Educación formal (Caricatura de Martirena)

Muchos ciudadanos en la ciudad de Guantánamo se quejan porque desde que ponen los pies fuera de casa “tropiezan” con actitudes impropias de una sociedad cuyo Estado dedica gran parte del presupuesto a la educación de sus habitantes.

Se menciona entre las más recurrentes, a personas que no saludan cuando llegan a un lugar ni piden permiso para entrar a cualquier local; conversan en medio de la acera obstruyendo el paso de los demás; profieren palabras obscenas públicamente; arrojan basura a la calle; vociferan para llamar la atención; ponen música alta en guaguas y hasta horas de la madrugada en viviendas o lugares abiertos…

El General de Ejército Raúl Castro Ruz afirmó, el 7 de julio de 2013 en la Asamblea Nacional del Poder Popular, que tales conductas son consecuencia del acrecentado deterioro durante más de 20 años de período especial de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás.

Estudiosos del tema sostienen que esas deformaciones afloran por fallas en la educación familiar y escolar; y por exceso de tolerancia, indolencia e inercia de instituciones involucradas en el asunto, que ven el fenómeno como un mal menor, puramente formal, cuya solución debe esperar a que se enderece la economía.

Y ciertamente materializar esa meta es decisivo para impulsar el desarrollo del país, pero restablecer el orden social y el respeto entre semejantes, proceso difícil y más dilatado, resulta determinante e inaplazable en el propósito de construir un socialismo próspero y sostenible.

La solución del complejo problema no depende solo de la educación, la persuasión y la adopción de medidas correctivas-compulsivas, sino también del comportamiento consciente y responsable de cada ciudadano individualmente.

Graziella Pogolotti, prestigiosa intelectual cubana, aseveró que se trata, sobre todo, de asumir una actitud ante la vida inspirada en sentimientos que deben refinarse desde que empezamos a crecer, considerando siempre que la humillación lacera la dignidad humana, lo primero que tenemos que enaltecer.

“Un pueblo virtuoso vivirá más feliz y más que otro lleno de vicios, y se defenderá mejor de todo ataque”, advirtió José Martí. Por su parte el Comandante en Jefe Fidel Castro declaró una “lucha enérgica y sin tregua contra los malos hábitos y errores que en las más diversas esferas cometen diariamente muchos ciudadanos”.

Escuchar sabios consejos y revisarse por dentro para rectificar en caso de que estuviéramos incurriendo en algunas de esas fallas sería la decisión más atinada, comenzando por el seno familiar, donde los hábitos de conducta, modos de actuar y el respeto se conservan, transforman y transmiten de generación a generación.

Estamos a tiempo de hacerlo porque nunca es tarde para ser mejor persona, pues como diría el filosofo cubano, José de la Luz y Caballero: “La educación comienza en la cuna y no termina si no con la muerte”.

 

Julio César Cuba / Periódico Venceremos

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