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Medios públicos y privados: tres preguntas de Julio García Luis

Julio García Luis dando clases en la Facultad de Periodismo de la UH (Foto: Cubadebate)
Julio García Luis dando clases en la Facultad de Periodismo de la UH (Foto: Cubadebate)

El mapa de los medios ha cambiado dramáticamente con las nuevas plataformas tecnológicas y el debate sobre la comunicación ha regresado al siglo pasado en Cuba.

Pensábamos que la naturaleza social de este derecho humano no podía colocarse tan fácilmente en el mostrador del mercado, pero hace rato dejaron de estar claras las fronteras entre un sistema de medios públicos, mayoritariamente estatales en el interior de la Isla, y otro sistema de medios estatales y privados, anclados fundamentalmente en Estados Unidos, disputándose la atención de las audiencias cubanas. Estos últimos, con muchísimo dinero y violando las leyes y el sentido común, a pesar de sus nulas posibilidades de éxito.

Pero hoy el Granma y El Nuevo Herald están al alcance de un clic y los cambios en la economía hacen florecer empresas ávidas por anunciarse -restaurantes, alquileres y servicios de todo tipo-, muchas de carácter legal. Como era de esperar, han surgido cientos de negocios que viven de la publicidad y median las relaciones entre el espacio público, fuertemente regulado, y el digital, con limitada o ninguna regulación, que coexisten en complejo equilibrio bajo las reglas de la oferta y la demanda. Mientras, en el país se trabaja por concretar una política de comunicación que debe poner un orden socialista, contrapeso de las decisiones económicas de un mismo signo, en el complicado escenario de la convergencia.

En río revuelto, ganancia de pescadores. Así como existen medios con infraestructura y registro digital estadounidense o europeo, pero con oficinas, empleados y audiencias en Cuba, se recomponen los viejos instrumentos propagandísticos de EEUU para el cambio de régimen en la Isla. Ocurre en la ancha llanura de Internet, donde en la noche todas las vacas son oscuras y los conceptos empiezan a vaciarse de contenido –lo privado renace como alternativo; la empresa mediática como medio ciudadano; el individualismo como socialismo; el cinismo como ética- con la sola excusa de avanzar en los espacios que ya se habían recuperado para las grandes mayorías de este país.

En una nota para sus clases en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Julio García Luis (1942-2012) reflexiona sobre esa pelea que no es nueva entre los que apuestan por la privatización de los medios, y quienes intentan demostrar que nuestra profesión, desde la práctica del socialismo, puede hacer frente a los desafíos que tiene por delante. Lo hace a través de tres preguntas que son, también, profundas certezas: “¿No debiera ser la propiedad social la mejor garantía del uso de los medios para el servicio público? ¿No debiera ser la distinción entre propiedad y gestión una clave para la calidad profesional? ¿No pudiera esa gestión profesional funcionar en base a cultura y valores compartidos con el propietario social, similares a las que existen entre editores y consorcios en el capitalismo desarrollado?”

Con la ayuda de las hermanas Nadia y Nidia Díaz, viuda y cuñada de Julio, respectivamente, he estado ordenando y preparando para una futura publicación una zona de la papelería de quien fuera Decano de la Facultad de Comunicación, que abarca textos escritos desde la década del 80 del siglo pasado hasta poco antes de morir, en enero de 2012. Hemos seleccionado unos 40 materiales que incluyen apuntes, discursos, ensayos, cartas y crónicas, todos inéditos y con un valor extraordinario para comprender el escenario, los avances y retrocesos de la prensa cubana en el último medio siglo.

No he terminado el ensayo introductorio para este proyecto. Julio asumió el periodismo como una construcción de ciudadanía, con sus múltiples dimensiones que trascienden el tema al que nos convocó Cubaperiodistas. Pero si algo sostiene su pensamiento es la defensa de la propiedad social de la prensa y su apasionada convicción de que Cuba puede construir un modelo de comunicación socialista, negado a otras sociedades que intentaron “el asalto al cielo”. Por eso, mi propuesta es que sean respondidas las tres preguntas que Julio les hizo a sus estudiantes y que lo haga él mismo. Que su voz, rescatada del fondo de un baúl familiar, sea la que hable.

Por tanto, lo que usted leerá a partir de ahora son fragmentos de esos textos inéditos -algunos sin título aún y otros, sin fecha-, obra de un pensamiento coherente e iluminador en los tiempos que corren.

Tres preguntas, tres respuestas de Julio

-¿No debiera ser la propiedad social la mejor garantía del uso de los medios para el servicio público?

En el debate entre propiedad social y propiedad privada de los medios, tengo las siguientes convicciones:

  • Una verdadera democratización de la prensa, y el ejercicio ético del periodismo, requieren como premisa la propiedad social sobre los medios.
  • La propiedad social, por sí misma, no es tampoco garantía suficiente de una prensa de servicio público, participativa, sustentada en valores y formadora ella misma de valores.
  • Se requiere que ésta forme parte de un proyecto clasista, popular, de justicia social y socialismo (en una interpretación amplia de este concepto), que lo haga capaz de imprimirles a los medios una política de desenajenación y plena liberación del ser humano.
  • Tal política de información y comunicación, para realizarse, requiere de una especial mediación y articulación entre el sistema político y el sistema de medios, que se debe expresar en la gestión profesional de estos.

