Estas líneas me estremecen aunque no me sorprenden. Hasta las manos me tiemblan al sostener este periódico Granma del miércoles 14 de junio más cercano, mientras leo y releo el último escrito de Enrique Montesinos, quien falleció recientemente después de representarnos en el Congreso de la Asociación Internacional de la Prensa Deportiva. Mi decisión, que será de muchos, sí no tiembla, vigorizada con este artículo de certeros análisis convertido en mandato ya desde el título: Defender la obra del deporte. Mi hermano de trincheras lo había entregado para esa edición especial antes de partir para la mencionada misión.

Nos da la patria: no llega a más de doce millones de habitantes, 82 puesto en el planeta; duodécimo de América y quinto de América Central y el Caribe; por territorio, 106 del mundo y el 18 de nuestro continente. “Primer lugar absoluto en los medalleros de Centroamérica y el Caribe. También en  Iberoamérica. Segundo peldaño del continente americano. ¡Entre los diez mejores del globo terráqueo”. Esas posiciones a pesar del bloqueo yanqui.

Encabezamos aún más el medallero de la salud, la ciencia, la educación y, sobre todo, el de la ética, la vergüenza, el internacionalismo. Presente en el propio sector tratado: “Cuba misma ayudó a expandir el deporte por todos los confines. Además de su ejemplo motivador, envió el valioso caudal técnico a otras biografías. Fundó una escuela para formar gratuitamente a miles de entrenadores de otros lares”, añade.

Envía a la lona a escépticos, francotiradores y superficiales que no observan, o no quieren observar, los cambios del planeta y solo ven desastre en lo propio; sí, hay errores pero en sus “análisis” los elevan al máximo y soslayan el derrumbe de un campo hermano -sin él no hubiéramos llegado a donde llegamos-, el cerco gringo incrementado y la lógica “…prosperidad deportiva en los países extraordinariamente aventajados…”, que extraen la mayoría de las ventajas a sangre, sudor y lágrimas de las regiones subdesarrolladas por culpa de ellos.

Dichos “analistas” tocan suave, si lo tocan, el robo de músculos descaradamente aumentado, como cosa natural, la mercantilización presente con gran fuerza en el olimpismo incluso. Como recuerda Monte a los olvidadizos: “Lo importante es competir con honor. Nunca sucumbir con resultados lejanos de las expectativas producto de un trabajo técnico deficiente o por apatía o falta de combatividad”

Resalta la hidalguía al contender, ahora más indispensable ante tantos escollos agigantados, y afirma ante los nuevos compromisos: “Cuba optará por la victoria de nuevo” Y demuestra la superioridad histórica por medallas: En Centroamericanos:”… 514 medallas doradas más que México (1749 por 1235) pese a tres ausencias por ninguna, y beneficios por la sede dos veces frente a cuatro los mexicanos”.

No se queda ahí: hasta ganando en cada una de estas justas 20 de oro más que nosotros en lo adelante, tardarán 26 ediciones para empatarnos, más de un siglo después. Y…”Recordemos que son 123 millones de mexicanos”. Agrega: “Colombia y sus 49 millones de habitantes tendrían que esperar más todavía…”. Poseen hasta el momento 453 cetros. En cuanto al total en los Panamericanos, “…el segundo histórico continuará por tiempo impredecible…”: Cuba, 876 galardones máximos: los más cercanos, Canadá con 36 millones de habitantes, (455); Brasil, con 207 (329); Argentina, con 44 (295).

En Juegos Olímpicos, ¡qué salto! De las exiguas participaciones o no asistencia a respetables delegaciones. Lugar 18  y 74 campeones y son más de 200 naciones las concurrentes. “Incide la muy reducida presencia cubana antes de 1959”·  Prefiere y es correcto estudiar los últimos 5 lustros, cuando nos hicimos sentir: acumulamos 56 títulos. “Solo nueve ostentan más. Aquilaten su abolengo. 1- Estados Unidos 283, 2- China 207, 3- Rusia 151, 4- Alemania 124, 5- Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda  del  Norte 101, 6-Australia 78, 7-Francia 75, 8-Sudcorea 71  y 9-Italia 66.

Ahonda: “Japón (55) es el único pegado a Cuba que puede sobrepasarla. Nadie duda de su poderío. Repuntó tras recibir la sede del 2020. Setenta y nueve medallas entre Londres y Río, de ellas 19 oros”.

El panorama reflejado por su decir muestra el camino de la calidad superelevada, más naciones representadas, hay que tener muy en cuenta la división de la URSS y la consiguiente actuación mayor de representantes de sus territorios que antes la integraban; la comercialización, la sustracción de talentos, el dopaje y el dinero con superior incidencia; el apadrinamiento estatal y privado en la cima. Ay, esos sponsor…

Sin embargo, deja claro: “No lanzamos un salvavidas a la delegación cubana en Río. Ni a la de Toronto. Ninguna acción deficiente se justifica”. Reflexión esperada en un hombre y un profesional como él. Sabe que defender nuestra cultura física y cualquier sector no significa loar por aquí y por allá a ciegas: jamás lo hizo. La mejor defensa es la que protege la esencia, lo válido e insta a avanzar, a crear, sin  ponernos vendas ante los deslices, con opinión propia, dispuestos a escuchar la de otros, sin eludir los debates ni convertirnos en alabarderos.

Afirma: “Debemos eterna gratitud a la obra de la Revolución en el deporte y en especial a su conductor y guía Fidel…Resulta incuestionable su papel de artífice del desarrollo deportivo cubano. Nadie osará negar su devoción y entrega para el deporte y los deportistas…” Enrique nos impulsa a “…defender ese legado. Hacer perdurable su obra en el deporte, como homenaje imperecedero del movimiento deportivo cubano”.

No te fallaremos, hermano. Y te mantendremos en esa batalla desde lo mejor de nuestras almas.

Por Víctor Joaquín Ortega

 

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