La perestroika como ejemplo del poder de los medios contra un proyecto de propiedad social ya es viejo. Este año el continente latinoamericano donde germina la justicia en distintos canteros, ha sido testigo primero lo acontecido en Argentina, donde la cadena de prensa privada y oligárquica influyó en que un hombrecillo (no sabe ni bailar como se vio en los resultados de la votación) gane unas elecciones y en Brasil, apoyados por los medios, 60 hombres y mujeres sacaron del poder a Dilma, que fue electa por 54 millones de brasileños.

En Venezuela cada día los medios de prensa la emprenden contra Nicolás Maduro y su gobierno, a la vez que en Bolivia le dan zarpazos a Evo.

Escribí este párrafo para que a nadie se le ocurra pensar que estoy por entregar los medios a la propiedad privada, ni mucho menos dejar la formación de las jóvenes generaciones a manos de cualquiera.

Pero, un cumulo de informaciones que llega a mi ( y ahora a cualquiera que acceda a wifi) me dice que o cambiamos, no para las calendas griegas, o nos van a pasar por arriba a partir de eso que se llama ciberespacio y es que esta vertiginosa revolución tecnológica permite que con una cámara, unas buenas computadoras, una sola persona puede grabar, editar y musicalizar. Lo ha hecho Milton Diaz Cánter, por ejemplo, (desde la institución) con los oportunos y bien realizados documentales sobre Angola que han sido televisados y premiados.

Ahora bien ¿Cuándo se acabará de resolver que exista legalmente el productor independiente? Y digo legalmente porque ya existe una producción privada, sí privada, que circula en el famoso paquete semanal. Eso no hay quien lo pare. Porque además ¿desde cuándo la propia televisión contrata lámparas, edición, cámaras a sus propietarios?.

Entonces la televisión gasta no se que cantidad de dinero por esos conceptos y no le puede comprar, es un decir, una película que realice de manera independiente Fernando Pérez. ¿es tan difícil darle forma jurídica a lo que existe y que si no existiera (valga la redundancia) no habría televisión?.

A su vez, por iniciativa privada, surgió una empresita (son formadas por dos o tres personas) que se dedica a publicar los profesionales del audiovisual e interconectarlos con quienes necesitan una pieza o alquilan lámparas o sonidos.

Quizás es la quinta vez que publico en ese mismo portal que a los programas televisivos van peluqueros, modistos, diseñadores a hablar de lo que realizan y donde se puede acceder a tales servicios. Aunque no le guste a mucha gente eso es publicidad ¿Por qué no cobrarla? Y Dios y Marx me libren que estas líneas puedan ocasionar una decisión de prescindir de esas promociones tan útiles para la población.

Voy más lejos: aquí se sabe quién es quién, entonces a los artistas de elevados ingresos se les puede cobrar los anuncios de conciertos, o de exposiciones, o de libros. Claro, existe y funciona una comisión ICRT-Ministerio de Cultura que se encarga (o debe hacerlo) de jerarquizar los proyectos culturales que ameritan el acceso de jóvenes y no jóvenes, porque encontrarán no sólo una obra con valores estéticos sino también representante de cubanía. A esos no se les cobraría, lógicamente.

En su oportuno y buen texto Medios públicos y privados: Tres preguntas de Julio García Luis, Rosa Miriam Elizalde, adelanta lo que está haciendo con la papelería de uno de los teóricos más importantes no sólo del periodismo, sino de todo lo que trasmita mensajes. Julito, prefiero decir así que el bien ganado título de Doctor, decía:

“En el debate entre propiedad social y propiedad privada de los medios, tengo las siguientes convicciones:

Una verdadera democratización de la prensa, y el ejercicio ético del periodismo, requieren como premisa la propiedad social sobre los medios.

La propiedad social, por sí misma, no es tampoco garantía suficiente de una prensa de servicio público, participativa, sustentada en valores y formadora ella misma de valores.

Se requiere que ésta forme parte de un proyecto clasista, popular, de justicia social y socialismo (en una interpretación amplia de este concepto), que lo haga capaz de imprimirle a los medios una política de desenajenación y plena liberación del ser humano.

Tal política de información y comunicación, para realizarse, requiere de una especial mediación y articulación entre el sistema político y el sistema de medios, que se debe expresar en la gestión profesional de estos.”

Lo que escribe Rosa y toma de Julio va más allá del periodismo, tiene que ver con todo el mundo de elaboración y trasmisión de ideas, desde una crónica hasta un filme. Por eso hago mío el comentario de Raulito (Garcés) también doctor, excelente periodista, y decano de la Facultad de comunicación social:

“Subrayo los tres puntos de la primera respuesta, escritos con la inteligencia y la sensibilidad de quien fue, sobre todo, un gran ser humano: a) necesitamos una propiedad social de los medios, b) la propiedad social, por sí misma, no es garantía de una prensa de servicio público, c) se requiere que el modelo de prensa forme parte de un proyecto mayor, desenajenante y de plena liberación del ser humano.

Lo subrayo porque tiene que ver con una discusión actualísima:
a) propiedad social es más que propiedad estatal, implica “el derecho de la sociedad organizada a tener medios” (como diría el propio Julio) y el reconocimiento de la responsabilidad de cualquier sistema de comunicación liberador de articular las diferentes voces de la sociedad en un discurso público honesto y deliberativo.
b) A lo largo de la historia de los medios en Cuba, múltiples obstáculos se han opuesto al propósito anterior: nuestra psicología de “plaza sitiada” (condicionada objetivamente por los escenarios de confrontación con Estados Unidos), nuestra herencia de las deformaciones del modelo soviético (que generalizó impunemente prácticas de comunicación definidas por el propio Lenin como específicas de una coyuntura histórica), nuestros propios errrores (que, a veces involuntariamente, dotaron de cauces estructurales el espíritu “a la defensiva” de la pelea ideológica entre David y Goliat).
c) Si queremos “cambiar la mentalidad” en la prensa, hay que insertar ese cambio dentro de una transformación más general de la sociedad. No puede haber prensa revolucionaria sin Revolución pujante. Y pujar significa parir, hacer nacer, poder más que las fuerzas opuestas al cambio revolucionario.

No solo necesitamos el parto de un nuevo modelo de comunicación. También necesitamos el parto de un nuevo modelo de sociedad. Uno es impensable sin el otro.”

(Tomado del Portal de la TV)

Ver además

Paraperiodistas en el guion del Comando Sur vs Cuba y Venezuela

Hace tiempo que muchos de los corresponsales de grandes medios han dejado de ser meros …