Resulta mucho más difícil advertir la actuación de un sistema propagandístico cuando los medios de comunicación son privados y no existe censura formal, en particular cuando tales medios compiten activamente, atacan y exponen con cierta periodicidad los errores del gobierno y de las corporaciones, y se autocalifican enérgicamente de portavoces de la libertad de expresión y de los intereses generales de la comunidad.

Por tanto, el verdadero peligro, tal como yo lo aprecio, no está en los nuevos fenómenos asociados a las redes digitales, sino en el envilecimiento, mercantilización, identificación con las cúpulas de poder y renuncia a la función crítica y de servicio público de la gran masa de medios convencionales, que cada vez tiene que ver más con el imperio y sus intereses, y cada vez menos con los países, su gente y sus problemas.

En Cuba deberíamos evitar que momentos de desconcierto o de revés le den pábulo a algunas tendencias liberales o extremistas, que propugnan los valores de la propiedad privada en nombre del fracaso estatal. El rechazo al burocratismo y al inmovilismo no debe llevarnos al liberalismo burgués y a la trampa de los mecanismos capitalistas. La necesidad de mayor eficiencia económica y más impulso al desarrollo científico-técnico, que reclama el socialismo, no debe hipotecar nuestra perspectiva comunista.

Las fórmulas de ultraizquierda que a veces oímos o leemos son exabruptos de diletantes, al margen de la complejidad real de los problemas. Nuestra tarea tenemos que resolverla hoy con fórmulas nacidas de la realidad cubana, con la gran masa de periodistas de país, con los cuadros de la prensa, con el Partido y su dirección en cada nivel, con todos los organismos políticos, de masa, estatales y administrativos, con el papel activo de los trabajadores y el pueblo que son los protagonistas de la información.

Seamos realistas. En nuestra prensa, no sólo se destaca una avanzada consciente, junto a un sector descreído y apático; también se destacan inevitablemente corrientes extremistas y liberales. Ellas a veces se presentan como muy radicales y atraen a personas sinceras. Pero su caldo de cultivo por excelencia lo dan oportunistas y resentidos. Estas tendencias no pueden esperar. Para ellas, el baño de sangre ha de ser ya. Las cabezas deben rodar a más tardar mañana temprano. Si algo no sale como es debido, es que hay un gran culpable agazapado en alguna parte, a quien sólo hace falta descubrir y defenestrar. Todo el que ocupe algún cargo, obviamente, es un canalla a eliminar. Si alguna fórmula atractiva aparece en la arena internacional: a imitarla, sin más demora. Si intereses sensibles del país pueden ser lastimados por un manejo irresponsable de nuestra libertad de prensa: abajo los intereses el país. Todo en blanco y negro, todo fácil, todo expedito. Óptica de diletantes. Eso sí es peligroso.

Por tanto, la pregunta sigue siendo esta: ¿puede haber periodismo en el socialismo? Para nosotros la respuesta es: sí, puede y debe haber un periodismo de calidad. ¿Es fácil? No. ¿Es un problema resuelto? No. ¿Basta con seguir la experiencia pretérita y actual del socialismo? No. ¿Hay que buscar una respuesta cubana a este problema? Sí. El capitalismo, obviamente, no sólo ha desarrollado una experiencia en este terreno, sino que posee determinadas ventajas. La irresponsabilidad que supone la propiedad privada de los medios es una de ellas.

-¿No debiera ser la distinción entre propiedad y gestión una clave para la calidad profesional?

 Nuestra prensa es partidista, es revolucionaria. Ese es su mayor timbre de orgullo. Es una conquista histórica irreversible. No hay en esto ni habrá la menor concesión al liberalismo o al oportunismo. La política que aplicamos en Cuba es indiferente por completo a toda idea de congraciarnos o hacernos simpáticos a Occidente, y por eso la propiedad de la prensa deberá seguir estando en manos de la sociedad organizada. Seguimos una consecuente línea de principios

Ahora bien, ese carácter revolucionario no se expresa en una gestión directa del Partido sobre los medios. El Partido dirige en términos políticos de orientación, control, ayuda y trabajo con los cuadros. Cada órgano de prensa cubano responde a determinada organización o institución. Cada uno de esos órganos tiene una dirección con las máximas atribuciones ejecutivas. Esta dirección debe disponer de autonomía y decidir qué se publica y cómo se publica. Los periodistas, a su vez, han de ganarse también con su talento y su coraje una amplia autonomía. No debemos tener ningún temor en emplear esta palabra. El periodismo, como forma del trabajo intelectual, requiere de espacio para la libertad creadora.

