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El árbol torcido de Reporteros Sin Fronteras

Los vínculos de Robert Ménard, fundador de RSF, con órganos de Inteligencia estadounidenses alcanzaron niveles sorprendentes.

La llamada globalización que vive la humanidad en las últimas décadas ha hecho proliferar, entre otros males, el de algunas instituciones alineadas hasta los tuétanos con el mal peor: el poder imperial hegemónico. El dinero.

En este marco se inscriben varias ONG que dicen “defender” la libertad de prensa. Por supuesto, al lado de quienes pagan para servirles como mercenarios ocultos en un poder mediático enajenante.

En el año 1985, en Francia, se creó Reporteros sin fronteras (RSF). El nombre tiene dos palabras, la primera —reporteros— para definir a los periodistas y la otra —sin fronteras— como expresión de un burdo concepto de la libertad de prensa que constituye todo un llamado a que los periodistas estén por encima de los Estados, de las leyes… de las fronteras.

Hay otras viciadas instituciones que se alimentan de esa pretensión, como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), representante de los grandes dueños de los medios, que en el caso latinoamericano tiene una oscura historia, siempre presta a lo que se ordene desde Washington.

Son criaturas que en el plano periodístico tienen similares objetivos a los de la desprestigiada OEA. Yo diría que ambas se dan la mano y se santifican con su injerencia en los asuntos internos de países democráticos, independientes y soberanos.

Reporteros sin Fronteras parece haber asimilado bien las instrucciones de quienes en este mundo se abrogan el derecho de hacer listas para juzgar al libre albedrío y condenar gobiernos y países que no se avengan a las directrices imperiales.

Así nació el más reciente informe que, como es lógico, está en pleno proceso de presentación en distintos países —principalmente en aquellos donde la libertad de prensa es la libertad de los grandes medios—.

Entre las más recientes diatribas contra las naciones progresistas y los gobiernos no entreguistas, está la que sus funcionarios hicieran este 27 de abril en Brasil, donde el argumento fue “…estar preocupados por la falta de libertad de expresión en Venezuela”.

En una lista de 180 países “evalúan” las “malas” conductas y para ello nada mejor que referirse a Nicaragua y a Cuba, para que acompañen a Venezuela —¡qué honor!—, en el famoso informe de quienes incumplen con la libertad de prensa según el criterio de RSF.

En un despacho de la agencia EFE, fechado en París, en el más reciente documento de RSF, Cuba aparece junto a México como países donde más amenazada está la libertad de prensa.

En su “lista negra” no se incluye a Estados Unidos ni ningún país europeo donde el periodismo y el periodista o se alinea al poder del dinero o perece en la llamada prensa alternativa, de buenas intenciones pero pocos recursos.

Estos señores muy interesados en hacer listicas y evaluar conductas con criterio selectivo deberían saber que en Cuba, desde 1959 cuando triunfó la Revolución nunca se ha asesinado a un periodista. Tampoco se ha golpeado. E, incluso, todavía hoy hay algunos mercenarios de la prensa que, como aves de rapiña, en busca de los dólares venidos desde Washington y de los viajes pagados por intereses foráneos, se dedican a falsear la realidad de la Isla y en nombre de lo que ellos llaman “libertad de prensa” escriben en sus blogs las más aberrantes mentiras.

Por añadidura, en nuestro país todos los que ejercemos el periodismo sabemos de nuestras insuficiencias y deficiencias. Discutimos y analizamos la falta de razón entre quienes quieren usar el secretismo para controlar las fuentes informativas. No estamos satisfechos con mucho de lo que hacemos pero si convencidos de que tenemos que mejorarlo nosotros mismos, sin interferencia externa.

Las listicas negras de Reporteros sin fronteras no nos quitan el sueño ni nos van a hacer cambiar de rumbo. Sabemos que ante cada crítica burda, ante cada llamado a “condenar” supuestas violaciones de la libertad de prensa, se esconden intereses oscuros con iguales propósitos de los que quieren poner de rodillas a la Revolución y hacernos claudicar.

Ahora el momento escogido por Reporteros sin fronteras para arremeter contra Venezuela, Nicaragua, Cuba, se parece mucho al liderado por Luis Almagro al frente de la OEA. En todos los casos, el interés mayor de quienes sirven viene del puesto de mando imperial instalado desde hace muchos años en Estados Unidos.

Algunas referencias sobre RSF y su fundador Robert Ménard, ilustran lo que estamos escribiendo. Con el título “La historia negra de Reporteros sin fronteras”, Tiempo Argentino pone al desnudo muchas aristas que se deben conocer.

Señala la citada publicación:

En la década de 1990 la organización comenzó a mostrar los verdaderos intereses que representaba. En una entrevista con el colombiano Hernando Calvo Ospina (“El Movimiento Cubano Exilio”, publicada por Ocean Press en 2000), Ménard dijo que RSF estuvo apoyando a los disidentes en Cuba desde septiembre de 1995.

Durante el golpe de abril de 2002 en Venezuela, RSF no denunció la violación de la Constitución ni la manipulación informativa de los grandes medios de comunicación.

RSF es hoy una de las principales referencias que toman los medios de prensa occidentales para definir si en un país existe o no “libertad de expresión” en base a un ránking anual que elabora. Siempre aparecen en los peores puestos las naciones enfrentadas con Estados Unidos en la disputa geopolítica mundial.

Los vínculos de Ménard con órganos de Inteligencia estadounidenses alcanzaron niveles sorprendentes. Mientras desencadenaba campañas de prensa contra Cuba, se permitía viajar a Miami a celebrar ruidosamente sus ataques a la isla con los El sitio web estadounidenses Counterpunch publicó en agosto de 2007 un artículo de los investigadores Diana Barahona y Jeb Sprague, donde se mostraba la alianza entre RSF y el Departamento de Estado a través de contratos con la NED y el Internacional Republican Institute (IRI), dos de los intermediarios usados desde la administración de Ronald Reagan para desviar fondos públicos hacia organizaciones extranjeras.

Durante 23 años, Ménard asoció a RSF a esa gran mafia de los jerarcas de la prensa continental llamada Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), una vieja criatura de la CIA cuya sede en Miami lleva el nombre de su “refundador” el agente Jules Dubois, miembro ilustre de la Inteligencia estadounidense.

En los años siguientes la organización reconoció recibir fondos de la NED, organismo creado por el gobierno de Ronald Reagan (1981-1989) con el fin de promover la agenda de la Casa Blanca en el mundo.

En un artículo firmado en 2009 por el profesor, escritor y periodista francés Salim Lamrani, el académico afirma que RSF recibe grandes sumas de dinero del sector más recalcitrante de la mafia cubanoamericana asentada en La Florida. Las campañas de RSF contra Cuba son financiadas por la organización de extrema derecha Center for a Free Cuba, cuyo director Frank Calzón es el antiguo dirigente de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), responsable de numerosos atentados contra Cuba.

Por si alguien tiene alguna duda, estos son botones de muestra de un gran glosario en el que se constata que Reporteros sin fronteras no es más que un árbol torcido al servicio de los intereses imperiales y contra los pueblos. Lo de libertad de prensa es solo una fachada para actuar y para recibir buenas cantidades de dinero de los más oscuros sitios, entre ellos de la mafia cubano-americana de Miami.

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