Doris Hernández Fernández, periodista (Foto:YAG)
Doris Hernández Fernández, periodista (Foto:YAG)

Durante su vida periodística Doris Hernández Fernández tuvo varias oportunidades de estar cerca del Líder de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz.

Inauguraciones de escuelas al campo, maniobras militares, congresos, recibimientos de delegaciones extranjeras, y recorridos por zonas y localidades de la Isla de la Juventud, Pinar del Río, Cienfuegos, Camagüey y Santiago de Cuba dan fe de ello.

Hoy, cuando toda Cuba y gran parte del mundo le rinden tributo y reafirman la fidelidad a la Revolución y a los valores que él defendió, Doris llena de nostalgia y con ojos conmovidos, regala algunas de sus anécdotas juntos.

Recuerda, durante las maniobras XX aniversario del Moncada, se encontraban en el cienfueguero hotel Jagua con una delegación de las fuerzas armadas chilenas y Fidel pidió un mapa de la Mayor de las Antillas.

“Nadie de los presentes tenía ni siquiera un plano; en mi agenda había un “dibujito” del archipiélago cubano, y se la acerqué al Comandante; eso es un garabato, no es un mapa, dijo él de forma jocosa.

“Lo quería para recrear la batalla de Playa Girón”, compartió.

Mientras su rostro se llena de ensoñaciones y se ilumina de remembranzas, Doris se recordó de siete años de edad; casi olía la tierra húmeda de la mañana de aquel 1951 en que Fidel visitó la finca Las cuchillas de Larrea en el reparto Lutgardita de la capital, en la que vivía con sus padres campesinos Genaro Hernández León y Encarnación Fernández Santos.

A su humilde hogar de madera asistía el Líder de la Revolución, quien en esa fecha era aspirante a la Cámara de Representantes de la República por el Partido Ortodoxo, y llegaba junto a Luis Orlando Rodríguez, director del periódico La Calle, para concientizar al campesinado de los desmanes y la corrupción del gobierno de Carlos Prío Socarrás y de la convulsión política reinante que desencadenaría posteriormente en el Golpe de Estado de 1952.

Doris rememoró que su madre fregaba en ese momento y se secó las manos con el delantal para saludar a ambos visitantes.

Luego Fidel, inmenso, se encorvó y le estrechó la suya, tan pequeña comparada con la de él.

“Fue la primera vez que una persona me saludó de esa forma.

“Su mano era suave, cálida, como si toda la bondad de su alma rezumara de ella”, comentó.

La pequeña Doris escuchó a Fidel decirle a su padre que un día los campesinos serían los dueños de las tierras que trabajan; nos comparte que esa fue la primera ocasión que oyó hablar  al Comandante en Jefe de justicia social.

La periodista se acordó que entonces invitaron a Fidel a sentarse en uno de los sillones de la salita, muebles de uso que habían comprado hace poco, y el cual cedió ante el peso y la estatura del convidado.

Muy apenado, el Comandante les prometió que cuando triunfara, él les iba a regalar un juego nuevo.

Promesa que la madre de Doris compelió a los miembros de su familia a olvidar; quienes con gran cariño atesoraron el sillón roto hasta que en 1957 tuvieron que abandonar la finca, y no pudieron recuperar su reliquia y llevarla consigo.

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