Tras acariciar durante 22 años la idea de tener en la capital cubana una réplica de la estatua ecuestre de José Martí emplazada en el Parque Central de Nueva York, Eusebio Leal Spengler, historiador de la Ciudad de La Habana, vio materializado ese empeño que tuvo que sortear no pocos escollos.

Leal Spengler confirmó a la Agencia Cubana de Noticias que a las siete de la mañana del próximo 28 de enero será inaugurada la pieza en bronce de la estatua, de 8,5 toneladas, sobre un pedestal de mármol negro.

Ubicada en el Parque 13 de marzo de La Habana, el lugar escogido tiene una alta significación: desde la terraza norte del Palacio de la Revolución habló varias ocasiones el líder de la Revolución, Fidel Castro; la estatua de Martí está en línea, tras la de Máximo Gómez, el generalísimo que lo acompañó en la hora definitiva; y mirando al mar, hacia ese país que el Apóstol conoció como pocos.

En su cuenta en la red social Twitter, Josefina Vidal Ferreiro, directora general de Estados Unidos de la Cancillería antillana, agregó que la ceremonia contará con la presencia de un nutrido grupo de estadounidenses y cubanos residentes en la nación norteña, quienes contribuyeron a hacer realidad este hermoso proyecto.

La escultura, realizada por la artista norteamericana Anna Hyatt Huntington en la década del cincuenta del pasado siglo, evoca el momento en que una bala enemiga quita la vida al héroe de las luchas de independencia de la Isla.
Es la más bella escultura que se conoce del Apóstol, además porque es ecuestre, resaltó el Historiador de la Ciudad en conversación con la prensa.

Narró que no fueron pocos los escollos a sortear para poder traer la réplica martiana a la mayor de las Antillas, que se concretó con la ayuda desinteresada de quienes apuestan por un nuevo tipo de relación entre Cuba y Estados Unidos.

Fue posible durante el mandato del presidente norteamericano Barack Obama, señaló, antes de confesar que le pidió al propio mandatario que no hubiese obstáculos para realizar la réplica y traerla a Cuba.

Rememoró la conversación sobre el tema con el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, un hombre progresista, dijo, pues se necesitaba la aprobación de la Dirección de Parques y recreación de la ciudad para realizar la copia.

Cuando estuvo la autorización fue preciso buscar dos millones de dólares que Cuba no tenía para aportar a esa causa y lo hicieron instituciones amigas –como el Museo del Bronx, al frente del cual estaba hasta su fallecimiento la señora Holly Block– que creían en que los puentes tendidos entre las dos naciones serían permanentes, apuntó Eusebio Leal.

No hay un solo centavo de dinero mal habido, subrayó. Insistió que todo lo recaudado para traer la réplica de Martí a La Habana fue donado por instituciones culturales, personas individuales y por la emigración patriótica, porque los otros se opusieron y en el último momento vinieron nuevos obstáculos para poder sacar la estatua de EE.UU. tras los anuncios de medidas anticubanas hechos por la administración de Donald Trump.

La estatua entró en el Puerto de La Habana, resaltó Leal Spengler, el mismo día en que un grupo de diplomáticos cubanos eran expulsados de Washington por el gobierno norteamericano.

Incluso faltaba medio millón de dólares y apareció una dama mexicana, todo muy simbólico porque la amistad de Martí con México fue poderosa, allí se casó y tuvo amigos entrañables, rememoró el Historiador de la Ciudad de La Habana quien comentó cómo esa mujer preguntó cuánto hacía falta y dijo: “Aquí está”.

Para Eusebio Leal el acontecimiento del próximo 28 de enero tiene un significado especial porque coincide con el aniversario 165 del natalicio de José Martí, y en el año de los 150 del inicio de las guerras de independencia, y que sea esta la réplica de un monumento hecho en Estados Unidos por una admiradora del Héroe Nacional.

Como si todas las vicisitudes no fueran suficientes, recordó que después de emplazada la estatua en La Habana, con el protagonismo de la Oficina del Historiador y las empresas Restaura y Puerto Carena, le atormentaron porque había una letra mal colocada en el epitafio que escribió Gonzalo de Quesada en su época.
Hay quien se dedica a buscar la letra, cuando en realidad lo maravilloso es la escultura, criticó, antes de resaltar que “vinieron los lapidarios desde Estados Unidos, arreglaron la letra y nadie puede decir ahora que allí alguna vez hubo un error”.

