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José González Rivas: Los quebrados hilos de un paracaídas mercenario

Entrevista a José González Rivas, Premio Nacional de Periodismo “José Martí”

Premio Nacional de Periodismo “José Martí”, esta entrevista a José González Rivas integra la serie audiovisual que comenzó a grabarse recientemente para dignificar la labor de los periodistas cubanos, que este año celebran su X Congreso. La producción corre a cargo de jóvenes egresados de la Facultad de Comunicación Audiovisual de la Universidad de las Artes y es fruto de la colaboración entre la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

“Yo no fui el primero en llegar a Girón, yo estaba allí, asevera José González Rivas, mientras sostiene en sus manos un fragmento, que todavía conserva, de un paracaídas mercenario.

José González Rivas extiende de punta a punta un fragmento de un paracaídas “donde vino colgado un mercenario de Playa Girón”. Ha regalado muchos pedazos de ese trofeo, pero todavía le queda un segmento y lo enseña al mismo tiempo que asegura haber sido el único corresponsal de guerra acreditado por Fidel en las primeras horas del ataque.

—Estaba en Guamá, trabajaba en la Laguna del Tesoro, cuando empezaron los bombardeos a los aeropuertos el 15 de abril de 1961 a la una de la madrugada. Al día siguiente, la radio y la televisión convocó a todos los milicianos a que se presentaran en sus respectivos batallones. A mí (junto a otros compañeros) me llevaron para el Central Australia. Y, con natural osadía, me presenté ante Fidel y le dije:

— Comandante, yo soy periodista y corresponsal de guerra.

—Dile a Augusto que te acredite, respondió.

Augusto Martínez Sánchez, jefe del Estado Mayor, me acreditó y salía del Australia cuando veo a Guillermo Miró, un camarógrafo de la televisión. Le pedí que fuera conmigo y entonces él le pregunta al Gallego Fernández:

—¿Hasta dónde podemos llegar?

—Hasta donde les dé el valor, respondió el Capitán.

Nos marchamos y por el camino recogí un paracaídas que hallé tirado en la carretera ¿Para qué?: la aviación le tiraba a todo lo que se movía.

—Tú manejas, que yo vigilo, le dije a Miró.

En entrevista a uno de los sacerdotes que vino en la invasión.

Y cuando veía un puntico negro en el cielo extendíamos el paracaídas por encima del Buick donde íbamos y nos quedábamos quietos. Así llegamos hasta Playa Girón, dos o tres días después, a las cuatro de la tarde, más o menos. Era 19, ya estaban capturados todos los mercenarios. Contacté con los encargados de atender a la prensa, les dije que era periodista y que estaba acreditado por Augusto Martínez Sánchez. Me miraron extrañados, yo tenía unos 25 años. Pero al poco rato llegó la gente del ICAIC a hacer entrevistas.

—Tenemos a un hijo de Carlos Badías (el actor de novelas) y a uno de los tres sacerdotes, pero no quieren hablar, apuntaron los cineastas.

—¿Dónde está el sacerdote?, requerí.

Entonces me llevaron a la cabañita donde se hallaba. Toqué antes de entrar, lo saludé y pregunté:

—Padre, ¿qué posibilidad hay de hacerle una entrevista?

—Fusilaron al padre Francisco, objetó.

—Mire, usted sabe que uno de los mandamientos de la ley de Dios dice no mentir, y esa es una de las grandes mentiras que se ha dicho de la Revolución cubana. Aquí no se ha fusilado a nadie. Yo soy religioso, estudié música y latín en la Iglesia de Versalles. ¿Usted cuando da la comunión no dice Corpus cristi, amen?”. Entonces se puso de pie e inquirió:

—¿Para dónde hay que ir?

Salimos de la cabaña, yo no sabía dónde ponerme, pero veo el camión del ICAIC y los micrófonos preparados y allí le hice la entrevista. Conservo parte de ella, cuando él me dice:

—Nos pintaron las cosas de muchos colores, nos dijeron que cuando llegáramos aquí, Fidel se iba.

Terminamos el diálogo, volvimos a la cabañita y él se quitó la insignia de la 2506, que tenía una cruz y una banderita, y me la regaló.

—Para que tenga un recuerdo, dijo.

Y hace poco la entregué al Museo Municipal de la ciudad.

 

José González Rivas es matancero de nacimiento. Su padre, jornalero, trabajaba en una fábrica norteamericana de fertilizantes, y su madre era ama de casa. Cursó todas las enseñanzas sin contratiempos, hasta que en 1952 Fulgencio Batista dio el golpe de estado.

—Yo pertenecía a la Federación Estudiantil del Instituto. Era un muchacho inquieto, y me expulsaron junto con otros siete u ocho. Pero hubo una convocatoria para la Escuela de Periodismo Fernando Díaz, de Matanzas, que se abrió en 1953, y me aprobaron. Antes de terminar la carrera ya estaba como corresponsal de Radio en el Aeropuerto Internacional. Más tarde empecé a trabajar como reportero en el periódico El Imparcial. Ahí, el censor era un oficial de la policía, y me dijo: “Acompáñame a la estación de policía”. La Escuela Nacional de Periodismo me había acusado de intrusismo profesional por mi labor como corresponsal antes de estar graduado. Me pedían tres años de privación de libertad. Entonces, gracias a un abogado, que me defendió gratuitamente, sobreseyeron la causa.

