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Cuba ostenta un record mundial, olímpico y panamericano

Digan lo que digan las campañas de mentiras, el respeto de Cuba a la vida de los periodistas es un récord.

Refiriéndose al compromiso con la verdad, el compañero Ernesto Vera solía advertirnos sobre la paradoja de que el periodismo en América Latina es la única profesión en la que cumplir el código de ética puede costar la vida.

Dentro de pocos meses conmemoraremos el aniversario 60 de la muerte de Carlos Bastidas Argüello, último periodista asesinado en Cuba. La historia de Bastidas como periodista está recogida de manera excelente en el libro Andanzas de Atahualpa Recio, escrito por Juan Marrero y publicado por la Editorial Pablo de la Torriente, y la versión digital puede descargarse ya en cubaperiodistas.cu.

Fue el clásico reportero, con un olfato, energía y objetivos, que desde niño se perfilaba como tal, que trabajó para diversos medios. A los 14 años hizo una entrevista a Velazco Ibarra, presidente del Ecuador, que insertó en una revista estudiantil. Las andanzas de Bastidas lo llevaron a Estados Unidos, donde entrevistó a otro Presidente, a la Hungría invadida por la Unión Soviética, a Colombia tras la huida del dictador Rojas Pinilla y a Venezuela todavía bajo la tiranía de Pérez Jiménez.

Pretendió viajar a Santo Domingo, con la esperanza de trasmitir el derrocamiento de Trujillo, pero le prohibieron el ingreso. Fue entonces que dirigió su mirada a Cuba, donde su pueblo enfrentaba con las armas a otro sátrapa.

Él sabía, como alguien dijo, que hacer periodismo a veces era como escribir poesía sobre el lomo de un tigre, y aquí llegó en marzo de 1958 con su libreta de notas y la cámara para descubrir la verdad, compartirla y afrontar los riegos.

Su simpatía hacia las luchas por la justicia social se fue acentuando a medida que investigaba y contrastaba las realidades de nuestras naciones, en las que predominaban estructuras neocoloniales, regenteadas por oligarquías nacionales y el poder económico extranjero. Las ideas expuestas en sus trabajos y su activismo personal lo fueron poniendo en la mira de los enemigos de cualquier cambio de signo popular.

En una conferencia impartida en Medellín en 1957 sobre la situación de la población indígena ecuatoriana, Bastidas definía claramente su pensamiento y sensibilidad. Allí, señaló: “La tierra que ahora laboran les pertenece. Les pertenece desde cualquier punto de vista”. Malas palabras en una zona de América donde hacía muy poco la hermana Guatemala pagó con centenares de miles de muertos, el intento de hacer una reforma agraria.

Ese fue el reportero que una vez en la Sierra Maestra se dirigió a los campesinos, convivió con los combatientes, habló por Radio Rebelde y entrevistó a Fidel Castro.

Única foto conocida del encuentro en la Sierra Maestra, en 1958, de Fidel Castro y Carlos Bastidas.

Concluyó sus reportajes y bajó de las montañas, en los días en que el Comandante en Jefe preparaba las fuerzas rebeldes para enfrentar una ofensiva de 10 000 soldados del régimen contra el bastión revolucionario.

El entorno del Capitolio, donde nos reunimos hoy, mueve a imaginar la atmósfera de la capital cubana en 1958, convertida en una ratonera para el joven llegado de la Sierra, que era vigilado de cerca. Documentos desclasificados de la CIA revelan que la Embajada de Estados Unidos tenía información del periodista ecuatoriano en Cuba y su paso por la Sierra Maestra, lo que facilitó la localización y su posterior asesinato.

Carlos se hospedó en el hotel Pasaje, visitó la misión diplomática de su país, fue recibido en el Colegio de Periodistas y debía contactar con una persona que le entregaría correspondencia para los exiliados revolucionarios en Estados Unidos, país a donde se dirigiría de inmediato.

La cita sería en el Bar Cachet, de Prado, entre Neptuno y Virtudes, pero antes llegó un grupo de policías comandados por el cabo Orlando Martínez, un matón de la policía de investigaciones, quien provocó a Bastidas, lo derribó de un golpe y ya en el suelo le disparó mortalmente en la cabeza.

Al triunfo de la Revolución el asesino, autor de otros crímenes, encontró refugio en Estados Unidos, donde hasta hace pocos años sabíamos que vivía tranquilamente, junto a otros criminales, malversadores y terroristas.

