El no. 2 de la Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí incluye en su sección Letras para la memoria la reproducción de la primera entrevista concedida por el comandante Ernesto Guevara de la Serna como presidente del Banco Nacional de Cuba, a dos meses de su designación para dicho cargo. Publicada en la Bohemia del 31 de enero de 1960 y realizada por el periodista Carlos M. Castañeda, la entrevista evidencia las ideas del Che acerca de la situación económica que se proponía enfrentar el joven Gobierno Revolucionario en aquellos momentos cruciales para el sostenimiento del régimen popular instaurado tras el triunfo revolucionario.

“Ahorraremos más de 100 millones de dólares con el control de las importaciones” y “No guarda el gobierno para sí el derecho absoluto y exclusivo de la industrialización” —antetítulo y título de la publicación— revelan algunas de las preocupaciones del Guerrillero Heroico en sus nuevas tareas, mucho más complejas que las militares llevadas a cabo durante la Guerra de Liberación Nacional.

En su trabajo, el periodista describe al Che como “[…] un hom­bre de melena hirsuta, tocado con una boina negra rematada con una estrella dorada, que consume el tre­cho alfombrado hasta su puerta en­tre sonrisas amables y pasos lar­gos —con un andar firme traído de las serranías”.  Y añade: “Viste sencillo, pero con corrección. Gusta de la gabardina gruesa verde olivo de los uniformes de guerra, con el pantalón bombacho, propio para los botines, y la camisa corta. Bien planchada. Sin más prenda que un reloj cromado en el pulso. Bajo su boina negra de guerrillero heroico, el comandante Guevara lleva la fatiga de la carga excesiva. Pese a sus entusiasmos [ilegible], se le ve cansado. Pero es que trabaja hasta dieciséis horas diarias […]”.

Y más adelante: “Guevara es hombre de pocas pa­labras. Reservado”.[1]

El propio Guevara, entre risas, trajo a colación el cuentecillo contrarrevolucionario que por entonces corría de boca en boca, según el cual ante la solicitud de Fidel de un “economista”, él malentendió “comunista” y se ofreció. Tal parece que en su larga convivencia con los rebeldes en la Sierra, el Che asimiló en alguna medida esa forma típica del humor criollo, que denominamos “choteo”.

Tras el triunfo revolucionario, muchos millones de pesos fueron sustraídos de los bancos. Entonces Fidel designó al médico Ernesto Guevara para la presidencia del Banco Nacional de Cuba, porque, según dijo, “Al Che siempre se le encomendaron las tareas más difíciles de la guerra. Por eso participó con Camilo en la invasión y se encargó de la toma de Santa Clara. Ahora en la paz le llamamos para el trabajo más arduo: la batalla de las divisas, que es cuestión de vida o muerte”.[2]

El propio Guevara admitió que había aceptado la presidencia del BNC “como deber revolucionario”, que le gustaba la economía, pero no las finanzas; pero era “una orden de Fidel que acepto disciplinadamente y estaré en este puesto hasta que él lo disponga”.

Ante la insistencia del reportero, el Che afirmó: “Sobre la estructura normal de las importaciones anteriores se pue­de calcular que con las presentes regulaciones se producirá un ahorro de más de cien millones de dólares. Esta cifra no puede ser tomada co­mo absoluta, pues la nueva orien­tación de la política económica del Gobierno Revolucionario hará que muchos artículos nuevos de impor­tación se incorporen a nuestras es­tadísticas, particularmente empre­sas industriales completas, menos materias primas y maquinaria agrí­cola. No se puede predecir el tiem­po que se mantendrán los contro­les presentes, pero evidentemente no son medidas para quince días. Los países que entran en un pro­grama de desarrollo acelerado ne­cesitan constantemente mantener un control sobre sus divisas, pues de lo contrario tales proyectos son imposibles”.

Con respecto al tema de la industrializa­ción expresó: “Entendemos que industrias bá­sicas para Cuba son las siderúrgi­cas, metalúrgicas, en general la de los combustibles, la de los derivados de la caña, la química pesada, la minería y la de productos de transformación agropecuaria prove­nientes de la Reforma Agraria. Sin embargo, el Gobierno Revolucionario no guarda para sí el derecho ab­soluto y exclusivo de intervenir en estas líneas, reservándose sí el de­recho de controlar la inversión y a intervenir en industrias en la me­dida que lo crea procedente, desde el 51 hasta un 100 por ciento”.

Ya antes, en discurso pronun­ciado en la Universidad Central de Las Villas había referido que “[…] si la libre empresa consiste en que un indus­trial por su propio esfuerzo llegue a dar lo que buenamente pueda, después de años de trabajo, se ad­mite como buena la libre empresa, siempre que esté supeditada a una planificación estatal”.[3]

A la pregunta de Bohemia acerca de ¿Qué característica tendría la planificación estatal para las em­presas privadas que usted proclamó como necesaria?, Guevara explicó que se entendía “[…] en el caso cubano como una orien­tación de la inversión para que si­ga las grandes líneas que hemos tra­zado. También puntualizó que esos lineamientos serán en cuanto al monto y categoría de la industria, en cuanto a su localización, régi­men laboral, mercados, etc., y so­lamente estarán llevados a dar una mayor seguridad social al pueblo cubano”.