Este miércoles, en un acto cargado de simbolismo, señaló Leal Spengler, fue enterrada la caja con las memorias –a cuatro o cinco metros de profundidad– cuestión fundamental en los grandes monumentos, para la posteridad, como un mensaje para el tiempo futuro.

A una pregunta de la prensa sobre la inauguración de esta estatua en La Habana en un contexto adverso en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, comentó que el sacrificio de Martí no fue inútil y parafraseó al Apóstol: “Mi verso crecerá: bajo la hierba, yo también creceré”. Martí imaginó el momento sublime: “sin patria, pero sin amo” y hoy él tiene una Patria que no tiene amos, con las flores y la bandera, apuntó.

La escultura ecuestre que tendremos los cubanos para la posteridad es la imagen del sacrificio, del soldado, la del Mayor General del Ejército Libertador de Cuba como en su tiempo fue equiparado con los grandes de la Patria, concluyó.

Jorge Legañoa Alonso / Agencia Cubana de Noticias

CONFERIDA LA ORDEN DE LA AMISTAD, DE RUSIA, AL HISTORIADOR DE LA HABANA

El embajador de Rusia en Cuba, Mikhail L. Kaminyn, condecoró en La Habana a Eusebio Leal Spengler, Historiador de La Habana, con la Orden de la Amistad, por los méritos del cubano en el fortalecimiento de la unión entre las culturas de ambas naciones.

En ceremonia celebrada en la sede de la legación rusa en la capital cubana y que contó con la presencia de amigos y personalidades del Estado y Gobierno de la Isla, Kaminyn resaltó que se le impuso la alta condecoración a Leal por ser acreedor de un sólido prestigio en los ámbitos académico y social, conquistado a fuerza de talento, sapiencia y sensibilidad.

Destacó la trayectoria del Historiador y su actuación en Cuba y fuera de ella, que han hecho de él y su pensamiento y labor, una presencia insustituible en cualquier recuento de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI en la mayor de las Antillas.

Leal Spengler, quien es acreedor de incontables premios, reconocimientos y condecoraciones nacionales y extranjeras, dijo recibir la Orden de la Amistad como testimonio de las relaciones históricas entre los dos países que nada ni nadie podrá borrar. Esa amistad entre Rusia y Cuba ha vivido distintos momentos de intensidad a lo largo del tiempo, pero la cultura, el arte, el quehacer revolucionario y el pensamiento dejaron una huella imborrable, subrayó.

Agradeció al presidente Vladimir Putin por la Orden que le fue impuesta y ponderó su figura como líder de esa nación y cómo logró encender nuevamente la llama del culto al pasado de ese país.

Recordó al líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, como impulsor de la amistad entre Rusia y Cuba y su idea de construir en La Habana el templo de la Iglesia Ortodoxa bajo ícono de Nuestra Señora de Kazán, hito trascendental en la armonización de los nexos bilaterales.

Comentó a la prensa que las dos naciones pudieron sortear los obstáculos del tiempo y las circunstancias por los lazos filiales, pues muchos cubanos se casaron allá, tuvieron hijos y fueron incluso cristianizados en la ortodoxia.

No se puede borrar la historia, reiteró, ni la de la Revolución social en Rusia, ni la de la Unión Soviética, con sus luces y sombras, que afirmó debe ser, sobre todo, explicada.

Mikhail L. Kaminyn calificó a Leal Spengler como una personalidad excepcional y un acucioso pensador, consecuente con los retos que ha tenido que enfrentar como amigo de Rusia, y ponderó su labor en la ejecución del templo de la Iglesia Ortodoxa Rusa en la parte más antigua de la capital cubana.

Apuntó que el aporte del Historiador fue invaluable para erigir la edificación bizantina, proyecto arquitectónico sin precedentes en Cuba, primero en la cuenca del Caribe y uno de los más grandes del hemisferio occidental, que fue asumido por especialistas de la Oficina del Historiador que Leal Spengler dirige, hasta llegar a la consagración del templo en 2008.

La Orden de la Amistad fue constituida en 1972 en la extinta Unión Soviética como Orden de la Amistad de los Pueblos y con anterioridad fue entregada a otros cubanos como Ricardo Cabrisas, ministro de Economía y Planificación, al General de Brigada Arnaldo Tamayo Méndez, primer cosmonauta latinoamericano y a diplomáticos antillanos que se han desempeñado en ese país.

 

Radio Cubana

 

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