Nuestra prensa supone un cambio esencial en cuanto al sistema de propiedad, a los perfiles de cada órgano, a los contenidos y prioridades temáticas, y dispone de soportes que permiten usos del lenguaje, velocidades de trasmisión y alcance de los mensajes que no pudieron siquiera soñar los actores de los medios en el pasado.

Es preciso cobrar verdadera conciencia de las potencialidades que ello encierra y aprender a explotarlas.

Las tendencias negativas que proliferaron en el país en los años 80 olvidaban el trabajo político, el peso de los factores ideológicos, la atención al hombre, y todo lo subordinaban a los mecanismos económicos y a la estimulación monetaria. Pero aun colocando en su justo lugar estos elementos, ni el Partido ni el Estado solos, ni los organismos administrativos y las organizaciones de masas por su sola cuenta, podrían atender todos los problemas. El Partido mismo no es una especie de dios que todo lo vea, lo conozca y lo resuelva. La construcción del socialismo únicamente puede entenderse como un trabajo de toda la sociedad.

En otras palabras, si las propias masas no desarrollan su capacidad de autogestión, si no se estimula la nueva actitud cívica y se crea una nueva cultura de la economía y el deber social, sería imposible dar respuesta a la infinidad de requerimientos cotidianos que plantea la producción y demás esferas de nuestra vida. La prensa debe contribuir decisivamente a esto. Ella debe levantar la bandera de la lucha permanente contra todo lo mal hecho. Debe ser un instrumento de estímulo, de crítica, de orientación y de acicate a la reflexión social.

Sólo con el Partido, con su comprensión, con su apoyo activo, será posible avanzar, vencer la resistencia consciente e inconsciente con que tropieza el ejercicio profesional, y lograr que se arraigue gradualmente una nueva cultura de la información y el papel de la prensa en nuestra sociedad.

-¿No pudiera esa gestión profesional funcionar en base a cultura y valores compartidos con el propietario social, similares a las que existen entre editores y consorcios en el capitalismo desarrollado?

Cuba fue el primer país en hacer una revolución socialista a partir de una cultura de prensa occidental y moderna. Los periodistas cubanos —al menos el núcleo fundamental de ellos— son tan talentosos y capaces como los de cualquier otro país. Tienen tanto potencial como los científicos, técnicos e innovadores cubanos que nos enorgullecen. No podemos admitir unilateralmente la idea de que los periodistas sean los únicos culpables de los problemas en la gestión de la prensa.

El problema esencial, a nuestro juicio, es transformar el ejercicio periodístico, sin menoscabo de los principios revolucionarios. Dentro del sistema de partido único y del reconocimiento del papel dirigente y orientador de nuestra organización de vanguardia, debemos hallar los métodos y estilos que garanticen la autonomía de los órganos de prensa, las atribuciones de sus directores y la práctica profesional del trabajo periodístico.

Toda nuestra prensa es revolucionaria. Es un resultado de las características de nuestro proceso histórico. No hay espacio en ella para defender la contrarrevolución, el capitalismo, el racismo, el guerrerismo o el odio hacia otros pueblos y naciones. Pero dentro de estos límites políticos hay un vasto espacio para el criterio independiente y para reflejar los intereses, percepciones y enfoques de las diferentes capas, sectores sociales e individualidades que forman nuestro pueblo. No hay que privatizar los órganos de prensa para lograr que estas opiniones obtengan un reflejo adecuado en nuestros medios de información, lo que no debe interpretarse sin embargo como que ya los cubanos lo hemos logrado. Esa tarea es posible y debemos realizarla.

Estamos convencidos de que demostrar la viabilidad del pluralismo de opiniones, dentro de una revolución que construye el socialismo, entraña un reto a la voluntad creadora y puede ser, al mismo tiempo, un servicio importante al esclarecimiento del gran debate ético, político e ideológico que hoy tiene lugar en nuestras sociedades.
Al tocar este punto, quisiera apuntar que observamos ciertos argumentos que identifican el pluralismo de opiniones con el pluripartidismo. Es oportuno señalar al respecto que el proceso histórico cubano ha transcurrido en un sentido opuesto. La Revolución pasó del pluripartidismo al partido único, sobre la base del programa socialista.

No hay en nuestro país base social para otro partido. El nuestro es a la vez el partido de la clase obrera y el de los campesinos, las capas medias, los intelectuales y demás trabajadores. Es el partido del socialismo, pero también el partido patriótico de la nación cubana. Y no vemos ciertamente que haya contradicción alguna entre la dirección de ese partido único y nuestra determinación de perfeccionar y ampliar cada vez más los mecanismos democráticos de la sociedad, incluyendo lo referente a un periodismo de nuevo tipo que propicie el diálogo, la polémica y abra espacio a todos los que deseen opinar e incluso discrepar dentro de nuestro proyecto hacia el socialismo.

