Abril apenas comienza y dos fechas martianas vienen de inmediato a la mente, ambas estrechamente relacionadas. Una, la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC) el día 10, en homenaje a la fecha fundacional de Guáimaro, cuando la nación insurgente se organizó en república, eligió su primer presidente y se dio su primera Constitución; la creación del PRC sería el magno aporte de José Martí a la estrategia de lucha contra el colonialismo —aunque su concepto de partido único llega hasta nuestro presente—, por cuanto el Partido no sería solo el encargado de organizar la guerra necesaria, más que eso: sería el encargado de lograr y mantener la unidad de las fuerzas revolucionarias, y la unidad fue, es y será nuestra más potente arma.

La otra fecha es el 11 de abril, día del arribo a Cuba de la expedición en que llegarían Máximo Gómez, José Martí y sus cuatro compañeros por Playitas —ya el día 1.o, por Duaba, había desembarcado el grupo lidereado por Flor Crombet y Antonio Maceo—, con lo que se completaba la presencia en Cuba de los tres más importantes jefes en la Isla insurrecta: Martí, como delegado del PRC y organizador de la contienda, y los mayores generales Gómez y Maceo, general en jefe y lugarteniente general del Ejército Libertador, encargados del ramo de la guerra.

Como se sabe, el 1.o de abril, Gómez, Martí y sus compañeros de expedición se habían embarcado en la goleta Brothers, pero el patrón los abandonó en Inagua, donde, gracias a gestiones de algunos simpatizantes, conocieron a Heinrich J. Th. Löwe, capitán del carguero alemán Nordstrand, que había hecho escala en el puerto. Tras algunas vacilaciones, Löwe aceptó regresarlos primero a Cabo Haitiano para, luego, dejarlos cerca de las costas cubanas. Justo el jueves 10, partió el Nordstrand con su carga de obreros a la vista y, escondida, la preciosa carga de héroes.

Antes de la partida, Martí escribió algunas cartas de despedida, entre ellas, una dirigida a Benjamín Guerra y Gonzalo de Quesada, sus más cercanos colaboradores en la dirección del PRC y, en particular, de Patria.

Con brevedad les habla de la primera salida y les reitera su voluntad de llegar, de todas, todas, a Cuba: “El 1o de abril salimos para no volver. Volvemos a salir—si no llegáramos ahora, volveríamos a salir”.* Lo escueto de su información tiene sus motivos: “Los detalles, no son para el papel, que puede perderse, o indicar una ruta que debe quedar cubierta, aun después de usada. El cable, no he debido usarlo, porque por él, que está vigilado o vendido, se sabría nuestro camino,—el que se torció, y el de ahora,—que aún no se sabe”.* Y, a continuación, con la misma parquedad precisa su misión: “Llegar, ordenar, empujar, deshacer a habilidad enérgica y con encabezamiento respetable y amable, los pocos obstáculos que nos presenten los nuestros mismos—esa es la labor, y vamos”.* En ese modo de decir, poco menos que encubierto, se advierte el conspirador avezado que ha logrado engañar al sinnúmero de espías —españoles y norteamericanos— que han echado tras ellos. Con la misma parquedad, revela también su confianza: “Estos días han sido útiles, y me siento creído. No puede ser que pasen inútiles por el mundo la piedad incansable del corazón y la limpieza absoluta de la voluntad”.*

Luego se refiere al “Manifiesto de Montecristi”: “Del manifiesto, todo hace prever, por la malignidad autonomista y la benevolencia española, que es oportuno, y que será de influjo real. De prisa y bien repártanlo. Que en todas formas cunda en Cuba, no perdonen esfuerzo para esparcirlo en Cuba”.* Ese trascendental documento, firmado el 25 de marzo de 1895 por Martí y Gómez, pero indudablemente redactado por el Apóstol, anuncia al mundo el carácter generoso y justo de la guerra necesaria e inevitable. Declara en primer término que la Guerra de Independencia era una continuación de la iniciada en Yara en 1868 y constituía la demostración de la voluntad de conquistar la independencia patria. De igual modo, refiere que la guerra no era contra el español y que la Revolución era ajena a toda manifestación de racismo. Con frase clarividente explica la necesidad de que el “Manifiesto…” llegara a todos: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento”,* frase esencial por su vigencia.

Por eso, alerta a sus colaboradores y amigos acerca de la importante labor de Patria y de la necesidad de que sea “un periódico especialmente alto y hermoso”.* En este sentido, les orienta: “Antes, pudimos descuidarlo, o levantarlo a braceadas: ahora no. Ha de ser continuo, sobre las mismas líneas, afirmando con majestad lo contrario de lo que se afirma de nosotros, mostrando—en el silencio inquebrantable sobre las personas—el poco influjo real que les concedemos. A lengua sinuosa nos están batiendo: cerrémosles el camino a mejor lengua, la hermosa—por ejemplo, —del artículo sobre la proclama de Masó: Sólo ese número me ha llegado desde febrero”.* Con estas palabras reitera la importancia de la palabra escrita verídica y portadora de ideas y acciones enaltecedoras.

También los critica; pero con ese concepto que tiene Martí de la crítica: “Criticar, no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota, no es consagrarse impíamente a escudriñar con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que la afean; es señalar con noble intento el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella. Criticar es amar […]”.1 Por eso, les dice: “Y en él, una pequeñez que extirpar, con mano firme, y es el tono burlón o jocoso de los comentarios sobre la guerra. La guerra es grave, y nosotros, y se espera de nosotros gravedad. Fue unánime alrededor mío el deseo de que se mudase el tono leve y novicio de los comentarios. Nos quita peso”.*

Por último, les indica los temas a tratar —y vale la pena leerlos bien, porque si los extrapolamos a nuestra realidad y a nuestro tiempo, y cambiamos la metrópoli colonial por el imperio que se desgasta en sus intentos de retornarnos a su órbita, con facilidad comprenderemos que mantienen toda su vigencia. “Y siempre los mismos puntos principales: capacidad de Cuba para su buen gobierno, —razones de esta capacidad, —incapacidad de España para desenvolver en Cuba capacidades mayores, —decadencia fatal de Cuba, y alejamiento de sus destinos, bajo la continuación del dominio español, diferencias patentes entre las condiciones actuales de Cuba y las de las repúblicas americanas cuando la emancipación, —moderación y patriotismo del cubano negro, y certeza probada de su colaboración pacífica y útil […]”.*

En fin, cada texto del Apóstol que tomamos revela por qué Fidel lo señaló como autor intelectual del Moncada, por qué su pensamiento y su acción han sido guía de nuestro quehacer revolucionario y por qué en las nuevas batallas que el destino nos depare continuará acompañándonos y guiándonos, ahora acompañado de quien fuera su mejor discípulo: el propio Fidel.

Notas

* Todas las citas marcadas con este símbolo pueden hallarse en José Martí: “Carta a Benjamín y Gonzalo” del 10 de abril de 1895, en Obras completas, t. 4, Centro de Estudios Martianos, Colección digital, La Habana, pp. 121-122.

1 José Martí: Obras completas, t. 15, p. 94.

Ver además

Para leer la realidad

Contaba hace poco Marta Rojas en Granma acerca de un mensaje enviado por Fidel a

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