La extensa e intensa trayectoria el dirigente revolucionario Armando Hart Dávalos, fallecido este domingo en La Habana, incluyó su presencia como columnista y ensayista en varios medios de prensa, además de una cercana y valiosa interacción con el periodismo revolucionario y su organización profesional, la Upec, la cual le otorgó como merecidos reconocimientos el Premio Nacional de Periodismo José Martí y el Premio de la Dignidad.

Como tributo al entrañable combatiente y amigo, publicamos las palabras que en 2010 pronunciara el entonces Vicepresidente de la Upec, Juan Marrero González, en ocasión de la entrega a Hart del Premio de la Dignidad, en las que expresó muy justamente que los periodistas cubanos tenemos mucho que agradecerle.

Son muchos los homenajes de instituciones y personalidades que en las últimas semanas ha recibido el compañero Armando Hart Dávalos, en ocasión de su cumpleaños 80. No podía faltar, por supuesto, el de su familia del periodismo revolucionario, a la cual ha estado estrechamente vinculado a lo largo de su vida.

La Unión de Periodistas de Cuba salda hoy una deuda pendiente con alguien que desde los días de la lucha contra la dictadura de Batista, como joven pensador y militante, se preocupó por el desarrollo de la prensa revolucionaria, y ejerció, cada vez que le fue posible y oportuno, la función de periodista.

En su libro Aldabonazo, que es un apasionante testimonio histórico de su participación en la epopeya revolucionaria antes de 1959, hay una carta de Hart a Radio Rumbos, de Venezuela, escrita el 3 de agosto de 1958, cuando estaba preso en el Castillo del Príncipe, que es un magistral reportaje sobre una masacre cometida en esa cárcel por Carratalá, Irenaldo García Báez y otros oficiales batistianos.

Antes de eso, Hart estuvo relacionado con la creación de la publicación clandestina Aldabonazo, que después pasó a llamarse Revolución, y que como órgano oficial del Movimiento 26 de Julio tuvo la misión de informar, orientar y dar a conocer el programa de esa organización dirigida por Fidel Castro. Hart escribió informaciones y artículos para ambas publicaciones.

En ese tiempo, Hart acompañaba a Fidel a la redacción del periódico La Calle, dirigido por Luis Orlando Rodríguez, “para ver cómo se confeccionaban sus planas”, según él contó en su testimonio histórico. Ya entonces tenía una visión muy clara sobre la importancia de un periódico para la comunicación de las ideas revolucionarias. A su hermano Enrique le dice en una carta: “Al periódico es indispensable convertirlo en una necesidad de nuestra conducta”.

En aquel entonces, Hart envía cartas públicas al Bloque Cubano de Prensa, que agrupaba a los medios de la Sociedad Interamericana de Prensa, la SIP, y a distintas publicaciones de Estados Unidos explicándoles la verdad sobre lo que pasaba en Cuba. Pensaba, y mucha razón tenía en ello, de que la propaganda del Movimiento debía dirigirse no solo al pueblo, sino a sectores nacionales y del exterior, no simpatizantes con la causa revolucionaria, con la aspiración de ejercer influencia en ellos “con nuestra postura, con nuestra firmeza y con la explicación concreta de nuestras verdaderas proyecciones”.

Así fue de creativo, digno y honesto el pensamiento y accionar de este joven, cualidades que también lo han acompañado, potenciándose día tras día, a lo largo de más de medio siglo desde el triunfo de la Revolución.

Los periodistas cubanos tenemos mucho que agradecer a Hart. En primer lugar, porque tuvo la responsabilidad de organizar y orientar en la práctica la campaña que alfabetizó a un millón de personas y, además, emprender la transformación radical y extensión de la enseñanza en Cuba. A partir de entonces, se crearon sólidas bases para que la mayoría de la población accediese a periódicos y revistas o pudiese leer los letreros de la televisión, y pudiese avanzar en el cumplimiento del hermoso y sabio pensamiento de Martí de “ser cultos para ser libres”.

Los que hemos tenido la inmensa dicha, en una u otra ocasión, dentro o fuera de Cuba, de realizar distintos trabajos periodísticos sobre actividades en que ha participado, sabemos muy bien de su modestia y sencillez, doctor Hart. Muy lejos estoy, pues, de con mis palabras lastimarlo en esas virtudes que también lo adornan, y que todos apreciamos.

Considero, además, que es un verdadero privilegio participar en esta reunión familiar, en la cual estoy seguro no quisieran faltar los casi cuatro mil periodistas cubanos.

No puedo, sin embargo, dejar de decir algo más: lo mucho que contribuyeron en la formación de los periodistas en ejercicio a principios de la década de los 70 sus ideas, señalamientos, recomendaciones sobre el papel y función de la prensa en la sociedad socialista, y que con mucha claridad expuso en el Tercer Congreso de la UPEC, efectuado en el Círculo Social Gerardo Abreu Fontán. Aquellas palabras suyas, poco antes del proceso de institucionalización de nuestro país y de la celebración del Primer Congreso del Partido, fueron una guía para todos nosotros, los de aquella generación, y aún hoy tienen absoluta validez. Aquel Congreso de la UPEC tuvo dos discursos de clausura: el que dijo Ud. y el de Fidel, quien ocupó la tribuna al pedirlo los delegados con mucha insistencia. Pero Fidel empezó aclarando que no podía haber dos resúmenes del acto, y que Hart había expuesto de forma brillante los criterios del Partido sobre el periodismo.

En el VIII Congreso de la UPEC, efectuado hace dos años (1998), Hart hizo una propuesta que fue aprobada por todos sus delegados. Que se investiguen, se estudien y promuevan las ideas sobre el periodismo de José Martí. Planteó que estábamos obligados a un diálogo profundo con Martí, pues muchos de sus textos periodísticos parecen escritos para los problemas y tareas de hoy. Se ha avanzado en ese camino, pero aún no suficientemente.

Es uno de los senderos que nos ha mostrado el doctor Hart para que sigamos avanzando en la calidad y en el perfeccionamiento de nuestra prensa revolucionaria.

Grato, y una enseñanza permanente, es ver que hoy en las páginas de los diarios Granma y Juventud Rebelde, y en la revista Bohemia, la filosa pluma de Hart sigue combatiendo. Insiste sistemáticamente en la fuerza de la ética, en la tradición histórica, en los peligros que corre la especie humana, hoy amenazada de muerte, entre otros temas. De tal manera, su pensamiento creador y antidogmático, continúa educando y orientando al pueblo, al mundo y, en particular, a los periodistas cubanos.

Aunque ciertamente todo ser humano, solo por su condición, es, en sí mismo, digno y merecedor de respeto, hay hombres que al obrar con integridad, defender y ser leales a ideas justas capaces de mover a pueblos enteros, elegir como norma de conducta irrenunciable y de firmeza la trazada por paradigmas que forjaron la nación, la independencia y la cultura nacional, ver los intereses de la patria estrechamente vinculados a los intereses de la Humanidad, y en lugar cimero los de América Latina y el Caribe, tener presente en cada momento principios éticos y morales, y no solo eso sino promoverlos a cada instante para sembrar conciencias, esos hombres, en fin, son merecedores de un respeto absoluto.

Hart es de esos que merece toda nuestra admiración y cariño, y el mayor respeto, por su luminosa obra intelectual y expediente revolucionario. Toda esa vida la tuvo en cuenta la Presidencia de la UPEC para otorgarle el Premio de la Dignidad, cuyo diploma recibió hace unos minutos en esta sencilla ceremonia.

Muchas gracias.

La Habana, julio 8, 2010

(Sede de la UPEC)

 

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