Admitir que el socialismo no ha creado aún un modelo acabado que aproveche todas las potencialidades de desarrollo de la prensa socialista, no puede arrastrarnos al criterio de que nuestra única posibilidad sea la de copiar al capitalismo, de la misma forma que las deficiencias y formalismos de que ha adolecido la democracia socialista no deben conducirnos a idealizar la democracia liberal burguesa.

Desde nuestra óptica, no debiéramos permitir que gane terreno entre nosotros el concepto extraño de que la propiedad social sobre los medios de información es excluyente con la variedad, la diversidad de opciones y el ejercicio del criterio independiente.

Para nosotros, es precisamente la propiedad social la que debe garantizar el pluralismo de opiniones y el ejercicio de una prensa situada por encima de intereses privados y de grupos. Es cierto que históricamente esto ha sido en muchos casos formal. Es cierto que han existido deformaciones y que ellas se han revertido en una prensa monótona y gris. Pero estas realidades no son prueba de otra cosa sino de que hemos cometido errores y debemos enmendarlos. No significa que sea irrealizable la posibilidad de apoyarnos en las enormes ventajas de la propiedad social sobre los medios de información para un auténtico ejercicio de nuestra libertad de prensa, que puede y debe auspiciar un periodismo mucho más veraz, democrático y calificado que la propiedad privada burguesa.

Redacción Cubaperiodistas
Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba

18 thoughts on “Medios públicos y privados: tres preguntas de Julio García Luis

  1. Excelente material, algo que seguramente alcanzará alto interés entre nuestros colegas, los docentes dedicados a la formación de los periodistas en Cuba, y otros muchos intelectuales y trabajadores que habitualmente adelantan criterios respecto al periodismo que hacemos. NO estamos en presencia de un manual congelado en el tiempo. En este material cada palabra persigue un propósito y ojalá que sirve como la mejor opción para cultivarnos y comprender mejor lo que sucede en el campo mediático. Hay un cambio de época y ese cambio supone un cambio de mentalidad. Son otros los tiempos desde la aparición de las nuevas alternativas para la información y la comunicación. El gran reto radica en el uso que hagamos de las tics, sin perder el camino del bien, de seguir luchando por el mejoramiento humano.

  2. Todos tenemos que ganar y aprender mucho más en la cultura del debate, aprender a escuchar y a polemizar en las páginas de nuestros medios; a no creernos los ombligos del mundo, cuando somos en realidad una parte importante del mundo, pero no exactamente el ombligo. Las tertulias periodísticas parecen haber desaparecido de nuestras redacciones, robadas a veces por los emails, los chats, Facebook y las redes sociales, y otras veces por las aburridas reuniones de equipos.
    Las tendencias del periodismo contemporáneo hablan de un periodista rebelde y polémico con el destino de una sociedad en la que es ente activo, con la que interactúa y en la que puede llegar a ser líder de opinión. ¿Cuántos periodistas cubanos somos líderes de opinión? ¿Por qué todavía seguimos reaccionando a la defensiva y no a la ofensiva en temas candentes, lo que permite a la prensa extranjera robarse la arrancada, algo tan importante dentro de esta profesión?
    Es hora de levantarnos desde el mejor periodismo cubano, desde Martí, Juan Gualberto, Pablo de la Torriente, Rubén Martínez Villena, García Inclán, Enrique de la Osa, José González Barros, Santiago Álvarez, entre otros, sin olvidar a Fidel Castro, quizás de los pocos líderes políticos capaces de hacer un editorial con el verbo encendido y la acción detrás; un reportaje a partir de sus vivencias e investigaciones en una fábrica o una entrevista informativa desde su perseverante indagación.
    La UPEC ha promovido y debe seguir promoviendo este y otros debates hacia su público interno y al más importante: la sociedad, pero convencida de que defiende los principios de una Revolución y que la izquierda del pensamiento es todavía una brújula más certera que cualquier centrismo, socialdemocracia o matices disfrazados de derecha para la prensa cubana.
    La pelea se gana con mejores investigaciones, más creatividad, más conocimientos, más debates de ideas y menos ego y pedantería en redes sociales o espacios digitales. ¿Qué no es fácil? Y acaso 58 años de Revolución frente al Muro político, militar, económico y comunicativo más grande del mundo lo ha sido. Ejemplos de buen y mal periodismo han existido en todas las épocas, por tanto, hagamos como Galeano, busquemos mirarnos en nuestros mejores espejos, no en las absurdas sombras.
    Por ahí está el camino

  3. Bienvenido esta iniciativa tan oportuna de Rosa Miriam. Artículos como este enriquecen la marcha que hemos iniciado los periodistas cubanos. La prensa necesita de perfeccionamiento, como todo el sistema de comunicación social y como el modelo cubano de socialismo. Y para avanzar en ese camino tenemos que sumar reflexiones abundantes y bien pensadas, tenemos que alentar el diálogo de los profesionales y del pueblo cubano acerca de la prensa que necesita el socialismo. Pensamientos e ideas como las de Julio García Luis son una guía fundamental para la maduración y perfeccionamiento del modelo de prensa revolucionaria. El socialismo cubano lo necesita. Es un desafío urgente y tentador, en la misma medida en que la sociedad diversifica las formas de propiedad y gestión en la economía. Cambia la economía, cambia la sociedad, cambian las leyes y patrones culturales. Tenemos que transformar también a la prensa para hacerla más eficaz en la defensa del socialismo.

