Un pocón de años atrás, un  6 de octubre en la periferia de la ciudad de Holguín, en una casita con cobija de yarey, mi madre pasó un poco de trabajo para parirme: llegaba atravesada en su vientre. Parece que eso de polemizar se me metió en el cuerpo en las entrañas de Caridad.

Holguín, entonces, para mí es entrañable: allí  nací, disfruté de la entrada de los barbudos siendo una niña, alfabeticé a cuatro personas cuando no había cumplido once años, me enamoré de Fidel y su revolución, tuve mi primer e intenso tope con Carlos Marx y toda la literatura francesa y allí también escribí mi primer nota periodística, que se publicó en el periódico ¡Ahora!.

Yo no iba a ser periodista, me faltaron siete meses para graduarme de profesora de matemática y física,  ciencias que me apasionan, pero se interpuso mi estrés, casi congénito, que me sacó supuestamente por un  tiempo de los estudios, y fui a practicar, para pasar el tiempo, al diario holguinero, donde tuve un maestro excepcional Cuqui Pavón. A él le debo, entre millones de cosas, haberme iniciado en el culto a Alejo Carpentier porque me prestó El reino de este mundo, por donde se debe empezar a leer al gran escritor cubano. Y al año cuando debía seguir mis estudios profesorales decidí quedarme en el mundo de cuartillas, tinta, imprenta… y aquí estoy porque como me dijo un colega “el periodismo es como la marihuana, después que se fuma no se puede abandonar.”

Toda esta descarga es para argumentar por qué he sentido orgullo de ser cubana y periodista al paso del Huracán Matthew. Ver la intensidad  de los preparativos, ser testigo de la presencia de Raúl y un montón de ministros en los lugares de mayor peligro, como hacen los buenos generales  en una batalla, percibir como se trasladaron los recursos  para las posibles zonas más afectadas que ya hoy son empleados en restablecer la electricidad, las líneas telefónicas, y otros destrozos, en un país  asediado aún por la nación más poderosa de la tierra, me han hecho llorar de orgullo ¡soy cubana y estoy aquí  c… jugándomela por lo que creo!.

En estos días no he tenido tiempo de mirar hacia el continente donde algunos gobiernos progresistas han dado pie a derechas neoliberales, sin que esas acciones reciban,  para mi gusto, la repulsa que merecen.  El no de Colombia al pacto de paz, el cerco a Venezuela, el bochornoso debate por la presidencia en Estados Unidos, el intento de destruir a Siria y tantas estupideces más de este planeta patas arriba cada vez más, me hacen desear que llegue una invasión extraterrestre de una  civilización que nos ayude a salir de esta suerte de caos en el que vivimos. Pero, bueno, Matthew, y la preparación para su paso, han hecho que no piense en el desorden planetario y lo comente, como casi siempre hago, con mi docto y loco amigo Joaquín Borges Triana.

¿Y por que ese orgullo de ser periodista?. Lo he sentido unas cuantas veces, en toda la época que dirigí El Caimán Bardudo, en muchos momentos de mi paso por Radio Reloj, en el período que eché a andar de nuevo la revista Pionero, cuando pertenecí a un  grupo que sembró La Jiribilla; he publicado algún texto, de esos picantes, en mi saurio, o en Cubadebate y ha generado decenas de comentarios, o en el Portal de la Televisión Cubana, donde tengo una columna;  o en Cubasí, o en el Boletín  Se dice cubano.

Ahora lo sentí no por mí, sino por esa revista especial Matthew, transmitida por  la televisión en la que Cristina Escobar y Lázaro Miguel Alonso fueron los rostros jóvenes, seguros, con cierto desenfado y la sonrisa oportuna, sin incoherencias en su decir, que trasmitían información  y también conocimientos sobre la mole de agua y viento que nos visitaría (y visitaba), tanto por lo que decían ellos o lo expresaban  sus numerosos y valiosos  invitados a quienes entrevistaban.

Claro, ellos fueron el rostro visible de un trabajo de la televisión hecho de la punta de Maisí a La Habana.  Los pases desde las provincias con la nota y la imagen de lo que sucedía en municipios intrincados o  crónicas sobre la fortaleza anticiclónica de los vara en tierra, enviadas por el profesional Abdiel Bermúdez, desde Holguín o la de la historia de una casa desde Las Tunas presentada por  Dalgis Román,  son solo dos ejemplos de lo mucho y bien que se trabajó por los profesionales de la noticia.

Y por supuesto, si se va a ser justo hay que reconocer a camarógrafos, sonidistas, luminotécnicos, choferes, pantristas y también a Danilo Sirio, Ovidio Cabrera, Alfonso Noya, directivos con los que me quejo sistemáticamente por “las cosas de la TV”, los jefes de telecentros implicados, más al Instituto de Meteorología, especialmente al Doctor José Rubiera, ese rostro asociado desde hace años a la información pertinente que es fruto de numerosos científicos y técnicos de todo el país. Hago mías  las palabras que colgó en Facebook, la excelente periodista (y también doctora) Maribel Acosta: “Estoy impresionada de la magnífica cobertura que está haciendo el Sistema Informativo de la TVC sobre el huracán!!!! Decenas de periodistas jóvenes reportando desde el lugar de los hechos, con rostros de reporteros en campaña, creíbles, apropiados para el suceso!!! Mis felicitaciones!!! Me siento orgullosa de tod@s”

Pero ¿qué decir de Cubadebate?. Mantuvo por cerca de setenta y dos horas a Matthew  minuto a minuto con fotos, video; igual que el Portal Cubasí; la página digital de Granma, y especialmente el Portal de la TV que logró encadenarse a emisoras de radio para dar información a toda hora.

En la mañana de este día cinco cuando “el bicho” se alejaba rumbo norte dando paletazos de agua y viento al oriente cubano, al aplaudir las fotos que enviaban desde la destruida Baracoa por medio de correo electrónico, Cristina habló de periodismo ciudadano, muy bien utilizado el calificativo y que se haya usado esa vía  para dar la información que no tenían los corresponsales.

Sentir ese buen bullir periodístico, nacido en una buena parte de jóvenes profesionales, los que por ser cubanos y revolucionarios  usan el lenguaje de esta época, me hace gritar (es un decir) ¡soy periodista!.

Sé por experiencia que Cuba en momentos heroicos se crece, y en la cotidianidad a veces cabecea cuando tiene que pujar, pero es mi isla, de la que siento orgullo y también de esta profesión “la más linda del mundo” según  García Márquez, que no siempre está a la altura que todos nos merecemos. De todas formas quiero brindar por nacer y vivir aquí, emborronando cuartillas y atravesada, como me acomodé en el vientre de mi madre.

(Tomado de Cubasi)

Ver además

Las cuatro estaciones de Fernando Martínez Heredia

Palabras en la presentación del libro Cuba en la encrucijada, de Fernando Martínez Heredia (Ruth

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