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Pedro Téllez Girón, padre de la fotografía cubana

No se ha encontrado el primer daguerrotipo realizado en Cuba por Pedro Téllez- Girón. Esta panorámica en sepia de la Plaza de Armas fue captada unos veinte años después. Parte de esta fotografía aparece impresa en blanco y negro.  “…de una parte de la Plaza de Armas que representa el edificio de la Intendencia (Palacio del Segundo Cabo), parte del cuartel de la Fuerza, algunos árboles del centro de la misma fortaleza y en último término el cerro que al E. de la bahía contribuye a formar el puerto de la Habana” es, según describe el diario Noticioso y Lucero, la imagen que aproximadamente debe haber captado el padre de la fotografía cubana.

El domingo 5 de abril de 1840 el diario habanero Noticioso y Lucero reconoció en el Excmo. Señor D. Pedro Téllez Girón, la gloria “de haber sido el primero que ha dado a conocer prácticamente el daguerreotipo en esta isla”. 

La noticia, que consideramos es el “certificado de nacimiento de la fotografía cubana” nos cuenta la historia en sus primeros párrafos:

“Por las descripciones de los periódicos extrangeros conocíamos el Daguerreotipo, instrumento admirable, auxiliar poderoso de las artes de imitación, invento feliz de Mr. Daguer. Considerando el atraso de las bellas artes en la isla de Cuba, lejanos del centro de invención y movimiento científico no esperábamos que á la verdad este gran descubrimiento penetrase tan pronto hasta nosotros. Afortunadamente nos hemos equivocado.

El escelentisimo (sic) señor D. Pedro Téllez y Girón, hijo de nuestro digno Capitán general, joven lustrado, conocedor entusiasta de las invenciones útiles, hizo venir de París un Daguerreotipo. El curioso aparato llegó a esta capital en mal estado, inservible; manchadas las láminas metálicas, rotos los frascos de reactivos, y el termómetro. Por de pronto se creyó irreparable este fatal contratiempo, pero S.E. constante en su celo, firme en su decisión solicitó y obtuvo del Sr. D. Luis Casaseca la reparación del instrumento.

El ilustre joven tuvo inmediatamente el placer de ver coronado su primer ensayo de aplicación por un éxito felicísimo copiando por medio del Daguerrotipo la vista de una parte de la Plaza de Armas que representa el edificio de la Intendencia, parte del cuartel de la Fuerza, algunos árboles del centro de la misma fortaleza y en último término el cerro que al E. de la bahía contribuye a formar el puerto de la Habana, todo con una perfección en los detalles que es verdaderamente admirable.”

Equipo de daguerrotipo similar al que recibió en La Habana Pedro Téllez Girón

La prensa habanera de aquellos días no ofreció ninguna otra información sobre este acontecimiento, parecía que el joven introductor de la fotografía en Cuba había satisfecho su curiosidad por el daguerrotipo y abandonó la cámara para dedicarse a experimentar con otras nuevas invenciones. Pero no fue así.

Recientemente los estudiosos de la fotografía europea han descubierto que Pedro Téllez Girón fue uno de los grandes aficionados del calotipo (un método fotográfico distinto al de Daguerre, ideado y patentado en 1841 por el inglés Henry Fox Talbot en Inglaterra) y que parte de su obra se encuentra en el Museo del Prado y en otras instituciones culturales de España e Italia.

Mientras continúan ampliando la vida y la obra de este aristócrata dedicado desde sus inicios a la fotografía y se catalogan sus imágenes entre las cuales pudiera encontrarse el primer daguerrotipo que captó de La Habana, hemos confeccionado estos apuntes biográficos con los datos actualmente conocidos.

El padre de la fotografía cubana, Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Fernández de Santillán, XIII Duque de Osuna y X Marqués de Jabalquinto, nació el 4 de septiembre de 1812 en Cádiz, Andalucía, proveniente de una de las familias más ilustres de España. Fue educado por los mejores tutores,  quienes le enseñaron religión, política, fortificación, economía, lenguas extranjeras y clásicas, oratoria, matemáticas, física, dibujo, bellas artes y otras disciplinas que le aportaron una amplia cultura y una profunda afición a las ciencias y las artes. Desde muy joven acompañó a su padre el Príncipe de Anglona Pedro de Alcántara Téllez Girón y Alfonso Pimentel (1786-1851), quien era militar, héroe de la Guerra de la Independencia española en la lucha contra los franceses, consejero de la Reina Isabel II de Braganza, director del Museo del Prado desde 1820 a 1823, gobernador de la Isla de Cuba, senador liberal y le gustaba pintar y proteger a las artes.

Calotipos captados por Pedro Téllez Girón en Roma entre los años de 1848 a 1852 y conservados en el Museo Nacional del Prado, en Madrid. Arriba y a la izquierda “Iglesia de Santa María in Cosmedin”. También arriba y a la derecha la “Fuente de los jardines de la Villa Medic” debajo el “Arco de Septimio Severo en el Foro. En éste ultimo calotipo se ha ampliado la firma de P.T.Girón con la que identifica sus retratos.

