Araceli García-Carranza (d), Eusebio Leal Spengler y Eduardo Torres Cuevas, durante el panel efectuado en la sala Nicolás Guillén, en la fortaleza de La Cabaña, durante la 27ma Feria Internacional del Libro (Foto: Yoandry Avila Guerra)

Eusebio Leal Spengler es un hombre marcado por el extraño sino de la trascendencia: apasionado orador, cultivado erudito de la historia nacional y latinoamericana, admirador de la belleza e incansable batallador por el rescate del Patrimonio cultural de la nación y la restauración del Centro Histórico habanero.

Por ello, al historiador, ensayista, investigador y político, a todos los Leal que confluyen en el Leal de habla pausada y cautivadora, se le “mortificó” (pues para alguien profundamente humilde, recibir elogios en público, aunque merecidos, resulta una penitencia) en un encuentro que dedicado a su figura se desarrolló este 3 de febrero en la sala Nicolás Guillén, de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, como parte de la 27 Feria Internacional del Libro de La Habana, evento que en esta edición de 2018 le rinde homenaje a su impronta.

La investigadora y bibliógrafa Araceli García-Carranza, la articulista y profesora Ana Cairo Ballester, el escritor y docente Félix Julio Alfonso y el académico, historiador y pedagogo Eduardo Torres Cuevas, compartieron anécdotas y apreciaciones acerca de la labor del Historiador de La Habana, en un panel moderado por el periodista y director de Ediciones Boloña, Mario Cremata Ferrán.

García-Carranza recordó una sentencia del escritor Alejo Carpentier cuando distinguió a un delgado adolescente desconocido para él que, con apenas 17 años, se afanaba transportando adoquines y ladrillos por las calles de La Habana, y advirtió no perderlo de vista.

“Permanece incólume la voluntad de hacer y crear, la perseverancia y la tenacidad de sus años jóvenes, iluminada por su patriotismo. Su extensa trayectoria vital nos acerca a una vida creadora y laboriosa que parece referirse a la vida y a la obra de varios hombres a la vez, abrazados a la pasión de la historia de Cuba y de América, de varios hombres abrazados a la pasión de crear para hacer perdurable la memoria histórica y el Patrimonio cultural de Cuba”, reseñó.

En cuanto a la labor de restauración de la Oficina del Historiador (OH), con Leal al frente, destacó que el proyecto ha rescatado de las ruinas una parte del Patrimonio histórico en beneficio de la sociedad, en el orden económico, político y social.

“En su tarea no ha perdido el sentido de lo humano. Leal no solo ha restaurado y ha rehabilitado inmuebles, sino que ha desarrollado acciones para el mejoramiento de la vida espiritual y material de los habitantes de su entorno”, resaltó.

El Doctor en Ciencias Históricas Félix Julio Alfonso, docente del Colegio Universitario de San Gerónimo, destacó la labor del homenajeado a la cabeza de la OH, en el rescate del pasado construido en lo más añejo de nuestra capital.

Alfonso resaltó la incansable tarea de comunicador del Patrimonio, del entonces  joven museólogo, quien se mantuvo dictando conferencias en torno a estos temas y en un acto cultural inédito, durante la Zafra de los Diez Millones, trasladó exposiciones itinerantes por los centrales.

Subrayó las intervenciones en los castillos del Morro y La Cabaña coordinadas por el historiador de la capital en el año 1987. A las que se sumaron en esa época otros lugares como la Casa de México, la Iglesia de San Francisco de Asís, el Gabinete de Arqueología, la Cortina de Valdés y el Convento de Santa Clara, entre otros, rehabilitándose más de 60 edificaciones en una década que en su conjunto mostraron la potencialidad de los monumentos recuperados.

Bajo su gestión en la OH, siguiendo la obra de su predecesor Emilio Roig de Leuchsenring, pero con un perfil propio, acentuó que “la Habana Vieja se convirtiera en laboratorio de ideas y proyectos sobre el fututo de la ciudad histórica teniendo siempre como eje vertebrador a la cultura y como inspiración principal al ser humano”.