  4. Leyendo este texto más he lamentado la pérdida a destiempo de Julito García. Tenía Julito el don de penetrar en la teoría con originalidad y claridad. En este texto, justa y exactamente preparado por Rosa Miriam, uno encuentra la definición de los problemas de nuestra prensa, y sobre todo uno halla la solución o parte de las soluciones a cuanto estorba al desarrollo de una prensa al servicio de la sociedad socialista cubana. Estas ideas no deben quedarse en el periódico, sino debemos expandirlas, debatirlas e interiorizarlas, como medio de alcanzar la comprensión de qué nos falta, qué nos sobra, y qué no debemos mantener como enfoque o estructura en el papel de la prensa en Cuba. Leer, y meditar luego. Sin la reflexión posterior, la lectura se diluye como bibliografía dejada atrás.

  5. Subrayo los tres puntos de la primera respuesta, escritos con la inteligencia y la sensibilidad de quien fue, sobre todo, un gran ser humano: a) necesitamos una propiedad social de los medios, b) la propiedad social, por sí misma, no es garantía de una prensa de servicio público,c) se requiere que el modelo de prensa forme parte de un proyecto mayor, desenajenante y de plena liberación del ser humano.

    Lo subrayo porque tiene que ver con una discusión actualísima:
    a) propiedad social es más que propiedad estatal, implica “el derecho de la sociedad organizada a tener medios” (como diría el propio Julio) y el reconocimiento de la responsabilidad de cualquier sistema de comunicación liberador de articular las diferentes voces de la sociedad en un discurso público honesto y deliberativo.
    b) A lo largo de la historia de los medios en Cuba, múltiples obstáculos se han opuesto al propósito anterior: nuestra psicología de “plaza sitiada” (condicionada objetivamente por los escenarios de confrontación con Estados Unidos), nuestra herencia de las deformaciones del modelo soviético (que generalizó impunemente prácticas de comunicación definidas por el propio Lenin como específicas de una coyuntura histórica), nuestros propios errrores (que, a veces involuntariamente, dotaron de cauces estructurales el espíritu “a la defensiva” de la pelea ideológica entre David y Goliat).
    c) Si queremos “cambiar la mentalidad” en la prensa, hay que insertar ese cambio dentro de una transformación más general de la sociedad. No puede haber prensa revolucionaria sin Revolución pujante. Y pujar significa parir, hacer nacer, poder más que las fuerzas opuestas al cambio revolucionario.

    No solo necesitamos el parto de un nuevo modelo de comunicación. También necesitamos el parto de un nuevo modelo de sociedad. Uno es impensable sin el otro.

  6. Un abrazo a mis colegas. También aplaudo ese rescate de la papelería del profe Julio. Se precisa leer, releer y reflexionar su pensamiento. Una práctica apegada a la ética no deberá ser privativa de la prensa sino del ser humano. Gracias!

  7. No olvida este editorial el papel de la ética. Más bien en todo su cuerpo está presente la necesidad de proteger o salvar la ética en el periodismo. No podemos equivocarnos. La ciencia, la técnica, las nuevas tecnologías de la comunicación o la información podrán avanzar, Pero no pueden nuetralizar el papel regulador de la ética. El periodismo podrá brillar por su forma, pero si le falta ética su contenido se amenguará, hasta no decir nada a ningún lector, oyente, o televidente. La ética es el complemento formal y conceptual que multiplica el valor y la influencia de un enunciado periodístico. El periodismo cubano y la UPEC han de proseguir encareciendo el desarrollo de nuestra ética. Nada perdura sin ética. Nada avanza sin ética. Hagamos los periodistas un frente común pro ética, cuyo enemigo principal es la doble moral. No se puede firmar en un medio, y luego decir en otro medio lo contrario. Quien actúa así, si se mira en un espejo, no se reconocerá.

