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La Habana,

Destacado fotorreportero cubano. Premio Nacional de Periodismo "José Martí"

20 de Apr 2017 | 9:45 am »

La masacre de Humboldt 7

Fructuoso Rodriguez Pérez, Juan Pedro Carbó Servia, José Machado Rodríguez y Joe Westbrook Rosales, los jóvenes del Directorio Revolucionario asesinados en el edificio de Humboldt 7 por las fuerzas represivas de la dictadura al mando del Capitán Esteban Ventura Novo.

En las acciones de Radio Reloj y el asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957, murieron la mitad de los jóvenes combatientes, no hubo prisioneros. Durante los días siguientes los esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista buscaron al resto de todos aquellos que presumiblemente habían tomado parte en las acciones de Radio Reloj y la sede presidencial con una orden terminante: atraparlos muertos.  Los asaltantes que lograron escapar, algunos heridos de gravedad, se ocultaron en casas de amigos que se atrevieron a brindarles ayuda aun a riego de correr la misma suerte.

El capitán Glery Hernández de la 6ta Estación de policía frente a la puerta destrozada del apartamento donde se habían refugiado los jóvenes del DR, muestra una pistola y otros objetos ocupados en la vivienda. Foto Juan Manuel Miralles

Después de la caída en combate de José Antonio Echeverría, las diezmadas fuerzas del Directorio Revolucionario y de la FEU volvieron a reorganizarse bajo el mando de Fructuoso Rodríguez Pérez y decidieron continuar la lucha clandestina contra la dictadura de Batista y honrar a José Antonio siguiendo su ejemplo y sus ideales.

Tanto Fructuoso, quien tenía 24 años y estudiaba Agronomía, como Juan Pedro Carbó Serviá, de 31 años, graduado de Veterinaria y José Machado Rodríguez de  24 años, estudiante de Ciencias Sociales, eran los dirigentes del Directorio Revolucionario más buscados por la policía por su activa participación en la lucha contra la tiranía y los sucesos del 13 de marzo. Desde entonces los tres andaban juntos y cambiaban constantemente de escondite para evitar ser descubiertos, pero ya no quedaban  lugares seguros donde ocultarse.

Joe Westbrook Rosales no había cumplido aún los 20 años, estudiaba Ciencias Sociales y era también uno de los fundadores del Directorio. Participó en la toma de Radio Reloj junto con José Antonio y Fructuoso ocultándose después en el apartamento 201 del edificio de la calle de Humboldt número 7 que le había prestado un amigo, también estudiante.

Joe, a través de los contactos clandestinos del DR supo que Fructuoso, Carbó y Machado necesitaban un sitio donde esconderse y generosamente les cedió su refugio. El 19 de abril por la noche los tres líderes del DR llegaron al apartamento de Humboldt 7, mientras que Joe se marchó con su novia con la idea de refugiarse en la casa de un allegado. Pero las cosas no salieron bien.

 

Oficiales de los cuerpos represivos y vecinos frente a la puerta del Edificio de Humboldt 7 poco después de los asesinatos Foto: Juan M. Miralles

El apartamento de Humboldt sólo era conocido por un puñado de combatientes del Directorio y frecuentado por algunas personas confiables que conocían a Joe y a su novia o al estudiante que había arrendado el inmueble. Entre los visitantes estaba Marcos Armando Rodríguez Alfonso, más conocido por Marquitos, un oscuro personaje que aparentaba ser revolucionario, y esa noche fue al apartamento y se sorprendió al no encontrar a Joe y ver allí a los tres hombres más buscados por los sicarios del régimen. Al principio la conversación de los cuatro fue amable, luego Marquitos comenzó a reprochar el uso de las armas para derrotar al tirano. Juan Pedro le salió al paso y destruyó los pobres argumentos de Marquitos. Este se marchó resentido, encendiendo un odio que crecía en la medida que se alejaba del lugar. Ninguno de los que quedaron en el apartamento se imaginó que aquel amigo de Joe y su novia pudiera traicionarlos.

 

Esta fotografía dio la vuelta al mundo y es la más dramática de las captadas aquel trágico día del 20 de abril de 1957. Se trata del niño Héctor Rodríguez González, hijo del conserje del edificio de Humboldt 7, mirando la sangre que ha dejado Juan Pedro Carbó Servia en la escalera principal del edificio al ser arrastrado desde el primer piso, lugar donde fuera ametrallado por los esbirros del capitán Ventura, hasta la puerta principal. No tenemos la certeza de quien es el autor de esta imagen que seguramente hizo uno de los fotógrafos que reportaron el suceso: José Ortiz (Pepin) colaborador de Bohemia; Juan Manuel Miralles del periódico Alerta; Luis Martínez Paula del diario Mañana; Florencio Gerardo Portuondo Valdés (Floro) de Pueblo; Delio Valdés de Ataja y Narciso Báez de Prensa Libre.

Por otro lado, Joe no pudo quedarse en el lugar donde pensaba, acompañó a la novia a su casa y regresó al apartamento de Humboldt.

