Las terceras partes ¿también son buenas?

Un joven trovador tocaba la guitarra y algunos bailaban. Era el último día del evento, que nos sabía a poco. Habíamos llegado a La Habana 48 horas antes, a las 10 de la noche en medio de una llovizna molesta. Los pulóveres eran grises. Muchos se esforzaron para ganar el concurso “a quién le queda peor…”.

El I Encuentro de Jóvenes Periodistas comenzó con un debate sobre el código de ética y propusimos modificaciones a los estatutos de la UPEC. El profe Moltó recorría los salones del Instituto. En otra comisión se hablaba sobre Política Informativa y la participación en la confirmación de las agendas mediáticas, y el liderazgo en la gestión editorial.

Comenzamos a pensar como club juvenil. Hablamos de transformar, de actualizar. Volvimos a casa con nuevos amigos y mucho polvo de la carretera. Yo había inscrito el tema de doctorado unos meses antes.

Un año después nos reencontramos los mismos. Había caras nuevas en la guagua, que llegó a las 11 de la noche al Costillar. Tuvimos un día más para conversar sobre los modelos de gestión y los escenarios profesionales. Armandito le dijo al primer vicepresidente del país que no tenía carné de prensa, y Raúl Torres cantó “Candil de nieve” en El Hueco. También hubo una vigilia por Fidel, un cumpleaños sin cake y una visita a la Asamblea Nacional. Hubo fiesta, y debatimos. Debatimos mucho.

Moltó nos acompañó el último día, el de la piscina y la nostalgia. Vestíamos un pulóver blanco con el bombillo rojo en la espalda, aunque algunos insistieron en ponerlo al frente. Allí estaban Yasel, de Granma, Leslie, de Villa Clara, Dorelys, de Pinar. Todos salimos en la foto de clausura.

El primer día tuve el examen de la especialidad porque iba a predefender la tesis en el mes siguiente.

En la tercera vez el pulóver sigue siendo blanco y el bombillo está en el centro del pecho, para que no haya confusión. Ya no somos los mismos. No hay doctorado que defender y Moltó no pudo acompañarnos. Hay otras caras y otros debates.

Nos quedan las 15 horas de Wifi, el concierto de Arnaldo, y la piscina verde en la que probablemente nadie se bañe (porque hace frío).

Nos quedan las ganas de hacer un mejor periodismo, de cambiar nuestros medios para bien, de echar abajo estructuras obsoletas. Queda el encuentro, y la expectativa de la tercera vez.

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