La familia Téllez Girón residía en París cuando en enero de 1939 Daguerre anunció su invento. El joven Pedro de Alcántara y su amigo el famoso pintor español Federico de Madrazo estuvieron muy atentos y entusiasmados por el invento que se haría público en la Academia de Ciencias en el mes de agosto de ese año. Pedro, que ansiaba adquirir un equipo, no pudo quedarse porque su padre  había recibido el nombramiento de Gobernador de la Isla de Cuba y era su deber encargarse del séquito que acompañaría al Capitán General a la capital cubana, el cual lo integraban capellanes, contadores, escribanos, tesoreros, médicos, enfermeros, abogados, músicos, dibujantes y numerosos criados. Por ese motivo le pidió a su amigo Federico que tan pronto pudiera le enviara un equipo de daguerrotipo a La Habana.

El Príncipe de Anglona y sus acompañantes llegaron a la Habana el 10 de enero de 1840 y a principios de marzo Pedro Téllez Girón recibió la pesada caja de daguerrotipo que, como explica la información del periódico Noticioso y Lucero, había sufrido graves daños durante la larga travesía por tierra y mar. Afortunadamente el eminente químico español José Luis Casaseca y Silván se encontraba en La Habana y lo reparó. Pedro realizó el primer daguerrotipo de Cuba desde un balcón del Palacio de Gobierno con vista hacia la Plaza de Armas. A su lado estaba Casaseca asesorándolo en los detalles, un grupo de artistas y científicos habaneros observando las operaciones y seguramente la presencia de su padre alentó su empeño. La nota del Noticioso y Lucero subrayó: “el ilustre joven tuvo inmediatamente el placer de ver coronado su primer ensayo de aplicación por un éxito felicísnimo” lo que supone que Téllez Girón realizó otras vistas de la capital con su cámara de daguerrotipos.

Por su parte, el Capitán General dejó grabado en la historia de la fotografía cubana otro hecho importantísimo y mundial. El 16 de diciembre de 1840 concedió a George Washington Halsey el primer permiso dado a un fotógrafo en Cuba para “anunciar una máquina de hacer retratos y paisajes”. Con esta autorización el domingo 3 de enero de 1841, Halsey inauguró en la azotea del “Colegio Cubano de Conocimientos Útiles” situado en la calle del Obispo número 26, en la ciudad de La Habana, la primera galería para hacer retratos al daguerrotipo de Cuba.

De hecho, la Perla de las Antillas se convertía en el segundo país del mundo, después de los Estados Unidos, en hacer retratos por este medio, adelantándose en dos meses a Europa, cuando el pintor Richard Beard con una cámara similar a la de Halsey, abrió el 23 de marzo de 1841 en el tejado de la Royal Polytechnic Institution de Londres, la primera galería de retratos de Europa, mientras que Francia, la cuna del daguerrotipo, quedó rezagada e inauguró la primera galería en julio de ese año, casi dos años después de dar a conocer el invento al mundo.

El Príncipe de Anglona terminó su mandato en Cuba el primero de marzo de 1841 y es posible que su hijo Pedro Téllez Girón después de retratar La Habana captara daguerrotipos de paisajes en otras latitudes.

El procedimiento fotográfico que se usaba entonces, el daguerrotipo, producía imágenes de gran finura y calidad pero requería preparar y desarrollar la placa en el mismo momento de retratar la imagen, que era única e imposible reproducir.  En 1841 el inglés Henry Fox Talbot patentó otro procedimiento fotográfico menos engorroso; partiendo de una imagen negativa sobre papel obtenida en la cámara oscura, podía obtener después y en cualquier momento, cuantas copias positivas quisiera.

En 1852, Pedro de Alcántara Téllez Girón y Fernández de Santillán reaparece en el mundo fotográfico en un artículo del periodista Richard W. Thomas publicado en la revista inglesa The Art Journal, donde lo nombra como uno de los integrantes más entusiastas de la Escuela Romana de Fotografía. Este grupo, integrado por renombrados escultores, pintores y nobles de gran afición a la fotografía, se llamaban a sí mismos “los pintores fotógrafos” y se reunía en el Caffé Greco de la Via Condotti, en Roma, y habían adoptado el calotipo para retratar paisajes, edificios y rincones de las ciudades europeas y usaban el papel salado para positivar.

Pedro vivió dedicado a la fotografía, la pintura y la protección del arte hasta que falleció en Biarritz, al sur de Francia, el 3 de septiembre de 1900.

 

Fuentes:

  • Diario habanero Noticioso y Lucero 5 abril de 1840, p. 3, col. 1
  • Diario de la Habana años 1839 y 1840.
    • Helena Pérez Gallardo: “Le prince Girón de Anglona” en la red electrónica http://etudesphotographiques.revues.org/3536. consultado el 4 de mayo del 2017
    • Víctor Espuny RodríguezPedro Téllez Girón, príncipe de Anglona http://victorespunyrodriguez.blogspot.com/2015/03/pedro-tellez-giron-principe-de-anglona-1.html
  • Gisele Freund La fotografía y las clases medias en Francia durante el siglo XIX , Ed Editorial Losada, Buenos Aires, 1946
  • Enciclopedia Focal de Fotografía. Ediciones Omega. Barcelona 1960
  • Museo del Prado, Madrid.

Fuentes:

Actas Capitulares ,  ciudad de La Habana, 8 de enero de 1841.

Diario de La Habana, 3 de enero de 1841, p.4

Fotos Colección del Museo del Prado, Madrid

Archivo del autor.

Enciclopedia focal de fotografía, Ediciones Omega,  Barcelona. 1960

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