Al día siguiente Marquitos decidió delatar a Fructuoso, Carbó y Machado (no sabía que Joe había vuelto al apartamento) y se comunicó con el sanguinario capitán Esteban Ventura. A las tres de la tarde se entrevistó con éste en un apartamento de Carlos III donde le brindó los todos los detalles para realizar la acción.

Lo que ocurrió después fue reportado por los diarios y revistas según lo vieron los primeros periodistas y fotógrafos que llegaron y los testimonios que obtuvieron de los vecinos que presenciaron los horrorosos sucesos.

Según estas publicaciones, no siempre coincidentes en los detalles, alrededor de las 5:50 de la tarde del 20 de abril unos sesenta policías armados de ametralladoras rodearon el edificio de Humboldt 7. Un grupo de ellos subió al segundo piso y comenzó a abrir a culatazos la puerta marcada con el número 201. Los cuatro jóvenes del DR que estaban dentro, desprevenidos, apenas tuvieron tiempo de escapar por la ventana del respiradero que brindaba luz y ventilación a los apartamentos interiores.

Joe cruzó el respiradero y entró por la ventana al apartamento vecino, el 202, y calmó a la señora que lo ocupaba, asustada por la brusca entrada del joven y el ruido de los golpes que causaban los uniformados al romper la puerta vecina. Al fin comprendió la gravedad de la situación y accedió a que se quedara allí como si fuera la visita de una vieja amistad. Pero la policía que invadió el piso había escuchado los gritos de la mujer y tocó la puerta, el propio Joe la abrió. ”No le hagan daño” – suplico la señora a la policía – pero fue inútil cuando salió al pasillo la ráfaga de una ametralladora lo asesinó a quemarropa. Su cuerpo lo arrastraron al elevador y de ahí hasta la calle.

Fructuoso, Machado y Carbó bajaron por el respiradero hasta el piso inferido y entraron por la ventana al apartamento 101. Ante la perplejidad de la inquilina, atravesaron la sala, abrieron la puerta y salieron. Los dos primeros no intentaron bajar por las escaleras que tenían delante, sino que corrieron hasta el final del pasillo interior y saltaron por la ventana que daba al corredor que bordeaba el exterior del edificio.

Carbó salió tras ellos pero, en lugar de seguirlos, se dirigió en sentido contrario, al elevador. Los pasos precipitados de los jóvenes y el griterío de los residentes alertaron a los policías que ocupaban el segundo piso y bajaron para ver lo que ocurría. Reconocieron a Carbó y le vaciaron los cargadores de sus armas automáticas una y otra vez. Cayó al lado de la escalera y su sangre bajó por ella como una cascada hasta la entrada principal del edificio.

Habíamos dejado a Fructuoso y a Machadito en el momento en que se lanzaron por la ventana del pasillo del primer piso. Ellos cayeron casi ocho metros, en dos pasillos distintos separados por un muro de unos dos metros de alto. Ambos pasillos tenían en cada extremo una gruesa reja de hierro con puerta y candado que cerraba el paso a los intrusos.  Fructuoso cayó en el pasillo del edificio vecino, donde radicaba la agencia de automóviles Santé Motors Co., y por el golpe de la caída quedó inconsciente. Machadito fue a dar al pasillo del edificio de Humboldt 7 fracturándose sus dos tobillos. La policía los vio, colocaron el cañón de sus ametralladoras entre los barrotes y dispararon. Sus cuerpos ya sin vida fueron también arrastrados y colocados al dado de los de Joe y Carbó, luego los cuatro fueron llevados a la casa de socorros de San Lázaro para certificar su muerte.

Recorrido fotográfico por los lugares donde se desarrollaron los criminales sucesos de Humboldt 7 Fotos: Jorge Oller

Los vecinos que desde la calle o los balcones presenciaron el aparatoso despliegue policiaco, escucharon las ráfagas de las ametralladoras asesinando a los indefensos muchachos y vieron como los cadáveres eran arrastrados por la calle, alzaron horrorizados sus voces de repudio y gritaron ¡Asesinos!  La respuesta de los esbirros fue disparar al aire para ahuyentarlos, aunque algunos proyectiles se incrustaron en las paredes de los edificios cercanos como clara advertencia de que una bala perdida podía callar alguna voz de protesta.

La barbarie de Humboldt 7, la más trágica y cruel de la dictadura batistiana, fortaleció aún más la heroica rebeldía de la juventud cubana y su tenaz lucha contra la tiranía. Fructuoso, Carbó, Machadito y Joe hicieron también suyas las palabras que escribiera José Antonio en su testamento político: “Si caemos que nuestra sangre señale el camino de la libertad”

Fuentes:

·         Faure Chomón: El asalto al Palacio Presidencial Editorial de Ciencias Sociales La Habana 1969

Agradecimientos por su valiosa colaboracion, a Delfin Xiques, Mabel Hildalgo e Idania Rodríguez

Fotos:

  • Centro de Documentación del Diario Granma
  • Archivo del autor

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