La lengua se modifica y por distintas razones: una de las más importantes es la presión de los cambios sociales y en lo que a estos se refiere, hoy en día, presiona la creciente participación de la mujer en todas las esferas de la vida.

Los nombres de oficios —aunque sabemos que originalmente la variante femenina se empleaba para la esposa en muchos casos— tienen doble terminación: para el masculino y para el femenino: ya sea por el cambio de los morfemas –o, -e en -a o por la simple adición de este último como vemos en: labrador/labradora, panadero/panadera, molinero/molinera, bordador/bordadora, locutor/locutora, monje/ monja, escritor/escritora y tantos similares, o por el uso de sufijos más cultos característicos del femenino como -esa, -isa, -iz, que podemos ver en alcalde/alcadesa, poeta/poetisa, actor/actriz y otros. Incluso, en otros casos, es necesario recurrir al artículo para establecer la diferenciación: la periodista/el periodista, la solista/el solista, la estudiante/el estudiante…

No son muchos los oficios que emplean el sufijo -a y, sin embargo, dan idea indistintamente de uno u otro género, como atleta, policía, taxista, o se inclinan por uno u otro como ebanista por el masculino o comadrona por el femenino.

Hay algunos nombres de oficios que causan serios problemas, pues aunque, por ejemplo, existen muchas mujeres que hoy se dedican profesionalmente a la música, este término ha estado tradicionalmente reservado a la manifestación artística; pero al pasar a ser ocupación de los dos sexos, indistintamente, ¿por qué ha de prescindirse de una marca de femenino perfectamente utilizable en español y que, incluso, aparece recogida en el Drae? No tiene nada de particular que hablemos de “reconocidas músicas cubanas” y solo es cuestión de comprensión y de hábito que entendamos que se hace referencia a profesionales y no a piezas musicales.

¿Por qué seguimos hablando de médico, abogado, ingeniero, arquitecto, general… tanto cuando nos referimos a un hombre o a una mujer? Las variantes femeninas están aceptadas hace mucho rato…

Hace unos años, una ministra del gobierno español utilizó la palabra miembra y levantó una oleada de comentarios; otra se llamó a sí misma lideresa y para qué decir. No obstante, el académico Salvador Gutiérrez, catedrático de Lingüística de la Universidad de León, concedió que “lo que hoy suena peregrino, mañana puede ser norma si la población comienza a utilizarlo”.

Y ganarán mayor empleo los vocablos femeninos para nombrar profesiones y oficios, en la medida en que crezca el espacio que la mujer ocupe en la sociedad y nos decidamos a emplearlos.

La aceptación de nuevos nombres de oficios femeninos por parte del conjunto de las 22 academias de la lengua depende del uso que hagamos de ellos. Muchos han entrado ya en el diccionario y otros que se emplean con frecuencia seguramente entrarán en breve tiempo, pues, como suelo reiterar, es el uso el que acaba determinando la norma.

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