Con referencia al tema la batalla de la divisa como vía indispensable para pro­piciar la industrialización del país, el presidente del BNC declaró: “Lograr por medio del comer­cio exterior en un futuro inmedia­to la suficiente cantidad de divisas para las industrias es la base de la lucha en que estamos empeñados”.

Y sobre las ofertas de crédito ex­tranjeras sentenció: “Hay varias ofertas de créditos que estamos considerando. En ge­neral, no son muy brillantes, y se ve detrás de todo esto la mano po­derosa de algún país monopolista que los corta. Creemos que el cré­dito es algo mutuamente beneficio­so y que, por lo tanto, al negárnos­lo, en algunas ocasiones dejan de hacer buenos negocios quienes lo hacen y se perjudican más que no­sotros. En definitiva, seguiremos contando con los países o compa­ñías que nos han ofrecido créditos en mejores condiciones, demostran­do la fe en el futuro de la Revolu­ción Cubana”.

Por otra parte, el Che Guevara estaba entusiasma­do con la política de trueques, práctica que el Gobierno Revolucionario pretendía ampliar y que ejemplificó con el convenio firmado con la República Árabe Unida, según el cual se intercam­biarían hilazas, algodón y gasolina por parte de la RAU a cambio de azúcar, café y telas de rayón cubanas.

Entre otras cuestiones, Bohemia indagó: ¿Qué estructura económica y social considera usted será el re­sultado del esfuerzo renovador de la Revolución Cubana? Y el Che respondió: “El nombre que se le ponga a este experimento cubano no es lo fundamental. Creemos haber resuel­to los problemas de subsistencia y desarrollo planteados por nuestro pueblo, dándole soluciones que res­pondieran a los deseos y necesida­des del mismo. Se podría esquema­tizar llamándole Nacionalismo de Izquierda, o algo por el estilo, pero no creo que lo importante sea el nombre, lo esencial es la voluntad de resolver los problemas teniendo como meta única la satisfacción de las necesidades populares”.

En cuanto a las perspectivas económicas para 1960, el Che explicó: “El año de 1960 ha sido califi­cado por Fidel como el “Año de la Organización”. El Instituto Nacio­nal de la Reforma Agraria tendrá que cerrar su organización para ha­cerla más efectiva aún y aunar al dinamismo maravilloso que tiene un aparato burocrático efectivo.

”El azúcar presenta buenas características y debe considerarse siempre como factor predominante mientras no cambiemos nuestro esquema de país monoproductor. La diferencia favorable que el azúcar rinda en cuanto a las divisas es la base real para nuestra fuerza de expansión industrial —la que esperamos sea grande […].

”Además de eso, 1960 será un año de definiciones decisivas. El Gobierno Revolucionario tiene que organizarse de una punta a la otra defendiéndose de agresiones extranjeras e internas y, al mismo tiempo, desarrollándose con pasos de gigante, mientras que por el otro lado los criminales desterrados la fuerza de la oligarquía internacional, aliadas a ellos, tienden hacer desaparecer el Gobierno popular cubano que constituye un peligrosísimo ‘mal ejemplo’ para la naciones de América.

”Los términos de la lucha está planteados. Lo dicho: 1960 será años de batallas, pero también de victorias”.

Como puede apreciarse tras el análisis de sus palabras, este “economista” tenía una clara idea del mundo en que se insertaba una revolución como la cubana, así como los infinitos obstáculos que habría que enfrentar y la enorme transformación que se efectuaría en el país. Algunos de sus criterios coinciden con la actual política estatal acerca de la pequeña y mediana propiedad privada.

Según la profesora de la Universidad de La Habana Graciela Chailloux, ese texto “[…] debe ser considerado como el punto de partida de una concepción económica que, a tenor del desenvolvimiento de la Revolución cubana, no abandonó la decisión de buscar el camino autóctono, desde la consideración de lo universal”.[4]

[1] Revista Bohemia, año 52, no. 5, La Habana, 31 de enero de 1960, pp. 44-45 y Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, no. 2, jul.-dic., La Habana, 2016, pp. 137-138. Todas las citas, salvo especificación, proceden de este texto.

[2] Cit. por Bohemia, p. 46 y Revista de la Biblioteca…, p. 138.

[3] Ernesto Guevara: Cit. por Bohemia, p. 48 y por Revista de la Biblioteca…, p. 141.

[4] Graciela Chailloux Laffita: “El experimento cubano: nacionalismo de izquierda”, en Revista de la Biblioteca…, p. 136.

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Participó el actual director de la revista, Yoel del Río, destacado periodista y crítico de arte

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