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Para narrar la historia… ¿qué tiempo usar?

Diferentes géneros periodísticos hacen uso del relato histórico y se ha generalizado entre las personas que cuentan la historia el criterio de que narrarla en presente le da más vigencia. Sin embargo, ello constituye un soberano disparate.

Al respecto, lo primero es decir que cuando los escolares, de cuarto a séptimo grados, estudian la narración como forma elocutiva, aprenden que su tiempo verbal es el pretérito, el pasado.

Incluso, digamos, una novela de ciencia ficción, que ocurre en el futuro, ¡no podría narrarse en futuro!, porque los hechos hay que irlos narrando como ya ocurridos. Por eso, narración y pretérito constituyen una unidad.

Narrar en presente no permite destacar nada; sin embargo, si usted está contando, por ejemplo, la caída en combate de un héroe —por supuesto, en pretérito— y dentro de su texto dice algo así: “pero no ha muerto, su pensamiento es hoy fuente de innumerables lecciones”, ese presente asume un relieve particular, justamente por contraste.

Aunque no es mi objetivo dar una clase de gramática, si los lectores hacen un poquito de memoria, recordarán que, solo en el Indicativo, hay un presente (simple), siete pretéritos (tres simples y cuatro compuestos) y dos futuros (uno simple y otro compuesto), lo que matemáticamente evidencia que el pretérito es el más rico de los tiempos verbales y el único que permite presentar planos temporales diversos.

Comparen las dos versiones del mismo relato que aparecen a continuación:

Los guardias duermen, cuando la guerrilla sube, sigilosamente, durante la noche y los sorprende. Nadie puede tomar otro camino: muertos, heridos o prisioneros. “Termina esta misión”, afirma el jefe. “Y para fines de este mes termina la guerra”, dice otro combatiente. Si el enemigo calcula el precio de su derrota, no invade un terreno ajeno.

Los guardias dormían cuando la guerrilla, que había subido el lomerío sigilosamente durante la noche, los sorprendió. Ninguno pudo tomar otro camino: muertos, heridos o prisioneros. “Ha terminado esta misión”, afirmó el jefe. “Y para fines de mes habrá terminado la guerra”, dijo otro combatiente. Si el enemigo hubiera calculado el precio de su derrota, jamás habría invadido un terreno ajeno.

Es fácil percatarse de que la primera versión resulta totalmente plana e inexpresiva; en ella, todas las acciones se ejecutan a la misma vez, lo cual resulta imposible desde un punto de vista lógico.

Mientras tanto, en la segunda versión, en la que aparecen ocho formas verbales en pretérito de Indicativo, una en pretérito de Subjuntivo y una en futuro de Indicativo, los planos temporales se matizan y enriquecen.

En la primera oración del texto empleado a manera de ejemplo, la acción de dormir se presenta como inacabada, empezó en el pasado pero se alarga en el tiempo; mientras que la de subir es anterior tanto a dormir como a sorprender; por su parte, la de sorprender es tajante y conclusiva. Con ello, ya en esta primera oración aparecen, dentro del pretérito, tres planos temporales o momentos.

De igual modo, por ejemplo, en la última oración del párrafo, la acción de calcular es anterior, mientras que la de invadir es un futuro con respecto a ese pretérito; pero sin llegar al presente.

Cuando se trabaja un tema tan importante como la historia, en particular la historia patria, se hace esencial emplear todos los recursos posibles para animarla y presentarla como algo vivo y presente; pero, aunque pueda parecer contradictorio, eso no quiere decir, bajo ningún concepto, que se narre en presente.

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