Julio García Oliveras

El comandante Julio García Olivera, destacado intelectual quien fuera combatiente de la lucha clandestina fundador del Directorio Revolucionario, diplomático y periodista, director del periódico Combate, fundador de la Upec como integrante de la Prensa clandestina y colaborador de la Revista Bimestre Cubana,  falleció en La Habana el pasado sábado, a la edad de 85 años.

Al tiempo que expresamos nuestras condolencias en nombre de la Upec, Cubaperiodistas reproduce un artículo sobre su vida y obra, publicado por Néstor del Prado en Cubadebate.

García Oliveras no se va, se queda entre nosotros

Por Néstor del Prado

Acabo de regresar del Salón de los Mártires de la FEU, para rendir postrer tributo a un grande de nuestra historia: Julio Alfredo García Oliveras, hombre de pensamiento y de acción, del que tanto aprendimos muchos cubanos. Le pedí permiso a dos personas para escribir estas palabras: a Rosa, su compañera inseparable en el amor y el batallar en la vida, y a Faure su hermano de luchas gloriosas de la patria.

Soy consciente que otros compañeros o compañeras que allí encontré tienen méritos históricos que superan los míos para homenajear a Julio, pero este que ahora escribo nace de un testimonio y agradecimiento inagotable por sus enseñanzas y su ejemplo.

Semanas después de ser electo presidente de la FEU de la Universidad de La Habana UH, en marzo de 1971, le pedí a Julio una entrevista para que me hablara de la historia de la FEU y me diera sus sugerencias.

Me dijo que lo esperara al día siguiente y que prefería conversar en el Salón de los Mártires de la FEU, el mismo que eligió para su despedida.

Yo algo nervioso por el encuentro con el héroe lo esperé por la misma entrada en que hoy fui a darle un hasta pronto.

Estábamos solo él y yo; él con su traje verde olivo de Comandante, su mirada escrutadora del entorno, recorrió la galería de los mártires de la FEU, hizo comentarios sobre algunos de ellos apuntándolos o incluso dándoles unos toques de contacto humano, con sus grandes dedos, como si quisiera establecer una conversación con ellos. Nos sentamos de frente al gran mural, con las fotos de Mella y de José Antonio.

Lo primero que me dijo que no había entendido que se hubieran presentado como candidatos a presidentes, estudiantes de tantos años como los de él; que cada generación necesitaba que los dirigentes de la FEU fueran contemporáneos con la inmensa mayoría de los estudiantes.

Hizo algo que jamás olvidé, comenzó a rasgar el piso del Salón, me miro fijo a mis ojos, y me dijo: Néstor, frota con tus dedos el piso para que sientas la energía de los Mártires, ellos te están exigiendo la mayor fidelidad que sea capaz de darle, no hay derecho ni a olvidarlos ni a dejarlos morir. Los ojos de aquel gigante de cuerpo y de alma se humedecieron, su boca se resecó y las palabras se entrecortaron. Yo le pedí permiso para buscarle un vaso de agua.

Bebió de un gran sorbo toda el agua, y con una recuperación emocional sorprendente me dijo, vamos a pasar de la emoción a la razón.

El primer consejo que me dio fue que no confiáramos demasiado en los consejos de los veteranos, a no ser el consejo madre de los consejos: “pensar con cabeza propia, no tenerle miedo al debate, ser firmes en los principios y flexibles en las alternativas de solución que cada problema reclama”.

Me hizo varias anécdotas de José Antonio, me habló de los sucesos de Humboldt 7 del 20 de abril; de la guerra en Vietnam, incluyendo lo sucedido con la delegación de la FEU que los visitó, cuando él estaba como embajador en ese heroico país. Me dio una inolvidable clase de filosofía y de historia. Me dijo: “a diferencia de los recursos minerales que se pueden dejar de explotar por decenas de años, pero ahí estarán si los necesitas; la memoria histórica si no la cultivamos se pierde. Las ideas que tienen ustedes de cultivar la memoria histórica de la FEU como parte de la historia de Cuba, es algo muy importante, apoyo la iniciativa innovadora de que los estudiantes sean portadores de dicha historia en centros de trabajo y de unidades militares. Lo que se explica se entiende mejor que lo que se oye. Busquen fuentes de información genuinas y no confíen en quienes le dan más importancia al protagonismo individual que a la obra realizada, muchas veces anónima”.

