Edición del tricentenario del Diccionario de la lengua española (Foto: EFE)

Por lo general, demora más de una década la publicación de una nueva edición del Diccionario de la Lengua Española (Drae): la última ocurrió en el 2014 y la anterior había tenido lugar en el 2001. Para la última edición, la vigésimo tercera, gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías se creó una serie de mecanismos que permitieron que, desde mucho antes de la publicación en papel, fueran divulgadas las propuestas de adición, modificación o supresión. Ello propició la retroalimentación e, incluso, en algunos casos, la rectificación.

Esos mismos mecanismos permiten que hoy, apenas tres años después, la Real Academia Española (RAE) esté dando a conocer 3345 modificaciones, que recogen adiciones, enmiendas y supresiones. Además, la RAE ha anunciado que la actualización tendrá un carácter anual. No debe olvidarse que es este un esfuerzo conjunto de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), en la cual, por supuesto, estamos bien representados los americanos, pues los hispanohablantes en este continente somos mayoría.

Entre los nuevos vocablos aparecen algunos que son resultado del propio desarrollo de las tecnologías, pues gracias a ellas hoy puede contarse con audiolibros —de audio-, elemento compositivo que significa “sonido, audición” + libro, sustantivo masculino que significa “grabación sonora del texto de un libro”— y también, por ellas existen crackers, sustantivo válido tanto para el masculino como para el femenino , que quiere decir “pirata informático” y hackers, que aparecía con la definición que hoy se da a cracker y ahora pasa a ser, además “persona experta en el manejo de computadoras, que se ocupa de la seguridad de los sistemas y de desarrollar técnicas de mejora”.

Del mundo de la gastronomía, llegan nuevas palabras como halal, del árabe ḥalāl, “permitido, no contrario a la ley”, que es adjetivo referido a “la carne procedente de un animal sacrificado según los ritos prescritos por el Corán”; pero, además, dicho de un menú o producto alimenticio “que no está elaborado con carne de cerdo ni con carne no halal y que no contiene alcohol ni conservantes” o en alusión a un establecimiento “que vende o sirve productos halal” y también hummus, del árabe hummus, que significa “garbanzo”; este sustantivo masculino da nombre a una “pasta de garbanzos, típica de la cocina árabe, aderezada generalmente con aceite de oliva, zumo de limón, crema de sésamo —ajonjolí— y ajo”. Con estos y otros términos se reconoce la influencia del mundo árabe en las culturas española y universal.

Otra de las nuevecitas y muy curiosa, por cierto, es aporofobia, del griego ἄπορος áporos “pobre” + -fobia), cultismo femenino que da nombre a la “fobia a las personas pobres o desfavorecidas”. A mi juicio, lo curioso está en que lo que menos debían inspirar los pobres es miedo; pero se considera que el rechazo a los emigrantes, más que xenofobia es precisamente aporofobia. Esta ha sido elegida por Fundeu la palabra del año.

Como se sabe, en la mitología griega, Fobos —hijo de Ares, dios de guerra, y Afrodita, diosa de la belleza— se convirtió en la personificación del pánico y su nombre adquirió el significado de “miedo”. Así, una fobia es “un trastorno emocional o psicológico que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado, un temor irracional compulsivo a objetos o situaciones”. Se han identificado más de quinientas fobias; son tantas y tan diferentes, que prácticamente son infinitas. El término -fobia, como elemento compositivo, ha dado lugar a numerosas voces del idioma.

En sucesivos trabajos seguiremos divulgando algunos de estos nuevos vocablos o acepciones. No obstante, resulta conveniente recordar que para que una palabra se incorpore al Drae tiene que ser primero aceptada en el uso común.

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