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La Habana,

Destacado fotorreportero cubano. Premio Nacional de Periodismo "José Martí"

13 de Mar 2017 | 11:34 pm »

El 13 de Marzo de 1957

Fotografías de la toma de Radio Reloj y la muerte de José Antonio ARRIBA, A LA IZQUIERDA: Puerta de la entrada a la emisora CMQ en la calle M entre 21 y 23 en el Vedado por donde entró José Antonio Echeverría y sus compañeros para tomar la cabina de Radio Reloj y transmitir la noticia del asalto al Palacio Presidencial, la muerte de Batista y leer la alocución Al Pueblo de Cuba.  A LA DERECHA: Huellas de los disparos hechos en la pared de cristal del control maestro de la emisora por Josu Antonio antes de abandonar la emisora  DEBAJO, A LA IZQUIERDA: Vista de la calle 27 de Noviembre esquina a L, al costado de la Universidad, donde yace José Antonio delante del auto Ford en que viajaba.  A LA DERECHA: El Presidente de la FEU José Antonio Echevarría después ser abatido por la policía al costado de la Universidad.

Fotografías de la toma de Radio Reloj y la muerte de José Antonio ARRIBA, A LA IZQUIERDA: Puerta de la entrada a la emisora CMQ en la calle M entre 21 y 23 en el Vedado por donde entró José Antonio Echeverría y sus compañeros para tomar la cabina de Radio Reloj y transmitir la noticia del asalto al Palacio Presidencial, la muerte de Batista y leer la alocución Al Pueblo de Cuba.
A LA DERECHA: Huellas de los disparos hechos en la pared de cristal del control maestro de la emisora por Josu Antonio antes de abandonar la emisora
DEBAJO, A LA IZQUIERDA: Vista de la calle 27 de Noviembre esquina a L, al costado de la Universidad, donde yace José Antonio delante del auto Ford en que viajaba.
A LA DERECHA: El Presidente de la FEU José Antonio Echevarría después ser abatido por la policía al costado de la Universidad.

Este año se cumplen 60 años de la toma de la emisora Radio Reloj y el asalto al Palacio Presidencial por un heroico grupo de jóvenes del Directorio Revolucionario liderado por José Antonio Echeverría

Estas acciones fueron planificadas cuidadosamente y chequeadas todas las entradas y salidas que hacia Batista del Palacio. Cundo todo estuvo preparado se acuartelaron a los asaltantes, engrasaron las armas, repasaron un y otra vez los planes del ataque y esperaron la confirmación de que Batista estuviera en Palacio.

Cuando aquel 13 de marzo se tuvo la certeza de que Batista estaba en el Palacio se dio la orden de partida. Poco después de las tres de la tarde quince jóvenes que viajaban en tres autos ocuparon la calle M entre 21 y 23 en el Vedado. Tres de ellos: José Antonio Echeverría, Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria y máximo líder del Directorio Revolucionario, acompañado de Fructuoso Rodriguez y Joe Westbrook entraron al edificio de la CMQ subieron al cuarto piso y a las 3:21 ocuparon el estudio donde transmitía la emisora Radio Reloj entregando a los locutores unos partes para que los leyeran ante los micrófonos. En ellos se anunciaba que el Palacio Presidencial estaba siendo atacado y el dictador Fulgencio Batista había sido ajusticiado. Estas noticias se ampliaron al minuto y seguidamente, a las 3:23, uno de los locutores presento a José Antonio para que leyera una alocución al pueblo de Cuba. El encargado de las transmisiones de la subestación de Televilla le parecio que ocurría algo anormal y decidió interrumpir la difusión, debido a esto la Proclama que leía “Manzanita” (así llamaban a José Antonio sus mejores amigos y también “Gordo”) no se escuchó completa y cuando los jóvenes lo supieron abandonaron la emisora antes que viniera la policía, no sin antes disparar una ráfaga al control maestro de la emisora. El grupo partió para la Universidad donde radicaría el Cuartel General del Directorio. Pero cada vehículo por un camino distinto.