Cuenta Rivas que, a principios del triunfo de la Revolución, empezó en el periódico Adelante, un diario matancero, en una sección que se llamaba Radar. Pero que el director “metía veneno” y decidió irse de allí.

—Entonces conocí a unos compañeros que Fidel había mandado a realizar un proyecto en la Ciénaga de Zapata. Les dije que era periodista profesional, pero que no quería seguir en el periódico.  A los quince días me tocaron a la puerta de mi casa y me dijeron: “Coge ropa, que nos vamos para la Ciénaga”. Y nos fuimos para el Central Australia porque en la Ciénaga no había nada.

—Poco después, me ponen de jefe de un almacén en la construcción de la Laguna del Tesoro, en Guamá. Y un día se apareció Fidel y me preguntó todos los detalles acerca del ordenamiento y control de aquel arsenal de materiales, y también sobre cómo conseguía lo necesario para la obra. Por eso, porque ya había conversado con él en esa ocasión, cuando lo vi el 16 de abril en el Central Australia me acerqué y le dije que yo era corresponsal de guerra.

El periódico Verde Olivo que dirigía en Angola

En Angola, entre 1979 y 1980, Rivas estuvo como director del periódico Verde Olivo y del programa en español de la Radio Nacional de Angola. “A veces, también salía con la Fílmica de las FAR”.

Pero su labor investigativa previa, acerca de los esclavos en Matanzas, le permitió vincularse también al entonces recién inaugurado Museo de la Esclavitud en Luanda (una iniciativa de Agustino Neto, entonces presidente del país africano),  donde Rivas se nutrió de numerosos y útiles datos que le sirvieron para publicaciones posteriores sobre el tema en Cuba.

Veintisiete años como presidente de la UPEC en Matanzas: bajo el humor de Manuel.

—Bueno, yo soy fundador de la Unión de Periodistas de Cuba. Por ahí tengo un librito que resume los veintisiete años que estuve como presidente de la UPEC en Matanzas. Primero creamos Adelante Revolucionario, después de que se fueron muchos periodistas de los cuatro diarios que había en Matanzas: Adelante, El Matancero, Republicano y El Imparcial. A ellos les pagaban antes de la Revolución treinta o cuarenta pesos, pero tenían botellas de la alcaldía, de cultura, de la zona fiscal. De esa mezcla, surgió Girón, con los que habían quedado. Pero no éramos suficientes.

—Luego fomentamos el movimiento de corresponsales voluntarios en la provincia. Yo les aportaba los conocimientos que tenía, a través de seminarios que daba en Colón, Cárdenas, Jagüey Grande y aquí en la ciudad. Porque en coordinación con el Partido cada fábrica nombraba un corresponsal y yo los adiestraba. Así, empezaban con noveno grado y luego, cuando formamos, con Ernesto Vera y Raúl Ferrer, la Facultad Obrera de Periodismo, se incorporaron muchos de ellos. Al final, una buena parte ingresó en la Universidad de La Habana para hacer la licenciatura.

Su carné del periódico Granma.

En aquellos años iniciales de la Revolución, Rivas ejerció su profesión como corresponsal del periódico Hoy hasta que se fusionó con Revolución y surgió Granma, del cual es fundador. A la vez, era jefe de información del periódico Girón.

Al regresar de Angola en 1980, cambia el rumbo de su trabajo profesional, y se convierte en Jefe de Divulgación de la Asamblea Provincial del Poder Popular en su ciudad natal.

—Cuando estaba en Luanda, nombran a Faustino Gato tercer secretario de la embajada cubana, y en ese mismo tiempo lo eligen como presidente del Gobierno en Matanzas. Entonces, a mi regreso a Cuba, me fui a trabajar con él y allí estuve durante muchos años. Después se creó una revista, y yo me dediqué a asesorar al compañero que me sustituyó.

Más de seis décadas de experiencia profesional en el periodismo, en la formación de profesionales y como corresponsal de guerra, han madurado en este hombre de mirada firme una opinión sobre el oficio tan enraizada como su vínculo al lugar donde nació y ha vivido toda su vida.

Durante la grabación de la entrevista audiovisual, en casa de Rivas, en pleno centro de la Ciudad de Matanzas.

—Para mí existen dos tipos de periodismo, el que está supeditado a intereses privados y el que se hace en beneficio del pueblo. El nuestro, el de la Revolución, siempre ha tenido como premisa la sociedad, la unidad de los cubanos, y se basa en encomiables concepciones éticas y morales.

Este creador del movimiento de corresponsales en 1963, del cual luego emergieron muchos profesionales, acentúa cómo antes constituía un delito dicho ejercicio. “Lo llamaban intrusismo profesional y fue por el casi sufro encarcelamiento alrededor de 1955”.

Con ochenta y cinco años de edad, Rivas piensa que ha sido un hombre afortunado, porque además de haber tenido la oportunidad de atestiguar un periodo significativo de la evolución de la prensa en Cuba, disfrutó la oportunidad de aportar sus conocimientos a muchos colegas y, con ello, al desarrollo del periodismo en su provincia.

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