Si de cubanismos se trata…

De acuerdo con lo expresado por el sabio cubano don Fernando Ortiz, en “Los factores humanos de la cubanidad”, conferencia dirigida a los estudiantes de la fraternidad Iota-Eta, de la Universidad de La Habana, el 28 de noviembre de 1939, “[…] cubanismo, en sentido estricto, es el giro o modo de hablar propio de los cubanos”.1

A pesar de que muchos cubanismos han sido incorporados al Diccionario de la lengua española, quedan muchos más por ser recogidos en ese importante lexicón. Eso no quiere decir que no los podamos emplear; por el contrario, como he dicho y repetido hasta la saciedad, las palabras entran al diccionario cuando han sido santificadas por el uso.

En un ensayo titulado “A vueltas con los americanismos: presencia del léxico coloquial cubano en el Drae”, de la profesora de la Universidad de Tarragona, España, Esther Forgas,2 se realiza un minucioso análisis de este fenómeno y se enumeran muchos de esos cubanismos aún no recogidos en el Diccionario de la lengua española (2014).

Continúan ausentes anapista, anirista, cederista y federada, términos de origen curioso los tres primeros, pues se derivan de las siglas Anap (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños), Anir (Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores) y CDR (Comité de Defensa de la Revolución), lo cual no constituye un procedimiento habitual para la formación de palabras en nuestra lengua. Sin embargo, ahí están, en el uso del cubano de hoy.

No aparecen esos almendrones, parte ineludible del paisaje urbano; ni nuestros deliciosos y típicos tachinos y mariquitas; ni ese punto cubano que es parte de nuestra más raigal música popular. Tampoco aparecen personajes que matizan nuestra realidad como el casasola, el gusano, el mayimbe, el mechado, el tracatán… Y en lo que a la fraseología se refiere brillan por su ausencia algunos coloquialismos tan comunes como cantar el manisero, echar palante, echar un patín, hablar cáscaras, tener guara, vender el cajetín, entre muchos otros que le dan color a la variante cubana del español.

Sin embargo, reitero que eso no quiere decir que estas palabras o frases sean incorrectas. Algunas, aparecen recogidas en otros diccionarios, por ejemplo, mariquita, “rueda fina de plátano verde frita”, aparece en el Diccionario básico escolar, del Centro de Lingüística Aplicada, de Santiago, y hablar cáscaras, como “decir algo inconveniente o inoportuno”, aparece en Diccionario ejemplificado del español de Cuba, de las ya fallecidas lingüistas cubanas Antonia María Tristá y Gisela Cárdenas, título de reciente aparición.

Sin embargo, aun en el caso de que no aparezcan recogidos en ningún lexicón, forman parte de la variante cubana del español y son completamente válidos.

 

Notas

1 Estudios etnosociológicos, compilación, prólogo y notas de Isaac Barreal Fernández, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, p. 12.

2 Aparece en Estudios de Lexicología y Lexicografía. Homenaje a Eloína Miyares Bermúdez (Leonel Ruiz Miyares, comp. y ed), Centro de Lingüística Aplicada, Santiago de Cuba, 2017, pp. 112-129.

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