Brady Izquierdo, o la voluntad infinita de persistir

Brady Izquierdo, destacado humorista gráfico cubano

Desde aquel quinto grado en que descubrió que, con ciertas dosis de realismo, podía plasmar el entorno circundante en una hoja de papel, hasta su más reciente lauro (mención en el XXIX Salón Nacional de Caricatura Personal Juan David, 2017), mucho ha bregado el caricaturista, historietista, ilustrador y artista de la plástica Brady Izquierdo
Rodríguez.

Su primer acercamiento con rigor académico a conocimientos del dibujo y la construcción y composición de la imagen lo tuvo en la enseñanza secundaria básica, cuando un profesor lo preparó para los exámenes de ingreso a  la
Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro.

San Alejandro no se dio, y luego de sus estudios preuniversitarios Brady matriculó Educación Plástica en el Instituto Superior Pedagógico Rubén Martínez Villena, graduándose en el año 2007.

Durante el pre y la universidad descubrió una vis cómica acompañante y comenzó a vincular esa habilidad de provocar la risa con el dibujo. En el quinto año de la carrera, fruto de la comicidad llegó a ser finalista de Los
amigos de Pepito, un programa humorístico de la Televisión Cubana,  y también obtuvo sus primeros premios como humorista gráfico en el concurso llamado Chispa joven, auspiciado por el semanario Palante.

Desde esos lauros a la fecha, se ha convertido en uno de los máximos exponentes de la nueva generación de creadores que continúan la rica tradición del humor gráfico cubano: lo avalan más de 30 exposiciones
personales y colectivas, múltiples reconocimientos en certámenes sobre el género y su firma en publicaciones especializadas como Palante, La Calle del Medio y el semanario dedeté del periódico Juventud Rebelde.

A sus 34 años, de carácter jovial y  risa fácil, pudiera confundirse con uno de los personajes de sus obras. Si de un síndrome padeciera, sería el de la perenne intranquilidad.

Mientras nos arriesgamos a que ante una de nuestras preguntas a cada instante resuene el martiano látigo de cascabeles en la punta, dialogamos con Brady acerca de su impronta, el ejercicio creativo y la salud en la
Mayor de las Antillas del arte del doble sentido, los trazos atrevidos y los rasgos exacerbados.

Jack Nicholson visto por Brady

Si bien has desarrollado todos los géneros de humor gráfico, en tu obra hay una preponderancia de la caricatura personal, ¿a qué se debe esto?

La caricatura personal la estoy trabajando muy fuerte pues uno de los medios digitales con los que colaboro se llama Habana Music School, un sitio web dedicado a la promoción de la música y los músicos cubanos.

Realizo un trabajo constante de artistas de este ámbito y eso en parte ha beneficiado que tenga un cúmulo creciente de obras.

Es un género con el que me siento cómodo. Me esfuerzo mucho para poder lograr mi sello, buscar una identidad,  y aunque es muy arriesgado, me parece interesante seguir trabajando esta línea.

¿Cuál es la clave para que una caricatura personal sea lo más fidedigna posible? 

La caricatura personal es muy trabajosa. Nunca te puedes quedar con la primera imagen: tienes que explorar. Hay ocasiones en que por la inmediatez unas salen, quizás, no con la mayor calidad.

Tengo un amigo, Laz -Lázaro Miranda-, uno de los grandes de la caricatura personal en Cuba, quien me ha dicho que lo importante, y trato de ser fiel a eso, es trabajar sobre una idea, dejarla enfriar y volver a trabajar sobre
ella.

Intento respetarlo, trato de buscar fotos que me sean atractivas; nada rígido, sin poses, que muestren realmente la personalidad del individuo.

El músico cubano Alexander Abreu

¿Qué influencias has tenido de quienes te han antecedido en este campo creativo? ¿Puedes mencionar algunos de ellos?

Ares -Arístides Hernández-, no solo para mí, para muchos es uno de los caricaturistas más importantes que tenemos en Cuba.

Boligán; Linares, de Melaíto; también la obra de Carlucho y Ajubel que eran de un movimiento con mucha fuerza  de la década del 80 del dedeté, y Manuel, el matancero Manuel Hernández Valdés.

