II Centroamericanos, cortina de humo

 

La tiranía proyanqui brindó a La Habana como sede de los II Juegos Centroamericanos. Se celebraron del 15 de marzo al 5 de abril de 1930. El objetivo de los machadistas era usar las competencias como cortina de humo, droga, para ocultar la explotación, el desempleo, la discriminación, los asesinatos, la patria entregada a los gringos aún más. El deporte como diversión que tiene como objeto alejar al enemigo de un punto. No sería la primera vez: como el pan y circo de Roma, ni la última: uno de los más escandaloso, el Mundial de Fútbol utilizado por los gorilas argentinos con igual fin.

Pablo de la Torriente Brau respondió a dicha usurpación: tomó las armas de los contrarios y arremetió con ellas contra ellos. Atrapó lo propio del concurso atlético, con escenas cinematográficas, poéticas, noveladas, en fin, hermosas, como no lo logró ninguno entonces y ni es fácil encontrar ahora. Tampoco se ató a lo meramente deportivo: iba más allá, buscó, denunció en la Revista de La Habana, no.1, abril de 1930. Con gran fuerza fustigó el racismo que no permitió el acceso de negros y mulatos al Habana Yacht Club, ni siquiera a entrenadores y atletas con este color de piel.

Ya en la apertura, suena lo que está mal: “Puerto Rico, representado por solo cuatro valientes competidores, pasó enseguida. ¿Por qué estos muchachos trajeron la bandera americana, tan poco necesitada de glorias deportivas? ¿Por qué no traer a Cuba, ya que no fue el gobierno de la isla sino un grupo privado quien los enviaba, según las mejores noticias, la bandera borinqueña, tan parecida a la nuestra? “

Se denomina el espectador, “…comisionado para redactar esta Memoria…” Le canta al mexicano conquistador de los 5 000 y 10 000 planos.  “Descalzo, mirando a la tierra, con el pelo negrísimo, saltando en el salto rítmico, dividido en dos alas de aura, pasa, exacto, como el minutero del reloj, el indio Jardines…” A Felipe, ese es su nombre, el cronista lo vio perseguido por un fantasma ancestral, “…con una antorcha luminosa…” en la última vuelta.

A Darío Álvarez, cubano ganador de los 800 y 1 500, llama Man O´War hombre, con referencia a un caballo de carrera famoso. Los cuatro jinetes de la victoria: así nombra a los mejores del relevo corto, compatriotas de Álvarez: Alberto Torriente, Conrado Rodríguez, Gustavo Alfonso y Julio Seino; el primero y el tercero, uno y dos de los cien llanos, “vencedores los dos de Bedford, la tremenda amenaza de Panamá”.

En las gradas, la reina de belleza de Costa Rica. Antonio Rodríguez, su coterráneo, un veterano, le dedica el premio de bronce en los 10 000. “¡Un Hurrah! Para este muchacho de un buen grupo de años”. Ahí viene el corredor del patio José, el Espiritista, Suárez: pidió un chance en la oficina y entra tercero en la disputa de los 400 con vallas- “… el último le parece siempre al corredor más alto que el Sevilla Biltmore…”- , corriendo contra contrarios de mucha mayor estatura y de mejor training…”

Muy amarrado a lo momentáneo: es duro con el básquet y el voli. “Enflaquecidos, elásticos y ligeros, los jugadores de baloncesto tienen aire antipático de malos discípulos de la danza clásica.”  “…El voleibol, escasamente jugado en Cuba, no es más que un deporte para señoritas gordas, ganado otra vez por muchachos flacos…” Brincaría de placer con el avance de estas especialidades y con sus conjuntos, encabezados por las Fabulosas Mulatas del Caribe, el más destacado equipo cubano de todas las épocas.

Porfirio, Bambino, Espinosa se desquita del ponche “…de huevo, leche y vainilla”: “…agarró la pelota, y como un cohete blanco cruzó todo el terreno por entre el left y center para ir a esconderse bajo las vallas, en el límite del terreno. ¡Jonrón!” En las redes del reportero, “el mundo a patadas”: “…la brutalidad de Macho Madrigal, quien no obstante jugar por Costa Rica, la bella, se empeñó en afear las competencias”.

Conduce al sitio donde lanzan estatuas al agua: ora un cisne, ora un ángel con los brazos abiertos: son los clavadistas. “¡Pérez Alderete  Mariscal! ¡Muchachos para estar siempre en el aire, entre el cielo y el mar!” Refleja la fatiga de los tiburones al no poder alcanzar a Pablo la Rosa y Leonel, Bebito, Smith, ambos de la sede.  La brega de Ramón Fonst impactó: a pesar de sus 47 años, el as olímpico obtiene la alegría en espada y florete sin ser tocado. Por eso: “Artagnan, con mucha finura a Cyrano y Lagardere:

– Compañeros,  ¿no les parece que aquí estamos de más?

– Sí, vámonos, para no hacer el ridículo. A ese hombre no lo toca ni el aire”.

Bien colocada su trompada contra la tiranía al testimoniar la justa basquetbolística: “El público, poco contento con el trabajo de un forward cubano, comenzó a gritar:

– ¡Quiten a Machado!… ¡Quiten a Machado!

Y la petición obtuvo una aprobación tan unánime y ruidosa que apenas pudo escucharse cuando una gran voz gritó con alegría burlona:

– ¡Sí, hombre, que quiten a Machado y que pongan a otro!…”

Pocos meses después, exactamente el 30 de septiembre, la juventud cubana firmó con sangre su batallar contra los salvajes ocupantes del poder. Rafael Trejo cayó asesinado a balazos en la tángana donde Pablo sería golpeado en la cabeza, con riesgo para su vida, y el obrero comunista Isidro Figueroa recibía un disparo en la pierna. Únicamente quedaba un camino verdadero para enfrentar  tanta maldad: el de la violencia revolucionaria en oposición a la de los reaccionarios.

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