Pasamos de la importancia de cultivar la memoria histórica, a la imperiosa necesidad de escribir la actual historia. La FEU de estos tiempos debe involucrarse en su principal deber social: el estudio, la investigación científico-técnica, la universalización de la Universidad; ser como organización el principal aliado de Fidel en la gigantesca obra educacional que viene planteando. Medio en broma me dijo que tuviésemos cuidado con las falsas innovaciones, y me contó una anécdota que se la escuché varias veces. Se trataba de un paisano del medio oriente cubano, que trajo a una gran exposición de logros de la ciencia y la técnica “una innovación: el fusible que no se fundía”. Era de esas falsas innovaciones que llevan dentro el germen de su inconsecuencia. Hablamos de otros muchos temas, de la defensa, de la lucha ideológica, del deporte de las manifestaciones artísticas y literarias. Como le dije hoy al querido Ricardo Alarcón, aquello fue una clase magistral.

Pero la vida me premió con la compañía de Julio en otras misiones que he tenido en mi ya larga vida.

Cuando se desempeñó como presidente de la Cámara de Comercio de Cuba, lo invitamos para que diera una conferencia al Consejo de Dirección del entonces INSAC. Julio tenía la virtud de combinar con didactismo y dialéctica, lo filosófico con el conocimiento científico aterrizado. Tenía la capacidad de remover las neuronas de sus interlocutores. De aquella conferencia salimos diferentes, adquirimos nuevas maneras de valorar los principios y los peligros.

Ya a finales del pasado siglo y la llegada del tercer milenio, volvimos a compartir la gestión del conocimiento y la tecnología: él como vicepresidente de la SEAP y líder de la revista Bimestre Cubano. El tema central fue el de la informatización empresarial y su impacto en el desarrollo socio-económico de Cuba.

Nos confabulamos para realizar varios encuentros en la SEAP, en que debatimos este estratégico asunto. A Julio le sobraban méritos académicos y conocimientos científicos para haber sido el protagonista principal; pero su modestia culta y cultivada, lo llevaban a estar tras bambalinas. Lo más que logré fue que dijera unas breves palabras de apertura. Cuántas veces me puso de cabeza algunas propuestas primarias mías; me retaba a repensar y a volver.

En cuanto le avisaba que ya estaba listo, me pedía que fuera a su casa en Calle primera, un verdadero laboratorio de pensamiento colaborativo. Allí era indispensable la labor de Rosa, siempre amable, pero muy sagaz en sus acotaciones y sugerencias.

Termino este sentido homenaje, con el testimonio de aquella madrugada del 18 de noviembre de 2005. Ambos tuvimos la dicha de estar presentes en el acto que comenzó la noche antes en el Aula Magna de la UH, en que Fidel pronunció su histórico discurso sobre la irreversibilidad de la Revolución.

Fidel terminó sus palabras cerca de las 2 de la madrugada. Al despedirnos me preguntó si yo andaba en auto, para ver si lo podía dejar en su casa y así no tener que movilizar a Rosa. Le dije que sería un honor servirle de chofer. Ya con un andar lento, llegó hasta el auto, me pidió que colocara el asiento como para dos o tres Néstor, así lo hice, de lo contario no hubiese podido acomodarse aquella gigantesca anatomía.

Me robó la iniciativa, yo estaba ansioso por escuchar sus reflexiones sobre el discurso de Fidel; pero él me preguntó lo que yo pensaba. Traté de escudarme en que yo estaba manejando y tenía que concentrarme en esa tarea. Me dijo que no había apuro, que arrimara o que habláramos en su casa.

Rosa fue mi salvadora, cuando llegamos ella se levantó y lo convenció que dejáramos para otro momento ese debate; debate que desgraciadamente nunca llegó a producirse, pero que por si acaso se producía, escribí algunas notas que guardo y que tal vez alguna vez me anime a publicar, aunque ya no tenga la dicha de escuchar la valoración crítica de uno de mis mentores, del querido maestro Julio García Oliveras, que seguirá entre nosotros.

 

Fuente: Cubadebate

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