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La Habana,
15 de Apr 2017 | 8:29 am »

Girón, abril de 1961 / Falsas promesas para una invasión

Las míticas “Cuatro Bocas”, en manos de valientes jóvenes que enfrentaron la invasión imperialista por Playa Girón. Detrás, una foto donde aparecen Fidel y el “Gallego Fernández”, en uno de los escenarios de los combates, en abril de 1961.

“!Tráiganme un pelo de la barba de Fidel!”, fueron las palabras de despedida del dictador de Nicaragua, Anastasio Somoza, a la brigada mercenaria a su salida hacia Cuba desde Puerto Cabezas, en el Caribe nicaragüense en abril de 1961.

Un directivo de la CIA se sumó al entusiasmo y le indicó al jefe de la expedición, un ex oficial de la dictadura de Fulgencio Batista, que al llegar a tierra “tomara un jeep, avanzara por la carretera, sacara la mano como quien va a doblar a la izquierda ¡y llegara directamente, hasta La Habana!».

Bajo esos buenos augurios partió la flotilla de barcos que
transportó a mil seiscientos hombres de la llamada Brigada 2506, apoyados por tanques, artillería y aviación destinada a invadir la Isla por Playa Girón y Playa Larga, en la Bahía de Cochinos, al sur de la provincia de Matanzas, para lo cual se prepararon durante más de un año en bases estadounidenses y culminaron en Guatemala y Nicaragua.

La operación de la Agencia Central de Inteligencia yanqui fue denominada Pluto y estaba destinada a ocupar la mencionada región aislada por la Ciénaga de Zapata, la que solo se comunicaba con tierra firme por una estrecha carretera flanqueada por pantanos, lo cual auguraba la imposibilidad del avance de las fuerzas cubanas bajo el fuego de los invasores.

Además, prevían utilizar el pequeño aeropuerto en Girón como base de operaciones de la fuerza aérea mercenaria.
Este enclave debería mantenerse por más de 72 horas para ser declarado territorio ocupado, al que arribaría un denominado gobierno en el exilio que esperaba en una base militar en la Florida, el cual ya en Cuba sería reconocido inmediatamente por la Casa Blanca, lo que justificaría un apoyo masivo de EE.UU. y hasta su propia intervención militar directa, junto a sus cipayos de la región.

La planificación, en sentido general, se inspiraba en la Operación denominada bajo el criptónimo CIA PBSUCCESS, dirigida por Alan Dulles, director de esa agencia, durante el derrocamiento del gobierno progresista guatemalteco de Jacobo Arbens en 1954, por lo que la mayoría de los responsables de la operación de Girón eran estadounidenses veteranos de la asonada en Guatemala.

En teoría todo aseguraba el éxito y durante las jornadas de navegación por el tranquilo Mar Caribe, en el ánimo de los expedicionarios predominaba un sentimiento de entusiasmo y de regodeo en las esperanzas de restauración de antiguos privilegios y de venganza muy esperada para otros mercenarios ex miembros de los aparatos represivos de la dictadura batistiana que pensaban identificar y asesinar a los revolucionarios tras la derrota.

El día 15, cuando los barcos se encontraban cerca de las costas cubanas, un grupo de aviones de la fuerza aérea de la invasión pintados con insignias cubanas para hacer parecer una rebelión interna, atacaron los aeropuertos de Ciudad Libertad en La Habana, San Antonio de los Baños, al sur de la capital, y el de Santiago de Cuba.

La incursión perseguía el objetivo de acabar con los aviones el gobierno y lograr el completo dominio del aire de la invasión. Ese era el acto final de la preparación y fracasó, pero ninguno de los invasores se imaginó la terrible desilusión que les esperaba poco después en tierra.

Durante la madrugada del 17 de abril se dieron las órdenes y se aprestaron los mercenarios para el desembarco en Playa Girón y Playa Larga, donde la realidad comenzó a transcurrir muy diferente a lo esperado.
El primer grupo de milicianos que encontrarían en la costa, no se les sumó alegremente como les prometieron, sino que respondieron con fuego y les hicieron las primeras bajas.

La población civil, lejos de mostrarse como víctima de la “dictadura comunista”, apoyó a las milicias y cuando bajo amenaza se les conminaba a colaborar respondían con el silencio a las propuestas.

Tampoco esperaban que desde el primer día en Cuba la supuesta destruida fuerza aérea cubana, resurgida como el ave fénix, no le diera un minuto de tregua.

Pero ese era solo el comienzo de las menos de 72 horas durante las cuales la entretenida aventura que les aseguró la CIA, se convirtió en un infierno hasta la derrota final ante los combatientes del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias, el 19 de abril.

Jorge Wejebe Cobo / Agencia Cubana de Noticias


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