Entre las cuestiones ortográficas que más llaman la atención en un texto escrito, quizás por un efecto óptico, están las mayúsculas y las tildes. En referencia a ambas y a solicitud de un colega, hace unos días publiqué en la sección El español nuestro, del periódico Granma la siguiente nota:

“Hace mucho tiempo se definió que las mayúsculas sí llevan tilde. Las antiguas máquinas de escribir no podían colocar la tilde sobre las mayúsculas y esa dificultad técnica trajo como consecuencia que muchas personas pensaran que no la llevaban, puesto que no la veían nunca en los textos impresos. Por suerte, la computación permite salvar esa dificultad de carácter técnico y como está definido en la normativa ortográfica de la lengua española que las mayúsculas sí llevan tilde, escriba: Ángel, Álvaro, Índice, etcétera”.

En la calle, por teléfono, a través del correo electrónico, dondequiera… muchas personas se me han acercado para aprobar lo dicho. De esos comentarios, así como de los que se reciben en el propio periódico, tomo las siguientes ideas:

“Es muy importante que las personas que se dedican a escribir guiones para la TV o las que trabajan en los generadores de caracteres conozcan más sobre esto. A veces, he tenido que soportar que periodistas de prestigio nacional e internacional me digan que las letras mayúsculas no se acentúan”.

“Siempre me arruina el día cuando en los créditos de los programas de TV, por citar un ejemplo, las mayúsculas no tienen su acento. Solo porque la persona que escribe no activa la mayúscula en el teclado de la computadora para colocar la tilde”.

“Otro personal que debería estar preparado en temas de ortografía, principalmente en lo que se refiere a las mayúsculas, son los que atienden los diferentes registros (de nacimiento, de consumidores…). A veces, al inscribir los nombres y apellidos de una persona, lo hacen como entienden ellos y no como realmente es”.

Lo cierto es que hace mucho, mucho tiempo se definió que las mayúsculas sí llevan tilde; pero en nuestros medios, sobre todo en el televisivo sobrevive este error. Olvidan algunos la responsabilidad de la prensa en el cuidado de nuestra lengua materna y la necesidad imperiosa de mostrar el dominio de la normativa ortográfica. Cuando reconocemos la tremenda influencia en el público lector o televidente de los medios y, con mucha más fuerza, de la televisión, estamos reconociendo la necesidad de que esa influencia sea positiva en todos los sentidos, también en el lingüístico, terreno en el cual nos toca ofrecer modelos adecuados.

Hay personas que se niegan a marchar con la vida y creen que lo que estudiaron hace veinte, treinta o cuarenta años sigue siendo así, como si la vida no evolucionara y el idioma no marchara al ritmo de la vida.

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