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Martí convoca: “Lo sagrado es el país”

El 4 de noviembre de 1893, publicó José Martí en el periódico Patria un artículo titulado “Para Cuba”, en el que —como en todo lo suyo— hay un mensaje para su tiempo, ajustado a las circunstancias concretas en que le tocó vivir y desarrollar su actividad patriótica y revolucionaria; pero también un mensaje que trasciende esas circunstancias y llega con toda su energía vital a nuestros días, a esta época en que la labor patriótica y revolucionaria de los cubanos de hoy es otra y, a la vez, la misma: preservar la independencia de Cuba.

Con respecto al momento histórico en que le tocó vivir, Martí define las proyecciones del Partido Revolucionario Cubano, que “[…] nació y vive para la verdad de la patria, y para servir a la patria conforme a la verdad”. En ese sentido, “[…] su obligación era, en la hora del peligro de guerra […] tener juntas, y en vía de acción, las fuerzas de una lucha previsora y cordial, que desde sus orígenes y por sus métodos y propósitos extirpe los riesgos de una guerra deshecha, de celos y de ceguedad, y de odios posibles”.*

Al respecto precisa que “La grandeza está en haberlo intentado” y añade que esa organización “[…] intentó juntar para su bien, sin ambiciones ocultas ni reservas sombrías, los elementos necesarios para una guerra democrática y fundadora”.*

Una vez más, defiende la necesidad de preservar determinadas informaciones para que no caigan en poder del enemigo y precisa que “[…] Lo que se calla, de callarse ha, porque estamos en guerra, y una guerra ya lo es, en la prudencia y la sorpresa, desde que se la compone y prepara”.*

Con estas ideas, Martí explicaba a sus contemporáneos por qué toda la labor del PRC no podía divulgarse. Esos acertados criterios hallarían su más alta expresión en la carta inconclusa del 18 de mayo, dirigida a su amigo mexicano Manuel Mercado, en la que afirmó con palabras que los cubanos de hoy sabemos de memoria: “[…] en silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”.1 Con ello, trasciende su tiempo.

Este trabajo que comentamos hoy comienza con una sentencia que, como tal, resulta válida para todos los tiempos: “Hay crímenes en política, y hay política baja y superior, y en las dos hay crímenes”. Explica al respecto el Apóstol que “una política sin crimen” “conoce y mueve los elementos reales de un país para su mayor bienestar”. Y a continuación, expresa otra máxima: “Lo sagrado es el país”, que explica con claridad meridiana: review “Un pueblo no es peana del hombre que sobre la hecatombe de él quiera, ante los siglos futuros, codearse con las glorias pomposas de la historia de nuestro mundo”. Y precisa: “Los verdaderos héroes […] se postran, a que pase por sobre ellos el país, a que la verdad sacrificadora pase por sobre ellos”.* Ya en otra ocasión había dicho: “La Patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se la toma para servirse de ella”.2

Terribles y lapidarias son las palabras de Martí cuando se refiere a “[…] A quien de su pueblo toma pretexto y de su desorden e inactividad, para aspirar a una distinción culpable; a quien sirve a su pueblo con mente que no sea la de darle, sonriendo, el último hilo de las entrañas; a quien, por no parecer vencido en sus propósitos, esconde la verdad que los daña, en cosas de sangre y riesgo de su pueblo, y le estorba con esperanzas mentidas el juicio claro y la solución verdadera, a ese no cuadra más que un nombre:—criminal”.* Terribles y lapidarias palabras que condenaron ayer a autonomistas o anexionistas que se congraciaban con España o Estados Unidos por preservar sus posiciones y privilegios, y que condenan hoy a quienes se corrompen en estos momentos complejos que enfrenta el mundo —y Cuba como parte de él— para sacar beneficios personales a costa de la nación.

Decía Martí: “Crimen sería vender la vida de los cubanos que en la fe del silencio hacen lo que deben hacer […]”.* Ayer esas palabras hallaron su sentido en la preparación “en silencio” de la guerra necesaria, en la lucha contra el colonialismo y por la libertad. Hoy, son un claro llamado a preservar la independencia nacional y las conquistas de la Revolución Cubana, obtenidas a costa de la sangre y el sacrificio de miles de patriotas, conducidos, en esta última etapa por nuestros líderes históricos y, en particular, por Fidel Castro, ese mismo Fidel que reconoció a Martí como el autor intelectual del Moncada.

Al decir de nuestro presidente, el general de ejército Raúl Castro: “[…] recibió también la atención requerida un asunto decisivo en las actuales circunstancias: la marcha de la bata­lla contra las indisciplinas, las ilegalidades, el delito y la corrupción. / Son temas cruciales […]”.3 Indisciplina, ilegalidad, delito y corrupción son hoy el enemigo interno. Y, para hablar con palabra martiana, diré que son sus perpetradores quienes se ponen “en el camino de la patria”.*

Notas

* Todas las citas marcadas con esta llamada han sido tomadas de José Martí: Obras completas, t. 2, Colección digital, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, pp. 411-412.

1 José Martí: Ob. cit., t. 4, pp. 167-168.

2 _________________: “Carta a Ricardo Rodríguez Otero”, 10 de mayo de 1888, en Epistolario, t. 2, p. 32.

3 Raúl Castro: “Discurso pronunciado en la clausura del XIX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba”, 27 de sept. del 2006, en Raúl Castro Ruz: Discursos, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana (en preparación), p. 55.

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