No bastaron las palabras. Solo fueron necesarias algunas miradas para saber que, a pesar de que algunos tienen unas libras de más y la incertidumbre ya no forma parte del bregar de ninguno, no habíamos cambiado en casi nada.

En aquellos días de septiembre, hace 10 años, hacíamos un esfuerzo  sobrehumano para esconder los temores. Una foto marcó el momento en el que, poco a poco y sin ser plenamente conscientes, nos convertimos en protagonistas de una historia de laceraciones, estrés y rabietas adolescentes, pero también de cariño, responsabilidad y, en algunos casos más que otros, de unidad. Ese día iniciamos un camino sin retorno para convertirnos en lo que somos hoy, a pesar del lugar adonde nos llevó la vida: periodistas y amigos.

La primera graduación de Periodismo de la Universidad de Matanzas fue la proa que haló con fuerza el barco en el que, como tripulación, también compartieron una experiencia sin precedentes en la casa de altos estudios yumurina los profesores, quienes se iniciaron en una aventura por satisfacer los inquietantes y no pocos cuestionamientos de aquellos muchachos que se las sabían todas (o eso pensaban entonces) y querían comerse el mundo.

En el primer Encuentro entre egresados, estudiantes y profesores de Periodismo en Matanzas, auspiciado por la Unión de Periodistas de Cuba en la provincia, rememoramos fugas épicas, discusiones sin sentido de una época caracterizada por una inmadurez que ya no nos habita, los experimentos con nuestro grupo, el primero en graduarse, los avatares y ventajas que eso constituyó.

La cita se enriqueció con la participación de los profesionales del diario Juventud Rebelde quienes se refirieron al trabajo con los jóvenes y las maneras de seducirlos para que permanezcan en nuestros medios y la necesaria interrelación entre quienes se inician en el camino de la comunicación y los referentes. También se dedicó un panel a los elementos que condicionaron los primeros tiempos de la carrera en la provincia, un empeño que requirió no pocos esfuerzos y generó no pocas satisfacciones.

No bastaron aquellas pocas horas para mostrar fotos de los últimos tiempos; orgullosos, los padres nos hicieron partícipes de la inteligencia y la gracia de sus pequeños hijos, sobrinos por adopción del resto del grupo. Muchos no pudieron asistir por cuestiones de trabajo, alguien reposaba ante las molestias físicas de la gestación, otros, desde una latitud distante de la nuestra, desearían haber participado en el reencuentro.

Y es que los reencuentros de este tipo demuestran que, no importan las discusiones que una vez nos apartaron, el tiempo que haya transcurrido sin intercambiar una sola palabra ni la distancia que se interponga, la amistad siempre prevalece. Y la nuestra, matizada por espaguetis cocinados gracias a un calentador criollo, bailes y fiestas en la casa de la prensa cuando aún éramos casi niños, madrugadas en vela para luego responder un examen final y seminarios respondidos colectivamente, perdurará en el sentimiento de todos.

Los egresados de Periodismo de estos 10 años (tiempo que asusta, sorprende y enorgullece a la vez) en Matanzas volvieron a sentir ese deseo infinito de retornar a las aulas. Los estudiantes que hoy cursan la carrera se alimentan de la experiencia de quienes labraron el camino y escuchan con atención sus consejos.

Todos comparten la extraordinaria vivencia de ser parte imprescindible de una historia que ha trascendido en sus vidas, de 10 años de Periodismo y amistad.

Jessica Mesa Duarte / Cubaperiodistas

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