El auto en que viajaba Manzanita subió por Jovellar, cruzó la calle L y chocó contra una perseguidora de la policía que venía en sentido opuesto. Carlos Figueredo, que era el chofer conducía el carro, cuenta los trágicos momentos que ocurrieron después “Casi simultáneamente al choque, yo disparé contra la misma y recibimos una ráfaga de ametralladora que atravesó en línea oblicua nuestro parabrisas. Nadie fue herido de bala. Agachados descendimos del auto por la derecha. El primero en apearse fue José Antonio Echeverría, que avanzó sobre la perseguidora disparando. Se le acabaron los peines de la pistola y entonces extrajo el revolver que le había quitado al soldado del ejército en los portales de la CMQ. Un policía que estaba sentado en el asiento posterior del perseguidor disparó contra él matándolo. Echeverría cayó al lado mismo de la perseguidora”.

Fotografías del Ataque a Palacio.  ARRIBA A LA IZQUIERDA: Vista general del lado sur del Palacio Presidencial, la calle Colon y el parque Alfredo Zayas escenario del ataque del 13 de marzo de 1957.  A LA DERECHA: Camión con el rotulo de Fast Delivery S.A. usado por el grueso de los atacantes. AL CENTRO A LA IZQUIERDA: Puerta sur del Palacio Presidencial por donde los revolucionarios se abrieron paso para tratar de ocupar el edificio y eliminar al dictador y que utilizaron también para la retirada.   A LA DERECHA: Una de las tanquetas enviadas por el Ejército para frenar el ataque patrullando la calle Zulueta. DEBAJO A LA IZQUIERDA: Un grupo de camilleros trasladando a uno de los heridos a la casa de socorros A LA DERECHA: El fotógrafo Isaac Astudillo de Prensa Libre, uno de los reporteros gráficos que reporto los sucesos del 13 de Marzo delante de uno de los tanques con soldados que recorría la ciudad en busca de los atacantes.

Fotografías del Ataque a Palacio. ARRIBA A LA IZQUIERDA: Vista general del lado sur del Palacio Presidencial, la calle Colon y el parque Alfredo Zayas escenario del ataque del 13 de marzo de 1957.
A LA DERECHA: Camión con el rotulo de Fast Delivery S.A. usado por el grueso de los atacantes.
AL CENTRO A LA IZQUIERDA: Puerta sur del Palacio Presidencial por donde los revolucionarios se abrieron paso para tratar de ocupar el edificio y eliminar al dictador y que utilizaron también para la retirada.
A LA DERECHA: Una de las tanquetas enviadas por el Ejército para frenar el ataque patrullando la calle Zulueta.
DEBAJO A LA IZQUIERDA: Un grupo de camilleros trasladando a uno de los heridos a la casa de socorros
A LA DERECHA: El fotógrafo Isaac Astudillo de Prensa Libre, uno de los reporteros gráficos que reporto los sucesos del 13 de Marzo delante de uno de los tanques con soldados que recorría la ciudad en busca de los atacantes.

 Mientras, en el Palacio se combatía ferozmente. Cincuenta hombres bajo el mando de Carlos Gutiérrez Menoyo habían descendido de un camión y dos automóviles penetrando por la puerta sur de la mansión presidencial. Tras una sangrienta embestida los asaltantes alcanzaron el segundo piso ocupando el salón de los espejos, la terraza norte, el comedor y la oficina presidencial que Batista había abandonado minutos antes para subir por una pequeña escalera que había detrás de unas cortinas hasta el tercer piso donde se organizó la defensa. Menoyo trató de subir con varios compañeros pero una ráfaga acabo con su vida. Habían pasado dos horas y la situación era muy difícil, Gutiérrez Menoyo, jefe del ataque, había muerto. Los que podían sustituirlo – Menelao Mora, Faure Chomón, Juan Pedro Carbó – estaban gravemente heridos, casi la mitad de los asaltantes habían muerto, el grupo de apoyo no aparecía y casi sin municiones no les quedo otra alternativa a los jóvenes del Directorio que la retirada.

