Arelis Alba Covas, @labaracoesa (derecha) fue la voz en la hora cero del 4 de octubre, cuando Matthew azotó el extremo oriental cubano. (Foto: Daniel Ross Diéguez/Venceremos)
Arelis Alba Cobas, @labaracoesa (derecha) fue la voz en la hora cero del 4 de octubre, cuando Matthew azotó el extremo oriental cubano. (Foto: Daniel Ross Diéguez/Venceremos)

«Cuando el viento y el mar amenazan con hacer estragos y el peligro es inminente, las torres de control meteorológico disparan sus indicadores y todos buscan estar a buen resguardo, entonces el ser humano busca —por instinto— la comunicación», así comienza un reportaje del periódico Venceremos, de Guan­tánamo, que bajo el título A mal tiempo buen periodismo, describe cómo los colegas de Baracoa, del telecentro Primada Visión y de la emisora La Voz del Toa, mantuvieron informados a su municipio, provincia y a toda Cuba del paso por esa urbe del poderoso y destructor huracán Matthew, que también se ensañó con Maisí, Imías y San Antonio del Sur.

Como mismo lo hizo la población, si­guiendo las instrucciones de los Consejos de Defensa, la prensa cubana y en especial los colegas que en esa zona laboran, se anticiparon y en los preparativos le ganaron la batalla al meteoro. Jóvenes profesionales que vivieron su primera experiencia ante una situación como esa y otros experimentados informadores, garantizaron el trabajo a tiempo completo en situaciones de contingencia para mantener las transmisiones bajo cualquier circunstancia.

Y lo hicieron desde el borde delantero del combate, por todas las vías posibles: televisión, radio, redes sociales, sitios oficiales en Inter­net, teléfonos, cualquier medio al alcance fue preciso para hacer periodismo, sin importar los daños y el tiempo. «Esa noche fue como vi­vir la guerra. Las horas del paso del huracán fueron aterradoras, pero nosotros nos mantuvimos unidos cumpliendo con nuestro trabajo, convencidos de que aquello pasaría e íbamos a salir adelante», dijo a Venceremos el camarógrafo Rolvis Yasser Machado.

Cuando se escriba la historia del 4 de octubre del 2016, habría que otorgarles un lugar especial a estos profesionales de la información. Noa Faez, de la Voz del Toa; Lisandra Savó Vega, Mavel Toirac, Leandris Noa —a quien vimos en disímiles reportes desde Ba­racoa—, Karel David Ruenes, del telecentro Primada Visión o Maricel Reyes Pérez, de Ra­dio Baracoa, y al resto de los equipos, como los fotorreporteros Roberto Esquivel y José Ma­nuel Sánchez, quienes aun cuando ya sabían que se habían quedado sin casas, no dejaron de hacer y transmitir las imágenes de lo ocurrido.

Párrafo aparte para la reportera de la Voz del Toa, Arelis Alba Cobas, @labaracoesa, twitter incansable e imprescindible en la hora cero, mediante el cual el mundo conoció las primeras noticias del paso del meteoro e igual las primeras imágenes.

Habría que poner muchos nombres más, como los que dieron la amplia cobertura en los servicios informativos de la Televisión Cuba­na, que encontraron en Solvisión, la televisora guantanamera, su punto de enlace con los territorios afectados; a los que en el sitio web Cubadebate, rompieron récord de visitas para un día, con más de 190 000 por la agilidad y buen periodismo sobre ese soporte; a las emisoras de radio de todo el país, al resto de los periódicos, al equipo de nuestro diario que se adelantó y partió cuatro días antes con dos periodistas e igual cantidad de fotorreporteros. Como tampoco podrían quedar fuera el meteorólogo José Rubiera y el Estado Mayor de la Defensa Civil, por lo previsor de sus gestiones.

Pero los periodistas cubanos no trabajaron solos, no fuimos los únicos que dieron a conocer lo que sucedió con Matthew y la hazaña de un pueblo. La prensa extranjera acreditada en el país y otros que pidieron visas y solicitudes de permiso para trabajar en una zona de desastre, como se exige en cualquier lugar del mundo, se movió también al epicentro de la noticia.