En una oportunidad, leyendo el “Diario de un Combatiente, de la Sierra Maestra a Santa Clara”, del Che Guevara, me llamó la atención, lo escrito el 22 de mayo de 1958, sobre lo trasmitido ese día por Radio Rebelde: Cito: “Fidel lee personalmente un trabajo sobre el asesinato del periodista ecuatoriano Carlos Bastidas”.

¿Y qué había dicho Fidel? En una de sus partes, señaló:

“Lo que ocurrió a Carlos Bastidas no tenía nada de extraño -si se considera que algunas semanas atrás otro reportero que salió de la Sierra, el periodista español Enrique Meneses, corresponsal de la revista francesa París-Match, fue detenido en La Habana, torturado y obligado a retractarse vergonzosamente de las informaciones que sobre los rebeldes de la Sierra Maestra y el Movimiento 26 de Julio había escrito para la revista Bohemia, París-Match, United Press y otros órganos y agencias de noticias.

“Carlos Bastidas –agregó- era más rebelde, nadie hubiera conseguido hacerlo retractar o denunciar los contactos que lo habían auxiliado para venir a la Sierra Maestra. Su aversión a las dictaduras era tal que en los días de su visita a nuestro campamento que coincidieron con la huelga solicitó y se le concedió hablar desde nuestra emisora rebelde al pueblo de Cuba, poniendo en función de nuestra causa sus magníficas dotes de orador y prosista, saliendo al aire desde la planta número 2 con el nombre simbólico de Atahualpa Recio.”

Y continuaba: “Atahualpa Recio que desde aquí habló muchas veces a nuestros oyentes, que desde aquí vertió su inquietud de periodista combativo que no podía cruzarse de brazos en medio de la contienda, que desde aquí patentizó la solidaridad de la raza y de la sangre de la América irredenta con la causa justa de nuestro pueblo, ha caído. Los que conocen la proverbial gratitud de los cubanos, hacia los hombres que en todas nuestras epopeyas libertadoras han venido de lejanas tierras a dar su sangre y su vida por nuestra patria, comprenderán nuestro dolor.”

“Carlos Bastidas fue asesinado por los esbirros de la tiranía de Batista –denunció Fidel. Se asesinó al periodista indoblegable, se asesinó al revolucionario, se asesinó al hermano de América Latina que no mereció para el tirano el respeto que le inspiran los hombres del norte. Batista sabe a quién golpea y a quien mata. No hubiera ocurrido así si se trata de un periodista norteamericano: eso lo comprende todo el mundo. Pero no solo unos son dignos de respeto, también merecen respeto los periodistas de América Latina; también merece respeto el periodista español, el periodista francés, el periodista y el ciudadano de cualquier parte del mundo.”

“Si el crimen es repugnante en todas sus formas es mucho más cuando se ceba cobarde contra los más débiles e indefensos.”

Y dijo también:

“Ya no solo se establece contra la prensa la más rígida censura, ya no solo se impide la divulgación de toda noticia para el país y para el extranjero, sino que se asesina a los periodistas que tratan de llevar al mundo la verdad de lo que ocurre en Cuba.”

Tubal Páez: “Mis colegas no portarán nunca un estandarte que recuerde una víctima.” Foto: Yoandry Avila/ Cubaperiodistas

Sesenta años después de aquellas palabras, en el Día de los Derechos Humanos queremos resaltar que Cuba es territorio libre de agresiones, asesinatos y desapariciones de periodistas; que respeta la integridad física y moral de los trabajadores de la prensa, tanto de los que trabajan en los medios cubanos como los corresponsales de otros países acreditados en La Habana.

Un país donde no existe familia en la que falte un padre o una madre, un hijo o una hija, un hermano o una hermana, por ejercer nuestro noble oficio.

Mis colegas no portarán nunca un estandarte que recuerde una víctima, que reclame justicia o exija el fin de la impunidad ante los asesinatos de sus compañeros; si acaso exhibirán algo será un símbolo pequeño en su ropa, pegado al corazón, con el rostro de Carlos, como agradecimiento a un colega que vino a darnos aliento en momentos difíciles y como orgullo de ejercer el periodismo en un país libre donde se respeta la verdad como atributo supremo de la palabra.

Digan lo que digan las campañas de mentiras, en tiempos donde matar periodistas se hace cada vez más frecuente, este respeto de Cuba a la vida de los periodistas puede inscribirse como un record mundial, olímpico y panamericano.

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