rememora dos momentos que le dejaron huellas: cuando supo leer, a los cuatro o cinco años, y cuando dio clases por primera vez. Entonces era muy joven y sus alumnos trabajaban en la propia Universidad. Luego, en el transcurso de la vida académica, admiró a muchos colegas y pudo comprender, realmente, qué es ser maestro.

1970, primer viaje al extranjero, Praga.

—¿Ser maestra de periodistas? Imagínate, siempre estás al alcance de tus ex alumnos y viceversa. ¡Apenas te dejan jubilarte! No hay jubilación. Desarrollas un método de trabajo que disfrutas, una manera de vivir de la que ya no puedes prescindir. Entonces, de profesiones tan creativas como las del periodista y el maestro, una nunca se jubila, en el sentido de retirarse, porque de eso se nutre la vida de las personas. Pero bueno, la palabra jubilarse, también tiene una acepción relativa al jubileo, a la fiesta ¿verdad? (risas).

“La noticia es triste en su irreversibilidad: ha solicitado su jubilación la Doctora Miriam Rodríguez Betancourt, a quien califiqué un día como Profesora Infinita en cierta crónica sobre el periodista cubano”, escribe en el diario Juventud Rebelde, el miércoles 24 de febrero de 2010, José Alejandro Rodríguez. “No me resigno a que se vaya a casa, a acariciar sus gatos, esa cátedra andante con más de cuatro décadas en la Universidad de La Habana. Cómo podrá viajar al sosiego quien ha formado a generaciones de periodistas, con su imperturbable oficio de enseñar los secretos, bellezas y deberes de la palabra a tiempo.

“En ese nadar hacia un horizonte que nunca alcanzas —el agónico placer del buen periodismo—, Miriam nos ha remolcado casi sin darnos cuenta. Y lo ha hecho siempre con elevado sustento teórico, pero con ese sencillo aderezo que imprimen los inteligentes y auténticos. Es la Academia con zapatos sport, para entreverar los conceptos con la vida sudorosa y las suelas gastadas”.

Con Magaly García More y Pedro Rodríguez García (Peroga)

—Miriam, ¿qué es la entrevista?

—Uno de los géneros más importantes de la profesión periodística, en el que se ponen a prueba muchas habilidades. Me parece una obra muy acabada cuando se logra la sinergia necesaria entre el entrevistado y el entrevistador, porque es un juego de inteligencias en el que ambas partes influyen en el resultado.

Algunos de esos puntos de vista, los concentró en un pequeño libro: Entre tú y yo, que como todos los suyos están concebidos para la docencia, sin perjuicio de otros interesados. El texto no solo integra entrevistas escritas por la autora, sino también otras que consideró ilustrativas desde la perspectiva didáctica, y explicaciones acerca de cómo fueron hechas.

En La entrevista periodística y su dimensión literaria (2001), resultado de su tesis doctoral, publicado en España, Miriam[i] ahonda una vez más en el género, a partir del criterio líder de Montse Quesada, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Se centra en la entrevista como obra creativa y en su inserción en el ámbito literario a través del lenguaje y de andamiajes que hagan posible entenderla así.

En el Aula Magna de la Universidad de La Habana, con los profesores Pedro Prada, Gladys Fernández (a la izquierda) y Gloria Ponjuán en el extremo derecho.

“Catalina la Grande no era rusa, como cree la mayoría de la gente: era alemana. De niña poseyó solo tres vestidos y doce blusas, pese a lo cual llegó a ser emperatriz de Rusia y gobernó a millones y millones de súbditos durante un período de treinta y cuatro años. Esto demuestra a lo que se puede llegar con un poco de determinación”, lee cuando abre al azar Decadencia y caída de todo el mundo, en la página 103.

Levanta la cabeza, se ajusta los espejuelos y dibuja una sonrisa de complacencia.

—Cuppy también fue reportero y caricaturista gráfico, pero a esta obra le dedicó 16 años de su vida. Porque el periodismo sí que hay que tomárselo muy en serio: nunca se puede creer en la experiencia anterior y siempre hay que enfrentar cualquier trabajo con la expectativa de que es distinto, de que es original, de que necesitamos tener mucha ductilidad para poder cambiar nuestro método.

—En ocasiones no es fácil, o no es posible incluso, entonces hay que echar mano de la llamada enciclopedia propia, crecida por lecturas, por la experiencia vital y por las técnicas aprendidas. Creo que en la medida en que haya más lecturas, más cultura en su sentido general, la profesión gana muchísimo y el periodista gana extraordinariamente. Y, por supuesto, también interviene el talento, la curiosidad intelectual, la chispa.

—Decía Julio García que hay múltiples vías para la formación del periodista: el que estudia la carrera o un nivel superior y el que no estudia en la Universidad y es excelente periodista también. Pero que esos excelentes periodistas que no han estado en la Universidad, no lo son por obra y gracia de la naturaleza, es porque detrás hay talento, muchas lecturas, mucha vida.

—El momento más difícil de mi experiencia profesional no te lo puedo contar. Las anécdotas buenas, no son publicables (risas). Pero hay una que recuerdo, sobre todo porque me dejó una gran lección. Yo daba clases a un grupo del curso por encuentro a primera hora de la mañana; eran trabajadores. Y había una alumna que se dormía casi siempre. Y, un día, en el mismo tono en que estaba impartiendo el contenido, y sin pausa, como un efecto teatral, le dije en voz alta: “…aunque hay alumnos aquí que se duermen con lo que yo digo; lo siento mucho, pero parece que tengo que moderar o transformar mi discurso”.

—La muchacha se despertó al oírme. Y luego me llamó aparte y me explicó: “Profesora, quiero disculparme, el problema es que tengo a mi madre grave y salgo del periódico de madrugada, y de ahí voy para el hospital a cuidarla. Por eso me duermo”. ¡Que lección tan tremenda! La crítica, como decía Martí, debe hacerse en privado. Y antes, hay que saber los factores que influyen en lo que uno considera negativo. Siempre hay que ser generoso.

—¿Y la experiencia más feliz?

—Cuando un alumno del que no esperaba nada en el periodismo publicó su primer libro.

Queda una anécdota por contar, pero no la narró Miriam. Fue el periodista y escritor Luis Sexto, con la siempre sostenida armonía de su voz calma, cuando nos despedimos de él en la mañana que le antecedió a esa tarde del 24 de enero de 2018.

—Dile a Miriam que la respeto mucho porque fue mi profesora en las aulas universitarias. Aunque sé que pronto aclarará: “Sí, pero en el curso de trabajadores” (risas).

[i] Bibliografía de la entrevistada: Acerca de la entrevista periodística; Entre tú y yo; Acerca de la crónica periodística; La dimensión literaria de la entrevista periodística; Tendencias del Periodismo Contemporáneo; Pablo, la infancia, los recuerdos; Asturias en la memoria; Pablo: pasión de contar (junto con Msc. Jesús Arencibia Lorenzo) y Acerca de los géneros periodísticos.

En video:

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