Un total de 31 corresponsales salieron de La Habana hacia la región oriental. Un equipo de la Associated Press (AP), con camarógrafo y fo­torreportero, y otro de la Agencia Española de Noticias (EFE), con las mismas funciones, más un redactor, vivieron en tiempo real el huracán en la ciudad de Baracoa. Pasaron allí los embates del fenómeno atmosférico.

Se basificaron en el hostal Habanera, por recomendación de las autoridades del go­bierno y del Partido en el municipio y por las autoridades del Ministerio de Turismo cubano, pues donde estaban, en Porto Santo, la cercanía de dos ríos y el peligro de crecidas de estos, podría jugarles una mala pasada. Al dañarse seriamente el alojamiento alternativo, se les crearon luego todas las facilidades en el hotel El Castillo, con tres habitaciones. Reportaron cómo se preparó el pueblo, la manera en que se tomaron las previsiones ne­cesarias para cuidar lo más sagrado, la vi­da humana.

Otro grupo, de Reuters y AFP intentó tres veces por distintas vías llegar hasta la ciudad primada, hasta que lo lograron y compartieron espacios con la AP y EFE para hacer sus labores. Una parte de ellos, además, recibieron el apoyo de los colegas cubanos en Primada Visión, lugar al que vieron, además, convertido en centro de evacuación para proteger a la población. También la CNN reportó el vendaval, con sus informadores, desde Santiago de Cuba.

Otros ocho cronistas, de NBC, tres de ellos llegados desde Estados Unidos, incluyendo un periodista especializado en la temática para Weather Channel (canal del clima), lo hicieron desde la playa santiaguera de Si­bo­ney y también se trasladaron a Guan­tánamo, junto a equipos de El Nuevo Día, de Puerto Rico; Resumen Lati­noamericano, de Ar­gen­tina; de ABC Miami y de CCTV, de China. Lle­garon hasta San Antonio del Sur y a la zona de Bate Bate, donde pudieron apreciar el impacto del mar en la carretera y cómo se protegió a los pobladores y así lo reflejaron en sus reportes. Lo mismo hicieron en la comunidad de La Cecilia y en la Universidad de Guant­á­namo, que fungió en calidad de centro de eva­cua­ción, informaron sobre las medidas tomadas y las facilidades que se dispusieron en el orden de salud, alimentación y avituallamiento para los que allí se resguardaron.

A todos se les garantizó protección y se les propiciaron las condiciones que permitía la si­tuación climatológica para realizar su trabajo.
Pero en esta Cuba, de obra por excelencia humanista, nada estaría completo si se habla de prensa, sin la consabida manipulación y en este caso provocación de sitios privados o abiertamente al servicio de la contrarrevolución, que intentaron dar una imagen, no ya diferente, sino distorsionada de la realidad que se vivió y que aún en plena fase recuperativa se sigue viviendo. Además, actuaron sin autorización previa, como lo exige un momento de contingencia y en el cual el país tomó todas las medidas como corresponde a una situación emergente igual que lo hacen todas las naciones del mundo.

Realizaron actividades, en las cercanías de la ilegal Base Naval que Estados Unidos mantiene en la provincia de Guan­tánamo, en contra de la voluntad de su pueblo, y que nada tenía que ver con las zonas más dañadas por el huracán.

No es exagerado el calificativo de provocación. Cuando Matthew ya salía, incluso de las costas estadounidenses, fue que se presentaron en la geografía guantanamera estos otros «informadores». Es sintomático que esto ocurra justo, cuando mañana se celebra una ronda de conversaciones sobre derechos humanos entre Cuba y Estados Unidos. Ac­tividades de esta índole contrastan con la profesionalidad mostrada por periodistas de medios territoriales, nacionales y extranjeros ante la tragedia que vivieron los territorios más golpeados. En otras palabras, estaban fuera del epicentro de la noticia y se perdieron, porque no les interesaba, la épica del suceso.

Fuente: Periódico Granma

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