El repertorio de imágenes que exhibe Roberto Chile en la galería Collage Habana, del bulevar de San Rafael, llega al espectador por la fuerza emotiva del lenguaje fotográfico, pero al mismo tiempo apela a la intelección de un discurso que mucho tiene que ver con las raíces y el destino de la nación.

En Somos se resume una experiencia sociocultural para nada constreñida al color de la piel de los protagonistas ni sus credos. Aunque una primera lectura conduce a la revelación de momentos relacionados con la religiosidad popular de orígenes africanos, mucho más importante resulta el reflejo de una sensibilidad, de un modo de ser, de un impulso vital.

No hay poses ni estereotipos, el lente de Chile obra en correspondencia a la autenticidad con que hombres y mujeres desarrollan y defienden su entorno espiritual.

Lo suyo es, como ha dicho, «mostrar la realidad sin pensar en el mercado ni en apretar el gatillo con instintos comerciales; y es así cuando quiere decir la verdad, ama lo que hace y a las personas que nos permiten amarlos».

Aunque el artista no tiene formación antropológica, indiscutiblemente nos ofrece una visión asociada a esa disciplina de las ciencias sociales, acerca de una singularísima e imprescindible zona del tejido social cubano.

A ese logro contribuye la pupila entrenada de quien cuenta con una larga trayectoria como realizador audiovisual y ha trabajado estrechamente vinculado a la vanguardia de las artes plásticas

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