Conforme a su costumbre, Antonio Moltó Martorell llegó tempranito este 23 de noviembre al salón donde tendría lugar el IX Pleno del Comité Nacional de la Unión de Periodistas de Cuba, y se instaló, con su también habitual “tranquila intranquilidad” en ese fantástico soporte audiovisual, capaz de mantenerlo en vivo y directo con la mirada y el tímpano de miembros e invitados.

Entonces cuando todos estuvimos, por fin, sentados y atentos, él, más sencillo que el blanco pulóver ceñido a su septuagenario cuerpo, volvió a reiterarnos que “no hay nada más doloroso que escribir de lo que no se siente, de lo que uno no está convencido”.

Y luego, cuando unos (y unas) trillaban explícitamente o hacia dentro de sí mismos, insuficiencias materiales  bien adversas y nocivas para el ejercicio de la profesión y de sus resultados, nuestro Moltó enfatizaba que todavía “la gran mayoría estamos aquí, a pesar de todas esas carencias del país”.

Por eso a él olieron las numerosas intervenciones en torno a la deficiente labor vocacional y, sobre todo, al trabajo de formación integral, profesional pero también ideológica, con los jóvenes que estudian periodismo en universidades como la de Camagüey, tema acerca del cual no escatimó tiempo el Pleno.

Y me pareció verlo mover inconscientemente la cabeza, a izquierda y derecha  —pero con sentido indiscutiblemente afirmativo— cuando todos consideramos innecesario convocar a elecciones en busca de un nuevo presidente, si en realidad la sabiduría teórica y práctica de él está presente en cada reunión de la presidencia nacional, en cada acuerdo y en cada actividad que se realiza, tal y como subrayó Aixa Hevia, encargada de conducir el mandato, en su condición de vicepresidenta primera, hasta el Congreso, en julio venidero.

Sin ribetes de ficción, yo sentí que la mano de nuestro joven Moltó se levantaba a favor de la propuesta hecha para conformar las comisiones nacionales de candidatura y electoral, y en cada acuerdo adoptado esta vez.

Pero sobre todo sentí que ese hombre inmenso, por todos respetado y querido, va a estar presente por largo, muy largo tiempo, cuando, con la memoria de un genio y la visión de un profeta, nos recordó este 23 de noviembre: “La Upec sirve para decir Sí donde otros dicen no se puede”.

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