Unos veinte reporteros gráficos de distintos diarios de la Habana retrataron algunos de esos dramáticos sucesos en los alrededores de Palacio. Ninguno pudo acercarse al edificio durante el tiroteo, los soldados que le defendían disparaban sus armas desde la azotea o las ventanas a todo civil que veían en el desaparecido parque de zayas o en los portales de los edificio que lo rodeaban. Algunos osados que trataron de ver lo que ocurrían pagaron con la vida su curiosidad.

Dentro de la casa presidencial había dos fotógrafos: Mario Casañas Díaz, de 27 años y uno de los asaltantes que murió en la planta baja del palacio defendiendo la retirada y Raúl Martell fotógrafo de la Oficina de Prensa y Publicidad del Palacio Presidencial que se encontraba de guardia y estaba hablando con un periodista en el salón de los periodistas, situado precisamente al lado de la puerta sur. A duras penas él y los pocos periodistas que se encontraban allí volcaron los buros y se apretujaron detrás de ellos durante las dos horas y diez minutos que según los periodistas duro la batalla. Cuando retorno la paz estaban sordos, llenos de polvo y piedrecitas y un insoportable olor a pólvora y carne chamuscada se había impregnado en sus ropas y piel.  Martell que había dejado la cámara fotografía sobre un silla la encontró en el suelo llena de polvo pero funcionando.  Retrato algunos cadáveres y destrozos que eran un reflejo de aquellos momentos infernales se vivieron pero el jefe del servicio secreto le ordeno que se fuera a su departamento y que le avisaría si lo necesitaba. Poco después llego Guillermo Romay, jefe de fotógrafos que se encargó de retratar a los personajes que venían a guataquear a Batista.

A la Universidad fuimos unos diez fotógrafos. Los primeros que retratamos a José Antonio no vimos ningún arma a su lado. Más tarde vino la policía y el forense y voltearon a Manzanita abriéndose su saco y dejando ver dos granadas amarradas a su cinto.

De esos momentos ofrecemos dos collages, Uno de José Antonio y otro del ataque al Palacio en homenaje aquellos heroicos muchachos lucharon con pasión contra la feroz tiranía que oprimía a nuestro pueblo y que muchos de ellos ofrendaron su vida por tan hermosos ideales. El historiador Emilio Roig de Leuchsenring, definió el ataque al Palacio Presidencial como “la hazaña más fieramente audaz de todas nuestras luchas por la libertad”