Internacionalmente, el colombiano Turcios.  De Argentina, Quino. Tuve muchas influencias de artistas del área, admiro un grupo mexicano que creo que son unos “caballos”: Elio Flores, Rius y Posada.

Después, me empiezo a relacionar con autores como Steinberg –Saul Steinberg, y Kosobukin – Jurij Kosobukin-, de Ucrania.

¿Es fácil para un joven exponente de la caricatura publicar en los medios de prensa cubanos? ¿Por qué tú obra editorial está nucleada mayormente en La Calle del Medio?

Los medios de prensa no cumplen una función fuerte en cuanto a la promoción. Publicaciones como el dedeté ya tienen varios caricaturistas propios y nos apoyan porque colaboramos con ellos, pero no con la intensidad que
quisiéramos. Lo mismo pasa con Palante.

La Calle del Medio, pues trabaja una línea de humor gráfico que es diferente por completo, promueve otro tipo de humor, que no se parece mucho a lo que hacen el dedeté, Palante o Melaíto. Es una línea en la cual he ido
creciendo, un humor más internacional.

Los jóvenes creadores debemos buscar alternativas, colaboro con varios sitios web para visibilizar mi obra, porque el soporte impreso es complicado por el tema del pago, el espacio, o porque no son suficientes los medios que
tenemos, pero se va haciendo algo.

Las colaboraciones, algunas sí son bien remuneradas pero son muy engorrosas a la hora de cobrar, te puede salir un cheque en tres meses, en un año, no obstante, no dejo de hacerlo.

Estoy consciente de que la publicación de tu obra impresa, queda. Es memoria visual; lo que puedo compilar; de lo que puedo nutrirme para mostrar. Si pasan doscientos años y alguien busca caricaturas que se hayan hecho en este
tiempo, puede a lo mejor ver un dibujo mío y decir: “Mira, ¿quién habrá sido el Brady este?”.

Has participado en más de 30 exposiciones personales y colectivas, ¿cuáles han sido las que más te han marcado?

El 2016 fue un año muy importante para mí. Tuve una muestra especial, Música x cuenta propia, en Casa de las Américas en el evento  AM PM América por su música, auspiciado por la Fábrica de Arte Cubano, allí expuse varias
de las caricaturas realizadas para el sitio Habana Music School  y otras de humor general dirigidas a la música.

Expuse en la sala Galich y allí  intercambié con muchos  de los que había caricaturizado como William Roblejo, William Vivanco y Harold López-Nussa.

Este 2017, en la XX Bienal de San Antonio de los Baños, invité a un amigo caricaturista e ilustrador de Argentina, Carlos de Armas, con un trabajo muy sólido e interesante; también inauguramos, como parte de las expos
colaterales, Voces y rostros de América.

A través de Facebook seguía y comentaba su obra; él comentaba la mía también. Fue muy cómico, tuve  la idea de exponer juntos, y él me mandó algunas de sus obras.

Constituyó la posibilidad de mezclar dos visualidades, una de la música cubana y otra de la sudamericana, desde dos aristas distintas con líneas y formas de crear diferentes, pero que logran un balance entre sí. Y en el marco de la Bienal que aglutina mucha gente y lo vio un jurado internacional, fue muy sugestiva la retroalimentación conseguida.

En septiembre pasado exhibí la expo personal Mundo con Miradas, en el estudio galería de arte corporal La Marca, integrada por 20 piezas que no son netamente caricaturas y no todas reflejan directamente el humor gráfico.

Ilustraciones de tema libre con la dinámica del mundo, una palabra muy general, pero que incluyen la dinámica personal del mundo de cada uno y, del mundo independiente que vamos creando; de una libertad diferente que
responde a mi idea personal, o a un modo de hacer.

Hay diversos temas: la violencia de género, la pluralidad del mercado, el turismo en la ciudad.

El espectador se puede identificar de una manera con un tópico que no se puede identificar, quizás, con otro.  Entonces, eso es lo interesante de la muestra, que cada uno genere su propio mundo.

