El montaje escenográfico sobre el presunto uso de armas químicas por parte del ejército sirio contra los terroristas que tienen ocupada parte de la nación árabe, fue elaborado por Estados Unidos con la misma plataforma usada en el mes de marzo del 2003 por el entonces presidente George W. Bush para justificar sus bombardeos y ocupación de Irak

El montaje escenográfico sobre el presunto uso de armas químicas por parte del ejército sirio contra los terroristas que tienen ocupada parte de la nación árabe, fue elaborado por Estados Unidos con la misma plataforma usada en el mes de marzo del 2003 por el entonces presidente George W. Bush para justificar sus bombardeos y ocupación de Irak.

Ahora, Donald Trump dio el primer paso y ordenó disparar 59 misiles sobre una base aérea en la provincia de Homs, provocando la muerte de casi una decena de personas y en manifiesto desafío a la comunidad internacional que en algunos casos hasta se creyó sus discursos pre electorales donde decía que no se involucraría en tales guerras.

Cuando catorce años atrás Bush, sin consultar a la ONU, emprendió los bombardeos contra Irak, dijo al mundo que esa nación árabe contaba con armas de exterminio masivo y meses después tuvo que admitir que era mentira, que fue un error de información de los servicios de inteligencia norteamericanos. Pero el mal ya estaba hecho y hoy se sabe que por esa agresión murieron casi un millón de iraquíes.

Lo de ahora tiene similares ribetes. Según el Pentágono, dos destructores de la Armada de EE.UU. lanzaron desde el mar Mediterráneo 59 misiles Tomahawk contra Siria.

Las frases de Trump no pudieron ser más similares a las de Bush: “No hay duda de que Siria usó armas químicas prohibidas”, dijo Trump desde Florida, donde estaba reunido con el presidente chino, Xi Jinping.

Y valdría la pena preguntar si no conoce el nuevo inquilino de la Casa Blanca que Siria eliminó todas sus armas químicas en el 2014, acción que fue supervisada y reconocida por la institución internacional encargada del control de estos artefactos.

Vale recordar que estos bombardeos norteamericanos se producen en momentos de gran tensión en la zona donde hay otras potencias invoucradas de una u otra forma. Mientras Rusia hace todo tipo de movidas políticas y miitares para eliminar a los terroristas del llamado Estado Islámico y del frente Al Nusra, este último protegido por Estados Unidos y trata de sentar en la mesa de diálogo a todos los factores involucrados en el conflicto sirio; Occidente, encabezado por Estados Unidos, en su afán de sacar del poder al presidente sirio Bashar Al Asab, trata de actuar —cuando lo hace— de forma deliberada y sin un compromiso serio con la paz en la región.

Rusia, condenó los bombardeos norteamericanos y convocó de urgencia al Consejuo de Seguridad ante la gravedad de la situación.

Dmitry Peskov, vocero del gobierno ruso, dijo que el presidente Vladimir Putin ve el ataque como “un intento de distraer al mundo de las muertes civiles provocadas por la intervención militar de EE.UU. en Irak”.

Y agregó que los hechos de de ahora generan un “daño significativo” en las relaciones entre EE.UU. y Rusia.

Este es el escenario cuando solo han pasado unas pocas horas de que 59 misiles norteamericanos cayeran sobre una instalación militar siria, que, llámesele como se le llame, justifíquese como se quiera justificar, se trata, una vez más, de un acto de agresión a un país soberano.

También, una vez más, Washington hace uso de su arrogancia y prepotencia y desafía al mundo con un acto de barbarie que puede significar una chispa en medio de un polvorín.

Mientras los misiles son lanzados y el cercano Israel, el incondicional aliado de Estados Unidos, bate palmas; Rusia e Irán alertan a Siria y al mundo sobre la verdadera intención de que la desestabilización en la nación árabe sea el pretexto que quizás se utilice para repetir en Siria la invasión y ocupación a la que fue sometida Irak en el 2003.

Tomado de Granma

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