Juan Muyay, el indio Putumayo que visitó La Habana (Foto Narciso Báez)

En los años cuarenta del pasado siglo a un indio de la región del Putumayo, en las tierras altas de Colombia, le fascinaba ver al “cóndor de hierro” que cruzaba muy alto sobre su caserío y las tierras que labraba. Quería, algún día, sentir la emoción de ser aquel pájaro, conocer otros lugares y tener bajo sus pies, como un gran señor, las montañas, valles y ríos que le veían labrar la tierra con fuerza para ganarse la vida. Hablando con algunos que iban a la ciudad,   supo que a aquel pájaro rugiente se llamaba aeroplano y dentro de su barriga llevaba personas que por dinero trasladaba de una ciudad a otra.

El indio se dispuso a realizar su sueño y con el dinerito ahorrado con mucho sacrificio se vistió con su mejor atuendo indígena, llevando en su cuello collares de dientes de las mas temibles fieras andinas que había cazado y demostraban su valor, así como brazaletes de piel de iguana  adornados con llamativas piedras de colores que lo protegerían, se despidió de su mujer y sus tres hijos y fue a la ciudad. En una oficina de viajes compró un pasaje para La Habana, capital que le llamó la atención después de ver los policromados anuncios turísticos y de escuchar la recomendación del vendedor.

El jueves 22 de febrero de 1945 llegó al aeropuerto de Rancho Boyeros el avión de la Pan American procedente de Colombia. Entre los pasajeros que desembarcaron había uno que llamaba la atención por la indumentaria, sus collares y el evidente asombro y perplejidad por las cosas modernas que veía por primera vez. A las preguntas de rutina que le hizo el inspector de inmigración dijo llamarse Juan Muyay, vivía en una aldea de la comisaría de Putumayo y había venido en “el pájaro de hierro” a conocer La Habana. Al pedirle que declarara su capital, sacó cuantas moneditas encontró en sus bolsillos y juntándolas a un retorcido billete de un peso colombiano dio una suma que equivalía a diez pesos cubanos, cantidad que no alcanzaba para cubrir los gastos indispensables para su alojamiento y alimentación por lo que el funcionario determinó internarlo en el campamento de Triscornia, lugar a donde iban a parar los viajeros extranjeros que serían deportados por tener dificultades legales o financieras. Ello provocó numerosos comentarios entre los viajeros y los que se encontraban en la terminal aérea solidarizándose con el pobre indio.

Informaciones de la visita del indio Putumayo publicadas en el diario Prensa Libre.

Este curioso suceso ocurrió a solo cuatro meses de que Batista se marchara a los Estados Unidos después de entregar la presidencia de la República al Dr. Grau San Martín, quien había ganado las elecciones de 1944. Por el gran parecido que había entre el indio y el ex presidente, algunos guasones rumoraban que era Batista quien había regresado a Cuba disfrazado de esa manera para continuar con sus fechorías.

Cuando estas noticias llegaron a oídos de los diarios comenzó un gran despliegue informativo que despertó la simpatía de nuestro pueblo por el infeliz andino. La Comisión Nacional de Turismo aprovechó la ocasión para atraer la atención de los turistas y se hizo cargo del indio del Putumayo durante los cinco días que estuvo en  La Habana y mostrándole los lugares más notables de nuestra hermosa ciudad.

Entre ellos visitó el antiguo colegio de Belén y el Doctor en Ciencias Cosme Ordóñez Carceller, Héroe del Trabajo de la República de Cuba, entonces alumno de ese centro escolar, recuerda el sentido del deber, del honor y la justicia y el respeto infinito a la dignidad humana de su inolvidable condiscípulo Fidel Castro. “Nunca olvidaré a aquel indio putumayo que visitó el colegio. Fidel se mostró como un excelente anfitrión, muy atento y preocupado por que el huésped se sintiera como en su casa, mientras los hijitos de papá no cesábamos de burlarnos del atuendo, costumbres y maneras del visitante”.

El 27 de febrero el indio putumayo regresó al terruño que lo vio nacer, orgulloso de sus aventuras y de la solidaridad que encontró en tierras cubanas.

Fuentes:

  • Periódico Prensa Libre de los días 23 al 28 de febrero de 1945
  • María Elena Álvarez entrevista titulada “Fidel es más médico que yo” realizada al Doctor en Ciencias Cosme Ordóñez Carceller, Héroe del Trabajo de la República de Cuba y condiscípulo del Comandante Fidel Castro en el Colegio de Belén. Publicado en http://www.acn.cu/2006/agosto/12edmedico.htm

 

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