Mientras, la ensayista y docente Ana Cairo Ballester, profesora de la casa de altos estudios habanera, manifestó que el también Premio Nacional de Ciencias Sociales es un gran ejemplo del desarrollo del humanismo revolucionario en Cuba, heredero de destacadas figuras como Carlos Manuel de Céspedes, José María Heredia y Pedro (Perucho) Figueredo.

“Leal representa la gran tradición de una intelectualidad que una parte de ella se formó con métodos autodidactas, sobre todo, los que venían de la cultura popular, los que venían de los medios de la pobreza. Los que no tenían dinero para cursar estudios pero que a esfuerzo personal y con la ayuda solidaria de otros intelectuales se hicieron a sí mismos.

Igualmente, lo expuso como buen ejemplo de patriotismo y de humanismo revolucionario, “porque ser revolucionario es ser también un hombre capaz de transformar con todos tus tipos de saberes la sociedad en que vives”.

“Leal es un buen ejemplo de una intelectualidad popular. Vayan por la calle Obispo, vayan por Oficios, y ustedes verán que la gente no le dice ni Leal, ni Doctor, le dice «Usebio». «Usebio» es un mito.

“Eso nos está enseñando algo importante y algo que «Usebio» también aprendió de uno de sus grandes maestros que fue Fidel. A Fidel en el 59 nadie le decía comandante ni primer ministro, le decían Fidel.  (…) Yo creo que también uno de esos grandes maestros de ese trabajo intelectual popular es Fidel Castro. Leal es un buen hijo de Fidel Castro porque Leal aprendió con Fidel la importancia de atender a las personas. De oír a la gente, de atender a la gente y de solidarizarse con los problemas de la gente”.

“Creo que todavía no hemos hecho el análisis de lo que ha significado la personalidad de Eusebio en esta época”, manifestó el investigador y académico Eduardo Torres Cuevas, su contemporáneo.

“Confluimos en una generación que tuvo grandes retos. Probablemente una generación que tuvo un reto único que era cambiar a Cuba. Hay que leer aquella tesis martiana que para mí define el patriotismo de Eusebio “Patria es unión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas». Amor y esperanza. Yo creo que Leal, repitiendo también una frase de Martí”, fue uno de los hombres “más reales y útiles” de nuestro tiempo”.

Buscando el necesario equilibrio en todo, ante tanto elogio merecido y sin excesos, se atrevió un miembro del panel a debatir la impronta del Historiador de La Habana: “Me corresponde a mí hablar mal de Eusebio Leal y con razones suficientes”, expresó el propio aludido.

“Fui lo que fui, como dice una canción. Lo que ustedes han dicho no se refiere a mí, sino como ustedes decían a una figura que yo he animado. Eusebio  Leal es una figura que yo he animado y que resucita siempre. Lo hicieron los historiadores precedentes, lo hizo el Doctor Roig. Me tocó a mí y le tocará a otro. Vendrán con otros nombres.

“Me alegro de haber vivido mi tiempo, porque es una tontería pensar que pudimos haber vivido en otro. Es una tontería. El mejor tiempo es el que nos tocó vivir, con sus desafíos, con sus partidas, con sus retornos, con sus aciertos.

“Me complace haber contribuido de alguna manera a hacer algo. Me complace, porque la vida es inútil. Créanme que lo único que siento es que se haya ido muy pronto, como un pestañar de hormigas se fue todo. Se fue todo. Y como decía Dulce María: «Me llegó tarde el amor y la fama»”, pronunció.

Estuvieron presentes Abel Prieto Jiménez, ministro de Cultura de Cuba; Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro y de la  Comisión Organizadora de la 27 Feria Internacional del Libro; y Luis Morlote Rivas, vicepresidente primero de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Al finalizar el encuentro se le entregó a Eusebio Leal el Sello Conmemorativo Antonio Bachiller y Morales, de la Asociación Cubana de Bibliotecarios. Igualmente, se pusieron a la venta reediciones de cuatro de sus títulos: Aeterna sapientia, Fiñes, Hijo de mi tiempo y La luz sobre el espejo.

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