Durante uno de los plenos de la Upec, donde siempre contamos con su agudo pensamiento y su opinión constructiva (Foto: Cubadebate)

¡Tiene tantos títulos y reconocimientos merecidos, como hojas de valor y profesionalidad llenó en sus años en el periodismo y la comunicación! Pero su altura, su valía, su talento, sentido de la ética y de la honestidad, su luz propia, siempre fueron más allá que las pretensiones por premios o fanfarria. Ella es mucho más.

Isabelita tiene muchos encantos que no son precisamente para concursar en un certamen de belleza, aunque quienes la conocemos, pensemos en ella como la más perfecta creación mujeril de la naturaleza. Vale escucharla, vale sentirla apasionada y digna no reclamando, no implorando derechos, sino explicando, convenciendo, argumentando el valor, la fuerza, el coraje, el aporte de esta parte importantísima de la población que somos las mujeres.

Si alguna vez estuve en baja (y han sido muchas), dialogar con Isabelita, que ponía su privilegiado cerebro y su más apasionado corazón
además de su oído, era una manera de saber que saldría fortalecida y preparada para cualquier batalla: personal, profesional, social.

Estudié en varios cursos, diplomados, en los que ella impartía, insaciable, conferencias y clases. Por ella, -a pesar de ser mucho
mayor-, aprendí a diferenciar el sexo del género, tuve luz sobre derechos y empoderamiento que no están reflejados en ninguna ley ni
código, y supe que valgo por mí misma mientras más conocimientos y suficiencia atesoro.

Nuestra última entrevista, (cuando la vida me golpeó y me zarandeó sin ternura alguna), fue muy hermosa. “Escribe eso Zena, alumbra a otras mujeres, no te dejes abatir, vales mucho”. Y lloraba y me abrazaba. Ya ella estaba enferma y aun así me daba consuelo, me hacía sentir importante. Me apoyaba incondicionalmente.

Lugo tuvimos varios intercambios por correo electrónico y por Messenger, y el mes pasado, cuando vi su foto en una conferencia en Washington, supe que seguía en pie de lucha, que el cáncer, esa enfermedad cruel, podría llevarse su cuerpo, pero nunca sus enseñanzas, su ejemplo.

Desde que José Dos Santos me dio a conocer la triste noticia, he llorado mucho, y pensado en tantos y tantos que la amamos y admiramos. He querido abrazar a Gaby, a Juanca, a su madre, valerosa y fuerte que dio al mundo a esta personita pequeña en estatura y gigante de alma… He imaginado el dolor y el espanto entre sus colegas de la Editorial de la Mujer donde echó raíces y cambió perspectivas, en el gremio y en las mujeres cubanas que perdemos un símbolo, ¿o lo ganamos?

Yo sé que ella no querría tanto llanto, que modesta como siempre, no le gustaría saber que es la causa de dolor y pena en cientos, miles de colegas y de amigos por todas partes del mundo, pero no podemos complacerla, no ahora mismo. El periodismo cubano está de luto, y nuestras lágrimas son flores para la más talentosa mujer periodista de nuestra generación.

Te abrazo en mi pensamiento y alma, Isa. Nunca estarás sola, porque tu don de gente, tu aura brillante, ya deben haber alertado A LA
INMORTALIDAD que allá vas con todo.

Por Zenaida Ferrer Martínez / Cubaperiodistas

Isabel Moya (d), durante un pleno del Comité Nacional de la Upec, en la sede de la organización (Foto: YAG)

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