El Chac Mool martiano, obra del escultor José Negrín, quedó instalado en el jardín de la sede nacional de la Upec, en La Habana, en el año 2007.

El Dios de la Lluvia, Chac Mool Martí, se instaló en el jardín de la Casa de la Prensa, en la esquina de J y 23, Vedado, La Habana, aquella mañana de marzo de 2007 en que el Historiador de la capital, Eusebio Leal, tuvo a su cargo las palabras de inauguración y llamó la atención sobre una casi insólita acción de la Naturaleza, como leerán a renglón seguido.

Qué misterio se cumple esta mañana: una nube amenazando lluvia viene a ser como el dosel natural del que fue identificado como Dios de la Lluvia. En el momento en que de la visión que de él tuvo José Martí y de la cual el profesor Jorge Bermúdez deja en su ensayo, especialmente preparado para hoy, un análisis histórico, arqueológico y antropológico válido para la interpretación de este acto.

El Apóstol de la independencia de Cuba sintió una singular atracción por la figura de Chac Mool y por eso se dibujó a sí mismo como tal, cuyo boceto le sirvió de inspiración al destacado escultor René Negrín para esculpir la obra que aparece en el jardín de la Casa de los periodistas cubanos, ubicada en 23 e I, en el Vedado habanero. Hasta la fecha se han descubierto en las regiones donde se asentó la cultura maya, sureste de México y parte de Centroamérica, unas 100 versiones de Chac Mool.

En otro momento de su discurso, expresó Leal: Muchos pasarán y verán el monumento de Chac Mool, obra preciosa de Negrín, y preguntarán qué excentricidad es esta: colocar el rostro de Martí en un ídolo antiguo ¿qué nuevo culto querrán establecer los cubanos? Crasa ignorancia. Fue él mismo el que hizo el retrato, fue él mismo el que se vio en ese espejo, él se vio Chac Mool, quiere decir se vio América.

En el momento del hallazgo arqueológico del Chac Mool de Chichén Itzá o “pozo de los itzaes”, Martí se encontraba en La Habana, pero antes había vivido en Guatemala y en México, lugares desde donde regresó deseoso de expresar la necesidad de redención de los pueblos indígenas y escribió que de la cruenta absorción de aquella raza quedó algo: el espíritu que resiste siempre al acero, al hierro y al fuego.

Sobre el trascendental acontecimiento arqueológico, Martí impartió una conferencia en el Liceo Artístico y Literario de Guanabacoa, y fue allí donde calificara la escultura del Chac Mool de soberbia y vengativa y añadió: acaba de erguirse, allá del fondo de intrincada selva, la estatua de Chac Mool, y del pozo de los sabios de Chitchen, y las pinturas murales de Uxmal.

La hermosa escultura del Chac Mool Martí concebida por Negrín, en ocasión del 115 aniversario de la fundación del periódico Patria y la Jornada por el Día de la Prensa Cubana, está realizada sobre un bloque de piedra, blanca perlada, de unos dos metros de largo por 1.50 de altura. Ella revela al Dios de la Lluvia sentado con la pierna levantada, y adornado en la cabeza con un penacho maya. Al decir de estudiosos, esta obra es muy parecida a la descubierta alrededor de 1879, por el arqueólogo estadounidense Le Plongeon, durante sus excavaciones en Chichén Itzá, ciudad de la cultura maya del período entre 900 al 1500 n.e.

Tanto emocionó a Martí la antiquísima escultura del Dios de La Lluvia mirando al Oriente, que sintió la necesidad de hacer pública su admiración y más, la recreó en dibujos, para sin proponérselo legarla con su inspiración artística a nuestra cultura. A propósito de lo cual, enfatizó Leal: Siga Chac Mool mirando al Oriente esta vez tras de tus ojos Martí, esos ojos que para nosotros no se han cerrado nunca.

¿Qué es el Oriente?, preguntó Leal y respondió: Nosotros, las islas, el punto de partida, el lugar de encuentro, a parentesco de Chac Mool con Tlaloc, Dios de la lluvia, de los que descendieron de Tulac una vez, de la tierra de los atlantes, de los que creyeron con firmeza cósmica que verían bajar benéfica un águila poderosa y posarse desgarrando la cabeza de una serpiente sobre unas tunas en un islote, origen de una de las más míticas y hermosas ciudades de la antigüedad americana: Tenochitlán, México, para llegar allí y rodando la idea de que debía escribir sobre América, pasar luego a Guatemala en un largísimo viaje en barca, en mulas, contemplando lo nunca antes visto.

Por Ángela Oramas Camero / Cubaperiodistas

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