    1. Con toda certeza la reflexión de Rosa Miriam plantea que –y cito- “hoy el Granma y El Nuevo Herald están al alcance de un clic”. Bienvenidas las nuevas tecnologías que con rapidez inusitada facilitan la comunicación a escala universal. Al igual que esa interconexión inmediata, fabulosa, debe estar al alcance de un clic el comportamiento honorable de los usuarios, quienes debemos mantener en la red de redes una conducta ético-moral civilizada y un respeto tácito hacia todos los seres humanos, pueblos y naciones.
      Es justiciero y por ende válido el criterio del profesor Julio García Luis cuando afirma que “Una verdadera democratización de la prensa, y el ejercicio ético del periodismo, requieren como premisa la propiedad social sobre los medios”.
      Comparto el planteamiento de que “Nuestra tarea tenemos que resolverla hoy con fórmulas nacidas de la realidad cubana, con la gran masa de periodistas del país, con los cuadros de la prensa, con el Partido y su dirección en cada nivel, con todos los organismos políticos, de masa, estatales y administrativos, con el papel activo de los trabajadores y el pueblo que son los protagonistas de la información”.
      Ahí está la fuerza de la razón que nos asiste para perfeccionarnos desde adentro, sin injerencias ni recetas liberales. La historia del periodismo cubano es extraordinariamente rica. Bebamos cada día más de esa fuente, la fuente inagotable de José Martí, Juan Gualberto Gómez, Fidel y, por su supuesto, Julio García Luis, entre tantos y tantos ilustres periodistas cubanos. Como ellos, hemos defendido y defenderemos la dignidad y el honor del periodismo revolucionario cubano, como bien expresa el Editorial publicado este martes en Cubaperiodistas.cu
      Es bien conocido (y Rosa Miriam lo recuerda en su reflexión) que los periodistas cubanos y su organización gremial (UPEC) han tomado partido, día a día, en el empeño que nos anima a todos para elevar la calidad de la prensa. Nadie ha tenido que venir a decirnos las dificultades. Las hemos “descubierto” nosotros mismos y nosotros mismos seremos capaces de resolverlas, con nuestros medios públicos de propiedad social y sin la privatización que algunos pregonan.

  8. Muy acertada la decisión de sacar estas notas del profe Julio. Son momentos para leer, releer, pensar y repensar el papel de nuestra prensa. Gracias Rosa Miriam, por este editorial.

  9. Cuando leí Periodismo, Socialismo, Revolución, de Julio García Luis, quien fuera mi decano y profesor, crei encontrar todas las preguntas y respuestas sobre el periodismo cubano. Ahí estaban escritas las inquietudes de todos mis compañeros, muchos de los mejores periodistas de la prensa cubana, que no son los que ya supondrán muchos, sino esos que pueden estar en cualquier medio por sencillo y apartado que sea o esté… Aún hoy releo el texto y me sirve de base para mis clases, para explicar a los jóvenes que se forman como periodistas en la Universidad de Matanzas, cuál es, o debería ser, el modelo de prensa cubano… Y conmino a todo el que pueda a que lea el libro de Julio. Y me apena que mucha gente que dirige la prensa no haya siquiera pasado de su portada; que no hayan repasado con mirada aguda las alertas que hace Julito sobre el peligro de repetir los errores de la prensa soviética, un modelo, que por suerte, nosotros no heredamos ni copiamos… Yo creo que quien lea a Julio, algo tiene que aprender. Y creo también en un modelo de prensa cubano, una prensa socialista, una prensa revolucionaria… unos medios públicos… Pero el modelo de prensa que tenemos hoy, ciertamente está muy lejos del que debería ser, porque también el modelo de sociedad que queremos contruir está muy lejos del que tenemos… Es inevitable que las transformaciones económicas que tienen lugar, sobre todo los nuevos modelos de gestión, que entendemos necesarios, urgentes, salvadores, pero que conducen al surgimiento de desigualdades y de una clase media, tengan un reflejo en todos los demás ámbitos, incluida la comunicación y en los medios en particular. Hay un sector en Cuba que anhela y defiende un modelo de prensa liberal, porque anhela y defiende también un proyecto de país así…
    Hay muchas verdades sobre nuestra prensa, que nos pueden doler, pero son ciertas: nuestra sociedad se hace cada vez más compleja y nuestra prensa está siendo incapaz de reflejar toda esa complejidad… A veces parece que no quisiera reflejarla, aunque me consta que no es así. Pero el hecho es que al final por las mediaciones que sean, no la refleja. Y entonces muchos periodistas encuentran el filón para reflejar esas complejidades en otros medios, que les abren las puertas, y además les pagan mejor, porque nuestros medios públicos pagan muy mal y los periodistas viven en esa misma sociedad compleja, donde hay gente que gana 4 mil pesos al mes y 400 se van en una visita al mercado agropecuario. Podrán pensar que no viene al caso, pero no podemos obviar esto, aunque la discusión tenga otra altura. Al final del día el periodista es un profesional, un intelectual, pero es también un ser humano con necesidades. Yo soy de las que piensa que el problema de la prensa cubana no son sus periodistas, ni siquiera sus cuadros… la prensa es un reflejo del sistema político.
    Me parece muy acertado este material. Me robo el comentario de Garcés, medular, como siempre… y me uno a Luis Sexto cuando habla de la ética. Creo que la ética juega un papel fundamental en toda esta discusión.
    Yo me siento orgullosa de pertenecer a la Upec, porque la Upec ha sido el espacio donde se han sucedido las mejores discusiones sobre la prensa cubana en los últimos tiempos… creo que en todos los tiempos de la prensa en Revolución, aunque eso no quiere decir que siempre esté de acuerdo con todo.
    Creo que el proyecto socialista cubano tiene que apostar por una prensa socialista… Pero creo también que no se puede construir ese modelo de país si no se tiene en cuenta a la comunicación; si se ignora que con los nuevos modelos de gestión económica, hay que encontrar nuevas formas de gestionar los medios porque la fórmula tradicional de los últimos años no funciona más. Subvalorar el papel de la comunicación en ese camino, en ese sueño, nos puede costar muy caro. Y hay quienes aún no se han enterado, y otros creen que no es tan importante, por más que personas como la autora de este trabajo o como Julito hayan insistido en ello y lo hayan probado con rigor científico… Felicidades a Cubaperiodistas por generar estos debates. Yo soy de las que tiene la convicción de que nuestros medios públicos podrían ser mejores, con los mismos periodistas, incluso con las mismas condiciones y hasta con el mismo salario… ¿cómo??? Creo que hay que releer a Julio García Luis.