Recuerdos de José Antonio y del día que murió. Los fotógrafos y camarógrafos de prensa habaneros de los años cincuenta conocíamos muy bien la valentía de José Antonio Echeverría y sus compañeros del Directorio. Lo demostraban en las manifestaciones estudiantiles cuando bajaban por la escalinata universitaria y tenían que enfrentarse a los esbirros de la tiranía batistiana. Casi siempre sucedía en la esquina de San Lázaro e Infanta, lugar donde se situaba una muralla de policías armados de toletes, blackjacks y manoplas para impedir el avance de los jóvenes y propinarles una buena paliza. José Antonio iba delante, arengando a sus compañeros y enfrentándose a puño limpio a los uniformadospero llegaba el momento en que los uniformados crecían en número y en crueldad y los jóvenes iban cayendo aturdidos, adoloridos, sangrando y aunque volvían a levantarse haciendo un esfuerzo titánico eran golpeados de nuevo hasta el cansancio y caían de nuevo al pavimento, desfallecidos, donde eran salvajemente pateados. Aquella jauría criminal se asombraba de que ni José Antonio, ni ninguno de aquellos intrépidos jovencitos pidieran clemencia o se doblegaran, demostrando su estoicismo, fidelidad a las doctrinas martianas y su amor al pueblo. Las fotografías publicadas en la prensa de esos días lo demuestran. Entre los fotógrafos de prensa de aquellos años recuerdo con especial admiración a Tirso Martínez Sánchez de los diarios Avance e Información, y que además colaboraba con el diario clandestino Revolución, el movimiento 26 de Julio y el Directorio 13 de Marzo y era un buen amigo de José Antonio. Tirso no se alteraba por nada, ni sabíamos cuando estaba alegre o triste, lo llamábamos “caballo loco” por su extrema audacia. En aquellos tiempos de rebeldía, él siempre vestía un pantalón negro con alguna camisa, corbata o pañuelo rojo, colores que simbolizaban a la revolución, se enfrentaba a la policía cuando le prohibían retratar algún suceso y por sus protestas y discusiones recibió golpes y hasta en una ocasión le destrozaron su cámara fotográfica, pero no escarmentaba, seguía en lo mismo.  Aquel 13 de marzo de 1957, alrededor de las cuatro de la tarde, nos encontramos con Tirso en la calle Trocadero, él había logrado llegar hasta la fachada principal del Museo Nacional de Bellas Artes que daba al parque Zayas (hoy Memorial Granma) sin saber que había soldados de la guarnición del Palacio Presidencial apostados en la azotea  disparando a todo civil que se asomara por aquellos alrededores; mi amigo escapó milagrosamente de una lluvia de balas que le tiraron, parapetándose detrás de una columna del Hotel Sevilla. Yo venía del Hotel Regis, situado en Prado y Colon, donde retrate al turista norteamericano Peter Korinda, muerto por una bala perdida al salir al balcón de su habitación para ver lo que ocurría.  Cuando nos vimos Tirso me animó a ir a la Universidad en la camioneta del diario porque también allí se escuchaban tiroteos. Al acercarnos a San Lázaro e Infanta parecía estar todo tranquilo, había decenas de policías armados con ametralladoras y fusiles pero no se les veía bravucones como otras veces, sino temerosos, escudándose detrás de los carros patrulleros o cualquier otro parapeto que pudiera protegerlos porque se rumoraba o habían escuchado por Radio Reloj que Batista había muerto y no se sabía aun si estaba muerto o vivo. El lugar estaba en silencio. Nos bajamos del auto en la calle San Francisco y subimos a pie a la Universidad por la calle Jovellar hasta llegar al hotel Colina.  Narciso Báez, fotógrafo de Prensa Libre, cruzaba la calle L en esos momentos, venía muy afligido del costado de la Universidad, al vernos nos dijo –“Han matado a Manzanita”, y nos señaló a un joven sin vida, a unos metros de allí, acostado de lado en el pavimento vestido con una chaqueta azul ensangrentada, delante de un auto Ford del año 57 con las puertas abiertas.  Tirso se acercó al cadáver y al cerciorarse que era José Antonio lo vimos llorar como un niño y no atinaba que hacer. Se aproximó a nosotros otro colega, el fotógrafo Luis Martínez Paula del diario Mañana, tiramos algunas fotografías con los ojos aguados y un terrible sentimiento de dolor. Así conocimos de la muerte de José Antonio.

