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Una «madre» despiadada

La bomba que lanzó Estados Unidos este 13 de abril en un área de la provincia de Nangarhar (Afganistán), tiene un costo aproximado de 16 millones de dólares y está considerada como «la madre de todas las bombas», por su dimensión y poder destructivo.

Estoy seguro que ni el piloto del Hércules C130, que portaba el artefacto y que la dejó caer sobre tierra afgana, ni quienes concibieron tan mortífera arma, conocen algunos datos actuales sobre la situación en esa nación asiática.

Se trata de un país que fue invadido y ocupado por Estados Unidos en el año 2001. Ha sido reiteradamente bombardeado en toda su longitud y hoy muestra a un tercio de su población de casi 32 millones de habitantes, viviendo en extrema pobreza según datos de Naciones Unidas.

El nivel de alfabetización para las mujeres afganas no supera el 32 %, mientras que los hombres llegan al 61 %.

La esperanza de vida para los afganos no supera los 50 años; mientras que los desplazados internos como consecuencia de la guerra suman más de 650 000 de acuerdo con informes del año 2016.

A ese país lanzó el Pentágono la «madre de todas las bombas», un engendro letal exhibido por Washington como la más completa y moderna de todas las bombas.

Correspondió a la época de Donald Trump en la Casa Blanca que, por primera vez en la historia, se utilice la bomba GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast (MOAB), un gigantesco proyectil de unas diez toneladas de peso, diseñado para destruir complejos de cuevas y túneles subterráneos.

Olvidaron los que así actuaron que solo el pasado año 2016, en Afganistán murieron 3 498 civiles y otros 7 920 resultaron heridos debido a la guerra que, luego de la invasión norteamericana en el 2001 generó una inseguridad jamás conocida y una inestabilidad de gran proporción.

Primero era la guerra contra los talibanes -presunta justificación para la invasión de tropas estadounidenses- y ahora, 16 años después, es el combate contra el Estado Islámico. Pero lo inverosímil del problema es que con la invasión y ocupación no se acabó con los talibanes y más bien ha crecido un terrorismo peor como es el Estado Islámico.

El lugar escogido para esta especie de ensayo de una nueva arma, fue el distrito de Achin en la provincia de Nangarhar, en el este afgano y cerca de la frontera con Pakistán.

La bomba GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast (MOAB) fue desarrollada para el ejército estadounidense por Albert L. Weimorts Jr.

Su interior contiene más de ocho toneladas de explosivos de alta potencia que, al estallar, liberan un poder de destrucción equivalente a 11 toneladas de TNT y pueden provocar una deflagración de un diámetro de 1,40 km.

Su lanzamiento ocurrió tres días después de que Estados Unidos, por orden del presidente Trump, lanzara 59 misiles contra una base aérea en territorio de Siria.

Para buen entendedor, con estos dos ejemplos bastan. Ya el nuevo inquino de la Casa Blanca emprendió el rumbo que otros mandatarios iniciaron, aunque los unos y el otro dijeran lo contrario cuando solo eran candidatos a la silla presidencial.

Ahora, el uso de esta «madre» despiadada, pone en aviso la continuidad de una política que solo ha sembrado muerte y destrucción en países pobres, de los más necesitados en alimentos, medicinas y desarrollo social.

Fuente: Periódico Granma

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