  10. Una vez más, y cada vez con mayor profundidad, mi colega y amiga Rosa Miriam Elizalde aborda en “Medios públicos y privados Tres preguntas de Julio García Luis” una de las deudas públicas mas visibles de la actual etapa de la Revolución Cubana. La valoración nos introduce en el ámbito del pensamiento y accionar de uno de los profesionales paradigmáticos del período revolucionario, uno que no se dejó vencer por incomprensiones ni desacuerdos y permaneció firme y fiel a este proceso que estamos constantemente construyendo.
    Y por momentos, al leer con detenimiento el documento que ofrece Cubaperiodistas, Granma y Cubadetabe al mundo, en estos días de un septiembre cubano muy caluroso, nos asalta la idea de “que eso ya lo he leído antes”. Pero no es así. En la correlación de elementos, causas y consecuencias, coyunturas y períodos, hay nuevas lecciones a atender, por TODOS, por su actualidad y urgencia.
    Deshecho la inclinación a ir a propias reflexiones en las que también he evaluado este fenómeno en la última década –coincidiendo plenamente con los criterios, valoraciones y angustias de revolucionario de Julio (y las de Rosa Miriam)- para sólo puntualizar algunas cosas, tomando como hilo conductor pasajes de lo ahora leído:
    1. ¿Cuándo sabremos qué se hace y cuándo se logrará apreciar en hecho concretos la expresión “en el país se trabaja por concretar una política de comunicación que debe poner un orden socialista, contrapeso de las decisiones económicas de un mismo signo, en el complicado escenario de la convergencia”?.
    2. ¿Quién y por qué se le dio cabida a la existencia de “medios con infraestructura y registro digital estadounidense o europeo, pero con oficinas, empleados y audiencias en Cuba?
    3. ¿Hasta cuándo debemos tolerar que “lo privado renace como alternativo; la empresa mediática como medio ciudadano; el individualismo como socialismo; el cinismo como ética”?.
    4. ¿Por qué no hacemos más énfasis en que “la propiedad social (es) la mejor garantía del uso de los medios para el servicio público” e incluso utilizamos a esos otros como referencia -a veces no tan solapada?
    5. Hablemos más sobre esos “nuevos fenómenos asociados a las redes digitales” y denunciemos a plena voz “el envilecimiento, mercantilización, identificación con las cúpulas de poder y renuncia a la función crítica y de servicio público de la gran masa de medios convencionales (no cubanos, acotaría yo) , que cada vez tiene que ver más con el imperio y sus intereses, y cada vez menos con los países, su gente y sus problemas”.
    6. Es cierto, como en todo lo demás del artículo, que “el rechazo al burocratismo y al inmovilismo no debe llevarnos al liberalismo burgués y a la trampa de los mecanismos capitalistas”. Pero no sólo preocupa en relación con los medios de prensa el tener claro que “La necesidad de mayor eficiencia económica y más impulso al desarrollo científico-técnico, que reclama el socialismo, no debe hipotecar nuestra perspectiva comunista”.
    7. En lo tocando a nuestro ámbito, pero no sólo limitado a él, “se destaca una avanzada consciente, junto a un sector descreído y apático… y corrientes extremistas y liberales”. Debemos esclarecer meditante la necesaria confrontación de ideas aquellas que “se presentan como muy radicales y atraen a personas sinceras. Pero su caldo de cultivo por excelencia lo dan oportunistas y resentidos”.
    8. Coincido que “Nuestra prensa es partidista, es revolucionaria”, aunque algunos se parapetan en lo primero y dejan de ser, de hecho, lo segundo.
    9. Desde varios Congresos de la Upec hasta la fecha, incluso en aquel que eligió revolucionariamente a Julito como su Presidente, se establece que “El Partido dirige en términos políticos de orientación, control, ayuda y trabajo con los cuadros” y que “Cada órgano de prensa cubano responde a determinada organización o institución…. y tiene una dirección con las máximas atribuciones ejecutivas”. Sin embargo ha quedado en dudas, muchas veces, que “Esta dirección debe disponer de autonomía y decidir qué se publica y cómo se publica”. En esto radica uno de los puntos débiles de cara a la necesaria credibilidad de los medios, en los que están ausentes temas y confrontación de ideas.
    10. En correspondencia con ello, ¿hasta dónde los periodistas, quienes “a su vez, han de ganarse también con su talento y su coraje una amplia autonomía”, pueden ejercerla?