Recuerdos de José Antonio y del día que murió.
Los fotógrafos y camarógrafos de prensa habaneros de los años cincuenta conocíamos muy bien la valentía de José Antonio Echeverría y sus compañeros del Directorio. Lo demostraban en las manifestaciones estudiantiles cuando bajaban por la escalinata universitaria y tenían que enfrentarse a los esbirros de la tiranía batistiana. Casi siempre sucedía en la esquina de San Lázaro e Infanta, lugar donde se situaba una muralla de policías armados de toletes, blackjacks y manoplas para impedir el avance de los jóvenes y propinarles una buena paliza. José Antonio iba delante, arengando a sus compañeros y enfrentándose a puño limpio a los uniformadospero llegaba el momento en que los uniformados crecían en número y en crueldad y los jóvenes iban cayendo aturdidos, adoloridos, sangrando y aunque volvían a levantarse haciendo un esfuerzo titánico eran golpeados de nuevo hasta el cansancio y caían de nuevo al pavimento, desfallecidos, donde eran salvajemente pateados. Aquella jauría criminal se asombraba de que ni José Antonio, ni ninguno de aquellos intrépidos jovencitos pidieran clemencia o se doblegaran, demostrando su estoicismo, fidelidad a las doctrinas martianas y su amor al pueblo. Las fotografías publicadas en la prensa de esos días lo demuestran.
Entre los fotógrafos de prensa de aquellos años recuerdo con especial admiración a Tirso Martínez Sánchez de los diarios Avance e Información, y que además colaboraba con el diario clandestino Revolución, el movimiento 26 de Julio y el Directorio 13 de Marzo y era un buen amigo de José Antonio.
Tirso no se alteraba por nada, ni sabíamos cuando estaba alegre o triste, lo llamábamos “caballo loco” por su extrema audacia. En aquellos tiempos de rebeldía, él siempre vestía un pantalón negro con alguna camisa, corbata o pañuelo rojo, colores que simbolizaban a la revolución, se enfrentaba a la policía cuando le prohibían retratar algún suceso y por sus protestas y discusiones recibió golpes y hasta en una ocasión le destrozaron su cámara fotográfica, pero no escarmentaba, seguía en lo mismo.
Aquel 13 de marzo de 1957, alrededor de las cuatro de la tarde, nos encontramos con Tirso en la calle Trocadero, él había logrado llegar hasta la fachada principal del Museo Nacional de Bellas Artes que daba al parque Zayas (hoy Memorial Granma) sin saber que había soldados de la guarnición del Palacio Presidencial apostados en la azotea disparando a todo civil que se asomara por aquellos alrededores; mi amigo escapó milagrosamente de una lluvia de balas que le tiraron, parapetándose detrás de una columna del Hotel Sevilla. Yo venía del Hotel Regis, situado en Prado y Colon, donde retrate al turista norteamericano Peter Korinda, muerto por una bala perdida al salir al balcón de su habitación para ver lo que ocurría. Cuando nos vimos Tirso me animó a ir a la Universidad en la camioneta del diario porque también allí se escuchaban tiroteos.
Al acercarnos a San Lázaro e Infanta parecía estar todo tranquilo, había decenas de policías armados con ametralladoras y fusiles pero no se les veía bravucones como otras veces, sino temerosos, escudándose detrás de los carros patrulleros o cualquier otro parapeto que pudiera protegerlos porque se rumoraba o habían escuchado por Radio Reloj que Batista había muerto y no se sabía aun si estaba muerto o vivo. El lugar estaba en silencio. Nos bajamos del auto en la calle San Francisco y subimos a pie a la Universidad por la calle Jovellar hasta llegar al hotel Colina. Narciso Báez, fotógrafo de Prensa Libre, cruzaba la calle L en esos momentos, venía muy afligido del costado de la Universidad, al vernos nos dijo –“Han matado a Manzanita”, y nos señaló a un joven sin vida, a unos metros de allí, acostado de lado en el pavimento vestido con una chaqueta azul ensangrentada, delante de un auto Ford del año 57 con las puertas abiertas. Tirso se acercó al cadáver y al cerciorarse que era José Antonio lo vimos llorar como un niño y no atinaba que hacer. Se aproximó a nosotros otro colega, el fotógrafo Luis Martínez Paula del diario Mañana, tiramos algunas fotografías con los ojos aguados y un terrible sentimiento de dolor. Así conocimos de la muerte de José Antonio.

 

 Fuentes:

Faure Chomón: El asalto al Palacio Presidencial Editorial de Ciencias Sociales La Habana 1969

Ernesto A. Álvarez Blanco: Subiendo como un sol la escalinata. Editora Abril, La Habana 2009


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