¿Por qué se aleja Mundo con Miradas de esa visualidad a la que nos tienes acostumbrados?

Por la necesidad de ir probando y hacer cosas nuevas.  Es importante mostrar esa otra arista de inquietudes personales que se va teniendo como creador. Son otras aristas del ejercicio creativo de lo que se puede llegar a
desarrollar desde su obra.

Algunas tienen una pincelada, un toque humorístico cuando analizas la pieza o el título, pero son más abiertas y están en ese campo de la experimentación.

Como dice Ares, es un camino por el cual te comienzas a encauzar y nunca vas a ser el mismo pues ya te va obligando a innovar…

Adentrándonos un poco en la historia del humorismo gráfico en la Mayor de las Antillas y a pesar del distanciamiento de tu línea habitual en esta última exposición, ¿qué crees hay de continuidad en tu obra respecto a la tradición nacional?¿Existen códigos foráneos en ella?

En la medida en que comienzas a experimentar, a descubrir variantes y soluciones a tu labor, ello te permite enriquecer la parte gráfica, pues vas acumulando una experiencia en cuanto a una solución. Nuevos códigos pueden
ayudar a enriquecerte como creador.

La caricatura no la he dejado del todo. Lo que sigo haciéndola más para la parte del trabajo de los sitios donde colaboro.

Buscando los códigos personales, el entrenamiento diario permite obras de mayor calidad con una visualidad más atractiva y diferente.

La plástica está presente y expos como Mundos con Miradas dan la posibilidad de explotar esa otra arista de lo que soy capaz de crear, sin alejarse de mi sello. Considero al humor siempre presente en todo lo que haga, aunque sea
plástico con otro vuelo estético.

Hay obras en la muestra con carácter picaresco, con su chiste, otras son más grotescas, porque es la parte creativa que te permite desarrollar un trabajo de este tipo.

¿Qué son Razones y Motivos? ¿Cuál es tu desempeño allí y cuánto de tu tiempo creativo demanda?

Es un contrato que tengo con varios negocios,  restaurantes que me dan la posibilidad de vincular la caricatura a este proceso culinario.

Constituye un ejercicio interesante: la caricatura desde otra dinámica, no la que haces con más tiempo, más pausado, ahí existe la inmediatez pues debo tomarle foto al cliente, y dibujar con acuarela o plumilla. Me topo con
distintas visualidades, personas, gestos…

Me quita tiempo de la obra más seria, pero es parte del sostén económico necesario para vivir.

¿Se han imbricado en tu flujo productivo las nuevas tecnologías?

Sí, en estas últimas obras utilizo técnicas mixtas, me apoyo en la plumilla, la tinta y la cartulina. Trabajo primero el dibujo a plumilla y luego en Photoshop le doy el color y realizo el cierre.

Me gusta el contraste de la línea y el color que aporta el Photoshop, y es funcional, pues puedo repetir un dibujo seis y siete veces sin gastar muchos materiales. Eso me ofrece variedad visual, a la vez que es atractivo y
económico.

¿Crees que los premios impulsan a los artistas?

Pueden ser un termómetro de si estás en buen camino, algo está funcionando y saliendo como tú quieres.

Pero los premios van y vienen, los jurados tienen puntos de vista que son subjetivos. Hay que trabajar con calidad.

¿Cuál es la situación del humor gráfico cubano actual y de los jóvenes artífices que lo desarrollan?

Cuenta con exponentes que considero trabajan bien y desgraciadamente no están siendo explotados.

Tenemos a Charly –Carlos David Fuentes-, a Ramiro Zardoya con su línea mixta entre el humor y la visualidad del grabado. Michel Moro con una línea muy limpia. Igualmente,  a  Heyder –Heyder Reyes-, Luirri –Luis Reinier
Enrique-, el Yoe –Yoemnis Batista- y Yaimel –Yaimel López-, un grupo de muchachos afanados en que no se pierda la tradición del humor gráfico en Cuba, un movimiento que revolucionó la plástica en el pasado siglo con
Massaguer y Blanco.

Siempre digo que nuestro humor gráfico tiene una salud respetable, y sobre todo, gente apostando por él.

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