    Suscribo sin acotaciones “si las propias masas no desarrollan su capacidad de autogestión, si no se estimula la nueva actitud cívica y se crea una nueva cultura de la economía y el deber social, sería imposible dar respuesta a la infinidad de requerimientos cotidianos que plantea la producción y demás esferas de nuestra vida. La prensa debe contribuir decisivamente a esto. Ella debe levantar la bandera de la lucha permanente contra todo lo mal hecho. Debe ser un instrumento de estímulo, de crítica, de orientación y de acicate a la reflexión social.
    Y respaldo: “Toda nuestra prensa es revolucionaria. Es un resultado de las características de nuestro proceso histórico. No hay espacio en ella para defender la contrarrevolución, el capitalismo, el racismo, el guerrerismo o el odio hacia otros pueblos y naciones. Pero dentro de estos límites políticos hay un vasto espacio para el criterio independiente y para reflejar los intereses, percepciones y enfoques de las diferentes capas, sectores sociales e individualidades que forman nuestro pueblo”.
    Aunque hayamos respetado el honroso calificativo de Comunista, el nuestro es el partido del socialismo, el partido patriótico de la nación cubana, a esa a la que debemos “un periodismo de nuevo tipo que propicie el diálogo, la polémica y abra espacio a todos los que deseen opinar e incluso discrepar dentro de nuestro proyecto hacia el socialismo”.
    La hora no es sólo de hacer mejor periodismo para consolidar nuestro proyecto de Revolución. Es de aunar voluntades y hechos, sumar a los patriotas honrados y sinceros, para creer, vivir y -si fuera necesario- morir por ella.

  11. Soy de la opinión de que los medios privados funcionan como máquinas publiictarias en función del sistema que mejor les sirva, (casi siempre de derecha), y trabajan para colmo en nombre de la libertad de expresión. No existe una sentencia más falsa sobre la libertad de expresión que la que ejercen los medios privados. La información veraz es un derecho de las masas populares, no un negocio en el cual la posición política se compra y se vende según el poder económico que se tenga. Es esa la causa por la cual el caso de “La Mano negra de Chevron”, el caso “Ayotzinapa”, o los despidos masivos en la Argentina de Macri, no conforman la parrilla de la programación de los medios tradicionales. Esa no es la realidad que deseo para mis modestos medios de prensa. Queda mucho por hacer, sí, pero el cambio de propiedad no me dará calidad informativa ni libertad de expresión, sino venta de conciencia a los emporios que desde 1959 quieren ver a Cuba en el pozo neolibereal. Quizás modificar algunos aspectos del modo de gestión de medios en Cuba sirva, pero nos queda a los profesionales de la prensa superar mucho del trabajo que a diario hacemos.

  12. Traer el pensamiento del profe Julio más que atinado, me parece imprescindible.
    Coincido con Joel en que hay que hablar más de periodismo en las redacciones, promover el debate, hay que decir y sobre todo, escuchar, saber escuchar, aunque a muchos no le agrade lo que los periodistas decimos…
    Ahora mismo me llama la atención que en este post publicado en el sitio a donde se supone que deben “entrar” todos los días los periodistas de todo el país, pues solamente los comentarios que aparecen, en su gran mayoría, para no ser absoluta, son de directivos de la UPEC, de integrantes de la presidencia…
    Me gustaría ver aquí reflejada la opinión de los jóvenes que cada vez colman nuestras redacciones, escucharlos, atenderlos, ayudarlos a despejar las dudas, las numerosas dudas que tienen, porque son nativos de la tecnología, porque piensan de otra manera, sin dejar de estar comprometidos con la profesión, porque hoy para ejercerla en Cuba, no se puede hacer de otra manera
    Gracias a Rosa Miriam por no dejar que se pierdan las ideas del profe!

  13. Coincido con los comentarios precedentes en la pertinencia de publicar este material de Julio García Luis, incluida la introducción de la colega Rosa Miriam Elizalde, a quien agradezco el trabajo de rescate de la obra de Julio junto a su esposa y cuñada.
    Sin intención de teorizar, me gustaría insistir en dos aspectos:
    – La gestión en los medios debe ser definitivamente asumida con valentía y profesionalidad por la dirección de cada uno sin esperar “el maná que cae del cielo”. También, defender el perfil de los órganos de prensa para que no resulten unos repetición mecánica de otros.
    – Llevar estos temas a las aulas de Periodismo, así como a las redacciones de los medios donde hay una cifra considerable de jóvenes periodistas.

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